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Vota el Círculo Rojo: las terapias alternativas que exploran los laboratorios

Con ventas derrumbadas, los nacionales cedieron a descabezar la cámara sectorial a pedido del PAMI. El garrote de Carrió y las artes de Sigman, el CEO que amaba “la rosca”. Opciones a Macri se buscan.
Por 08/02/2019 11:01

“La verdad, si me preguntas, yo creo que hay gente que cuando el nene tiene piojos ahora se arregla con vinagre, como cuando éramos chicos. Y los que tienen acidez, se toman un tecito de hierbas. Así está la industria hoy”. El que habla es uno de los popes de la Cámara de Laboratorios Nacionales (CILFA), que trata de explicar cómo las ventas de medicamentos cayeron estrepitosamente en 2018, una baja interanual de casi 12%, dependiendo de la compañía. Una contracción que se plasma, sobre todo, en los productos de venta libre. En ese contexto, el Gobierno decidió seguir jugando fuerte con un sector que, según muchos ministros le dicen a Mauricio Macri, jugó mal en diferentes frentes, el más sensible, los precios. Otro, el especulativo con el dólar, situación que llevó a la diputada Elisa Carrió a presentar una denuncia penal contra directivos de CILFA, causa que cursa en el juzgado de María Servini.

 

Macri y Cassinotti, del PAMI, entidad donde se inició el conflicto con los laboratorios. 

 

Como si la campaña política no pesara y aún conservara espalda, el Ejecutivo se autoconvenció de que hay sectores del establishment que están en otra sintonía y que no cumplieron con el respaldo que Cambiemos necesitaba en el momento más álgido de la crisis económica. Abrió algunas batallas de peso sin concesiones, como la guerra de guerrillas con las telefónicas, el descarnado abordaje a las industrias y el asunto con los fabricantes locales de medicinas.

Cuando parecía que las aguas habían calmado, casi que intervino de hecho en la cámara CILFA. Enfrentada con el PAMI luego del pase a las farmacias del manejo de la distribución de remedios, la entidad fue descabezada en un juego de favores y buenos modelos al poder político. Isaías Drajer, un histórico y hombre del laboratorio ELEA (incluído en la denuncia de Carrió), dejó la presidencia desgastado por la turbulenta relación con el macrismo. Lo propio hizo Alberto Álvarez Saavedra, el dueño de Gador y primer proveedor del ansiolítico Alplax. El hombre en cuestión, que en privado confiesa haber respaldado al Gobierno en 2015, es uno de los más críticos no sólo en CILFA, sino dentro de la Unión Industrial Argentina (UIA), donde es vicepresidente.

 

Sigman, el CEO "progre" que habla con parte del peronismo. 

 

Al frente de la entidad quedó, paradójicamente, otro denunciando por Carrió: Eduardo Macchiavello, del laboratorio Roemmers, la mano derecha de la familia propietaria que, como casi todos los laboratoristas, maneja negocios varios como inversiones agropecuarias, real estate y viñedos. Los Roemmers, cuentan, se quejan de la coyuntura pero tienen más vínculo, casi de clase, con funcionarios de Cambiemos. Se conocen de Punta del Este, donde los Roemmers tienen el proyecto inmobiliario Arenas de Garzón, una apuesta gestual a enderezar una relación que será problemática en ascenso, sobre todo considerando los rindes del metier y los alcances que pueda tener la crisis. Eso hace que muchos, incluso los defraudados por el modelo que hoy volverían a votar a Cambiemos, hayan decidido escuchar otras opciones. No para convencerse, sino, más bien, para curarse en salud y ver la segunda jugada.

 

 

En CILFA no son los únicos preocupados por lo que puede derivarse de la crisis en año electoral. Otro de los activos es Hugo Sigman, casi el único integrante del Círculo Rojo que se confiesa apasionado por las buenas artes de la política. Sigman es el alma mater del grupo mega-propósito Insud, con el que es accionista en Elea y Biogénesis Bagó. Los que lo tratan con malicia y están en la otra esquina ideológica le dicen “el progre”. Es que Sigman, uno de los principales productores de remedios en sus plantas en España -donde se fue exiliado escapando de la dictadura en 1976-, supo trazar una carrera de mecenas de proyectos centrados en una mirada no conversadora o de izquierda. El más célebre es el mensuario Le Monde Diplomatique y la editorial Capital Intelectual.

 

Kicillof y De Pedro, se mueven entre CEOs. 

 

En paralelo, forjó relaciones de peso con el progresismo europeo y, sobre todo, con el ex presidente español Felipe González. Hace unos años, lo trajo a Tucumán para dar una de sus charlas y lo agasajó en la residencia de fin de semana del gobernador Juan Manzur. Con el ex ministro de Salud se hizo amigo con posterioridad a su rol en la cartera nacional y es apuesta propia para la renovación provincial. “Está preocupado, como todos en la industria”, relataron en su entorno, pero aclararon que “sigue invirtiendo y este año hará dos desembolsos fuertes”. Como muchos de sus colegas, Sigman charló con el ex ministro Axel Kicillof y con el camporista Wado de Pedro. Y en el entorno del ex ministro de Economía Roberto Lavagna confirman conversaciones que cerca de Sigman niegan. Los encuentros con la oposición, contados por Letra P, son moneda corriente en un establishment que atraviesa momentos de confusión pero que está obligado a barquinazos ideológicos por la profundidad de la recesión.

 

Lavagna, un factor de articulación del peronismo no K. ¿Tiene chances?

 

Por el lado del Gobierno, admiten que en los casi cuatro años de conducción hay funcionarios que han aprendido las trampas de la política y que se la tienen jurada, a su estilo, a algunos CEOs rebeldes. Guardan para los laboratorios dos balas de plata: la amenaza de importar remedios y la apertura del negocio en la provincia de Buenos Aires para Farmacity. A priori, la sensación es que Cambiemos, en modo kirchnerismo on, ha decidido abrir múltiples frentes de conflicto con demasiados sectores en crisis. Octubre confirmará si fue o no un acierto.