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En campaña, el ex ministro visitará la provincia aferrado al recuerdo dulce de 2007. El gobernador crece como árbitro en la interna de Argentina Federal y prepara un "alambrado" para jugar la propia.
Por 20/03/2019 7:35

Ya con el traje de candidato casi calzado, Roberto Lavagna desembarcará este miércoles en Córdoba, donde se reunirá con el gobernador Juan Schiaretti por primera vez desde que aparecieron los rumores sobre su eventual postulación presidencial. El ex ministro mira la provincia con especial atención: es el mayor distrito gobernado por el peronismo y allí se impuso contra Cristina Fernández de Kirchner, en 2007, cuando la ex presidenta resultó electa por primera vez.

La excusa formal de la visita de Lavagna a Córdoba será su participación en una charla sobre la economía argentina en un año político, organizada por la Fundación Mediterránea. El encuentro será al mediodía, en un hotel de la capital cordobesa. Antes, a las 10, el ex ministro será recibido por Schiaretti en la sede del gobierno provincial.

Aunque Lavagna y el peronismo cordobés mantuvieron en los últimos años una relación fluida, Schiaretti y el ex ministro hablarán personalmente este miércoles por primera vez desde que la candidatura del economista empezó a sonar en los medios, vía por la cual el gobernador tomó noticia de sus supuestas aspiraciones presidenciales.

 

Schiaretti, Massa, Pichetto y Urtubey pusieron las bases de Alternativa Federal en septiembre de 2018. 

 

El cordobés espera ahora escuchar la confirmación de boca del propio Lavagna, quien ya dejó trascender algunas de sus condiciones y envió mensajes a través de sus emisarios, entre los que se encuentra su hijo, Marco Lavagna, diputado del Frente Renovador de Sergio Massa, que formó parte desde el comienzo del armado de Alternativa Federal.

A la distancia, el ex ministro siempre había aparecido como una especie de miembro honorario del espacio, que podía aportar sapiencia, ideas y un programa económico confiable. Sin Lavagna en la cancha, a principios de este año, Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto afirmaban a coro que la candidatura presidencial de Alternativa Federal se dirimiría dentro de una primaria. Con las reglas de juego fijadas, los precandidatos acordaron tiempos de campaña, se distribuyeron recorridas por el país y sellaron parámetros de no agresión. Schiaretti, el único de “la mesa de los cuatro” que no tenía aspiraciones presidenciales y gobernador del distrito más importante que tiene en su poder el peronismo, fue erigido como una especie de árbitro de lujo. Urtubey, Pichetto y Massa lo elogiaron públicamente y le agradecieron su aporte. El cordobés abrió la provincia y los recibió, uno a uno. Pero la irrupción de la candidatura de Lavagna, en pleno verano, cambió el escenario de Alternativa Federal.

 

 

En privado, primero, y en público, después, el ex ministro dejó en claro que será candidato a presidente solo “por consenso” y que no competirá en una primaria. La noticia no cayó en gracia en los hacedores de Alternativa Federal, que, si bien lo consideran “valioso” y creen que tiene chances de alzarse con un triunfo, ven desmoronarse las reglas que el espacio había fijado y daban aire para una convivencia pacífica entre los aspirantes presidenciales. Todo será tema de la charla que tendrán Lavagna y Schiaretti, que cree que la cuestión de las primarias “irá decantando sola” a medida que pasen los meses y se acerque la hora de las definiciones electorales.

Como el ex ministro, el gobernador de Córdoba cree en la construcción de un espacio que tenga como columna vertebral al peronismo, pero que amplíe sus márgenes hacia otros sectores, como el progresismo. Con ese espíritu, Schiaretti presentó la semana pasada su nueva alianza, “Hacemos Córdoba”, en la que incluyó al socialismo y al GEN. La construcción del espacio tuvo como piedra fundamental la relación estrecha que el cordobés construyó con su par de Santa Fe, Miguel Lifschitz.

 

 

Lifschitz es, a su vez, uno de los dirigentes de mayor diálogo con Lavagna, a quien impulsa como candidato presidencial de un espacio que define como “federal y progresista”. El socialista fue uno de los primeros en reunirse con el ex ministro en 2019. Fue en la casa de Lavagna en Cariló, donde comenzó el operativo clamor de un sector del peronismo federal.

Lavagna entiende la importancia de contar con el apoyo de los gobernadores de dos de los primeros tres primeros distritos en cantidad de electores del país, Córdoba y Santa Fe, que le siguen respectivamente a la provincia de Buenos Aires. En 2017, el padrón marcaba 12.280.736 electores en Buenos Aires, 2.885.715 en Córdoba y 2.715.807 en Santa Fe.

La provincia que gobierna Schiaretti es singular para Lavagna. En Córdoba, el ex ministro salió primero en la elección presidencial de 2007, cuando enfrentó a CFK con la boleta que encabezó junto al radical Gerardo Morales. Mientras a nivel nacional la fórmula Cristina – Julio Cobos cosechó el 45,29% de los votos y Lavagna alcanzó un módico 16,91% – después de Elisa Carrió, que obtuvo 23 puntos-, en Córdoba el número se dio vuelta de manera sustancial: fue 35,31% para Lavagna y 23,84% para la ex presidenta.

CLAUSURA CORDOBESA. La política de puertas abiertas de Schiaretti tiene, sin embargo, una fecha de vencimiento. El gobernador ya les hizo saber a todos los aspirantes a presidente que los recibirá en Córdoba hasta 50 días antes de las elecciones provinciales, que se celebrarán el 12 de mayo. El plazo vence a fines de esta semana.

Después, Schiaretti se dedicará de lleno a la campaña local. Procurará “alambrar” Córdoba, aislarla de las disputas nacionales y alzarse en mayo con un triunfo contundente que ratifique su lugar -y el de su provincia- en la construcción del peronismo en la carrera hacia la Casa Rosada. 

Lavagna pone en la mira a Córdoba y Schiaretti para reforzar su plan 2019

En campaña, el ex ministro visitará la provincia aferrado al recuerdo dulce de 2007. El gobernador crece como árbitro en la interna de Argentina Federal y prepara un "alambrado" para jugar la propia.

 

 

Ya con el traje de candidato casi calzado, Roberto Lavagna desembarcará este miércoles en Córdoba, donde se reunirá con el gobernador Juan Schiaretti por primera vez desde que aparecieron los rumores sobre su eventual postulación presidencial. El ex ministro mira la provincia con especial atención: es el mayor distrito gobernado por el peronismo y allí se impuso contra Cristina Fernández de Kirchner, en 2007, cuando la ex presidenta resultó electa por primera vez.

La excusa formal de la visita de Lavagna a Córdoba será su participación en una charla sobre la economía argentina en un año político, organizada por la Fundación Mediterránea. El encuentro será al mediodía, en un hotel de la capital cordobesa. Antes, a las 10, el ex ministro será recibido por Schiaretti en la sede del gobierno provincial.

Aunque Lavagna y el peronismo cordobés mantuvieron en los últimos años una relación fluida, Schiaretti y el ex ministro hablarán personalmente este miércoles por primera vez desde que la candidatura del economista empezó a sonar en los medios, vía por la cual el gobernador tomó noticia de sus supuestas aspiraciones presidenciales.

 

Schiaretti, Massa, Pichetto y Urtubey pusieron las bases de Alternativa Federal en septiembre de 2018. 

 

El cordobés espera ahora escuchar la confirmación de boca del propio Lavagna, quien ya dejó trascender algunas de sus condiciones y envió mensajes a través de sus emisarios, entre los que se encuentra su hijo, Marco Lavagna, diputado del Frente Renovador de Sergio Massa, que formó parte desde el comienzo del armado de Alternativa Federal.

A la distancia, el ex ministro siempre había aparecido como una especie de miembro honorario del espacio, que podía aportar sapiencia, ideas y un programa económico confiable. Sin Lavagna en la cancha, a principios de este año, Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto afirmaban a coro que la candidatura presidencial de Alternativa Federal se dirimiría dentro de una primaria. Con las reglas de juego fijadas, los precandidatos acordaron tiempos de campaña, se distribuyeron recorridas por el país y sellaron parámetros de no agresión. Schiaretti, el único de “la mesa de los cuatro” que no tenía aspiraciones presidenciales y gobernador del distrito más importante que tiene en su poder el peronismo, fue erigido como una especie de árbitro de lujo. Urtubey, Pichetto y Massa lo elogiaron públicamente y le agradecieron su aporte. El cordobés abrió la provincia y los recibió, uno a uno. Pero la irrupción de la candidatura de Lavagna, en pleno verano, cambió el escenario de Alternativa Federal.

 

 

En privado, primero, y en público, después, el ex ministro dejó en claro que será candidato a presidente solo “por consenso” y que no competirá en una primaria. La noticia no cayó en gracia en los hacedores de Alternativa Federal, que, si bien lo consideran “valioso” y creen que tiene chances de alzarse con un triunfo, ven desmoronarse las reglas que el espacio había fijado y daban aire para una convivencia pacífica entre los aspirantes presidenciales. Todo será tema de la charla que tendrán Lavagna y Schiaretti, que cree que la cuestión de las primarias “irá decantando sola” a medida que pasen los meses y se acerque la hora de las definiciones electorales.

Como el ex ministro, el gobernador de Córdoba cree en la construcción de un espacio que tenga como columna vertebral al peronismo, pero que amplíe sus márgenes hacia otros sectores, como el progresismo. Con ese espíritu, Schiaretti presentó la semana pasada su nueva alianza, “Hacemos Córdoba”, en la que incluyó al socialismo y al GEN. La construcción del espacio tuvo como piedra fundamental la relación estrecha que el cordobés construyó con su par de Santa Fe, Miguel Lifschitz.

 

 

Lifschitz es, a su vez, uno de los dirigentes de mayor diálogo con Lavagna, a quien impulsa como candidato presidencial de un espacio que define como “federal y progresista”. El socialista fue uno de los primeros en reunirse con el ex ministro en 2019. Fue en la casa de Lavagna en Cariló, donde comenzó el operativo clamor de un sector del peronismo federal.

Lavagna entiende la importancia de contar con el apoyo de los gobernadores de dos de los primeros tres primeros distritos en cantidad de electores del país, Córdoba y Santa Fe, que le siguen respectivamente a la provincia de Buenos Aires. En 2017, el padrón marcaba 12.280.736 electores en Buenos Aires, 2.885.715 en Córdoba y 2.715.807 en Santa Fe.

La provincia que gobierna Schiaretti es singular para Lavagna. En Córdoba, el ex ministro salió primero en la elección presidencial de 2007, cuando enfrentó a CFK con la boleta que encabezó junto al radical Gerardo Morales. Mientras a nivel nacional la fórmula Cristina – Julio Cobos cosechó el 45,29% de los votos y Lavagna alcanzó un módico 16,91% – después de Elisa Carrió, que obtuvo 23 puntos-, en Córdoba el número se dio vuelta de manera sustancial: fue 35,31% para Lavagna y 23,84% para la ex presidenta.

CLAUSURA CORDOBESA. La política de puertas abiertas de Schiaretti tiene, sin embargo, una fecha de vencimiento. El gobernador ya les hizo saber a todos los aspirantes a presidente que los recibirá en Córdoba hasta 50 días antes de las elecciones provinciales, que se celebrarán el 12 de mayo. El plazo vence a fines de esta semana.

Después, Schiaretti se dedicará de lleno a la campaña local. Procurará “alambrar” Córdoba, aislarla de las disputas nacionales y alzarse en mayo con un triunfo contundente que ratifique su lugar -y el de su provincia- en la construcción del peronismo en la carrera hacia la Casa Rosada.