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Se reunieron el sábado en un almuerzo los hombres de negocios de más peso en Argentina. Arriesgaron que entrarán U$S100.000 M por la amnistía fiscal pero quieren reserva absoluta de “blanqueadores”.
Por 01/08/2016 12:13

El ex presidente español Felipe González es un abonado a la Argentina. Viene a dar conferencias casi todos los años para esta misma época. Asiste, en realidad, a cada lugar del mundo en el que deciden pagarle lo que él pide por reuniones con empresarios y políticos, con los que comparte anécdotas de su vida y su función y desliza cierto análisis de las circunstancias de la nación que visita. Es lo que hizo en 2015 cuando José Alperovich era gobernador de Tucumán y lo que copió su sucesor, Juan Manzur, el sábado último. En esta ocasión, el sevillano referente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue participante estrella de un convite organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp), una especie de club de primeras líneas de las grandes compañías de todos los rubros de la economía. Mientras el presidente Mauricio Macri daba su discurso en la muestra Rural de Palermo, buena parte de los pesos pesados de los negocios empezaban a aterrizar sus aviones en San Miguel y las brasas chispeaban en las parrillas de la casa de Manzur, en un barrio privado ubicado en las afueras de la capital. Muchos de ellos, presentes en otras ferias del agro, habían preferido ahora el asado con González. Se veían venir, habiendo conocido el armado del evento, que el de Buenos Aires sería un acto político de Macri con el aval del presidente de la Sociedad Rural (SRA), Luis Miguel Etchevehere. Y conocían que habría una posición firme del campo como sostén principal de la economía nacional, dejando a la industria casi aislada en las consideraciones.

Sebastián Bagó (Laboratorios), José Urtubey (UIA y Celulosa Argentina), Eduardo Eurnekian, Adrián Werthein, Jorge Brito (grupo Macro) y Teddy Karagozian (TN Platex), entre otros, comieron una frugal picada con salamines de campo y quesos varios. Una entrada con cantidades industriales de las típicas empanadas tucumanas y luego un asado importante, regado por los malbec de las bodega Bagó.

Otro de los que saboreó el menú fue el legislador del massismo y dirigente de UIA José Ignacio De Mendiguren, uno de los que pegó el faltazo a la Rural, a pesar de que tenía razones para ir: una de las hembras de sus chacras ganó el premio a la gran campeona en cuarto de milla. La actividad agropecuaria y de cría de caballos suele ser la actividad central del Vasco, además de la política.

Más allá de haber sido Manzur el anfitrión, el gran articulador del encuentro y quien acercó al ex mandatario español fue el empresario multipropósito Hugo Sigman. El jefe del grupo Insud (laboratorios, desarrollos medicinas y hasta producción de películas) es amigo del ex dirigente ibérico y hasta pasean juntos en su barco por los mares de Europa en sus tiempos libres. Además, Sigman mantiene una relación con Manzur de los años en que el tucumano era ministro de Salud nacional y discutían por el tema medicamentos.

Por la tarde, luego del almuerzo, se sumaron algunos nuevos empresarios, como el ítalo argentino de la FIAT, Cristiano Ratazzi. Una de las mayores sorpresas de todos los presentes fue la conversión de Manzur: “Yo soy un hombre que apoya al presidente Macri”, dijo sin ponerse colorado. Lo miraban otros que dieron un giro obligado, un paso al costado del kirchnerismo. El propio Alperovich y Gustavo Cinosi, el dueño del Sheraton Pilar y del mismo hotel tucumano (donde a la noche González comandó una cena pública ante 600 personas), un cuadro con fuertes y complejas vinculaciones con la ex presidenta Cristina Fernández y el ex ministro de Obras Públicas José López.

En un pequeño discurso que hizo Manzur, agradeció, además, el dinero que envió la Nación para refacciones en el aeropuerto de San Miguel y para establecer una serie de cámaras de frío para la producción de arándonos, uno de los principales productos de exportación de la provincia. El que aplaudió y recibió el mensaje fue el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, el designado por Macri para asistir a la comida.

Otro dato político de relevancia: hay una intención del macrismo de relegar al funcionario de obras José Cano, el tucumano filo radical que compitió con Manzur en las elecciones a gobernador, perdió en unos comicios dudosos y fue reconocido por Macri con la jefatura del Plan Belgrano. Es, justamente, su fracaso en la conducción del programa de obras para el Norte argentino lo que lo puso en cuestionamiento. Todos, dentro y fuera del Gobierno, saben que el plan no tiene fondos, no tiene obras en avance y depende su futuro de un ingreso de dólares hoy improbable.

Dietrich es más operante en el sentido político; de allí su sustitución parcial. Habla con los empresarios, articula con la oposición. Y tiene una formación más empresaria que política. Parte de la conversión de Manzur es charlar con el nuevo interlocutor en obras y Dietrich lo devolvió con elogios públicos al tucumano.

ANONIMATO Y APERTURA. Otra de las notas del almuerzo previo a una siesta que tomaron varios cerca de las cuatro de la tarde fue el capítulo blanqueo de capitales. Adelmo Gabbi, el titular de la Bolsa de Comercio, dejó de cortar el vacío por un instante y dejó un título: “Estimamos que van a entrar unos U$S100.000 millones”, dijo. Una perspectiva por encima del recalculo del propio Gobierno, que había especulado con unos U$S50.000 millones.

Los presentes leyeron a un Adelmo extremadamente oficialista, que se ha cargado la vocería y la promoción del blanqueo. Allí, todos se conocían de años y hasta se comentó, en tono jocoso, que Adelmo había sido el primer menemista, el primer kirchnerista y ahora el primer macrista. Nadie le cuestionó, de todos modos, la cifra. Hay muchos que arriesgan que la amnistía fiscal será exitosa, pero temen lo que pueda pasar con los datos de aquellos que ingresen divisas. Es que, en la reglamentación de la norma, hay muchos cabos sueltos y hay dudas fuertes del establishment sobre el manejo de datos y bases de datos que está haciendo el Gobierno a través de diferentes áreas. Sobre todo lo que refiere a la Administración Fiscal de Ingresos Públicos (AFIP). “Quédense tranquilos: eso que ustedes dicen no va a suceder, los datos son reservados”, especuló Gabbi. Pocos se quedaron tranquilos, sin embargo. Ver para creer.

Por su parte, Eurnekian, el empresario más grande de Argentina y uno de los popes de los negocios en Armenia, exigió en el encuentro pensar en una economía más abierta al mundo. La posición es lógica: el líder de Corporación América tiene negocios en el exterior y mega proyectos en el país y binacionales que precisan, en forma urgente, mejores condiciones para el financiamiento externo.

@leandrorenou

Vino “Bagó”, Dietrich por Cano y temor por datos del blanqueo en casa del converso Manzur

Se reunieron el sábado en un almuerzo los hombres de negocios de más peso en Argentina. Arriesgaron que entrarán U$S100.000 M por la amnistía fiscal pero quieren reserva absoluta de “blanqueadores”.

El ex presidente español Felipe González es un abonado a la Argentina. Viene a dar conferencias casi todos los años para esta misma época. Asiste, en realidad, a cada lugar del mundo en el que deciden pagarle lo que él pide por reuniones con empresarios y políticos, con los que comparte anécdotas de su vida y su función y desliza cierto análisis de las circunstancias de la nación que visita. Es lo que hizo en 2015 cuando José Alperovich era gobernador de Tucumán y lo que copió su sucesor, Juan Manzur, el sábado último. En esta ocasión, el sevillano referente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue participante estrella de un convite organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp), una especie de club de primeras líneas de las grandes compañías de todos los rubros de la economía. Mientras el presidente Mauricio Macri daba su discurso en la muestra Rural de Palermo, buena parte de los pesos pesados de los negocios empezaban a aterrizar sus aviones en San Miguel y las brasas chispeaban en las parrillas de la casa de Manzur, en un barrio privado ubicado en las afueras de la capital. Muchos de ellos, presentes en otras ferias del agro, habían preferido ahora el asado con González. Se veían venir, habiendo conocido el armado del evento, que el de Buenos Aires sería un acto político de Macri con el aval del presidente de la Sociedad Rural (SRA), Luis Miguel Etchevehere. Y conocían que habría una posición firme del campo como sostén principal de la economía nacional, dejando a la industria casi aislada en las consideraciones.

Sebastián Bagó (Laboratorios), José Urtubey (UIA y Celulosa Argentina), Eduardo Eurnekian, Adrián Werthein, Jorge Brito (grupo Macro) y Teddy Karagozian (TN Platex), entre otros, comieron una frugal picada con salamines de campo y quesos varios. Una entrada con cantidades industriales de las típicas empanadas tucumanas y luego un asado importante, regado por los malbec de las bodega Bagó.

Otro de los que saboreó el menú fue el legislador del massismo y dirigente de UIA José Ignacio De Mendiguren, uno de los que pegó el faltazo a la Rural, a pesar de que tenía razones para ir: una de las hembras de sus chacras ganó el premio a la gran campeona en cuarto de milla. La actividad agropecuaria y de cría de caballos suele ser la actividad central del Vasco, además de la política.

Más allá de haber sido Manzur el anfitrión, el gran articulador del encuentro y quien acercó al ex mandatario español fue el empresario multipropósito Hugo Sigman. El jefe del grupo Insud (laboratorios, desarrollos medicinas y hasta producción de películas) es amigo del ex dirigente ibérico y hasta pasean juntos en su barco por los mares de Europa en sus tiempos libres. Además, Sigman mantiene una relación con Manzur de los años en que el tucumano era ministro de Salud nacional y discutían por el tema medicamentos.

Por la tarde, luego del almuerzo, se sumaron algunos nuevos empresarios, como el ítalo argentino de la FIAT, Cristiano Ratazzi. Una de las mayores sorpresas de todos los presentes fue la conversión de Manzur: “Yo soy un hombre que apoya al presidente Macri”, dijo sin ponerse colorado. Lo miraban otros que dieron un giro obligado, un paso al costado del kirchnerismo. El propio Alperovich y Gustavo Cinosi, el dueño del Sheraton Pilar y del mismo hotel tucumano (donde a la noche González comandó una cena pública ante 600 personas), un cuadro con fuertes y complejas vinculaciones con la ex presidenta Cristina Fernández y el ex ministro de Obras Públicas José López.

En un pequeño discurso que hizo Manzur, agradeció, además, el dinero que envió la Nación para refacciones en el aeropuerto de San Miguel y para establecer una serie de cámaras de frío para la producción de arándonos, uno de los principales productos de exportación de la provincia. El que aplaudió y recibió el mensaje fue el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, el designado por Macri para asistir a la comida.

Otro dato político de relevancia: hay una intención del macrismo de relegar al funcionario de obras José Cano, el tucumano filo radical que compitió con Manzur en las elecciones a gobernador, perdió en unos comicios dudosos y fue reconocido por Macri con la jefatura del Plan Belgrano. Es, justamente, su fracaso en la conducción del programa de obras para el Norte argentino lo que lo puso en cuestionamiento. Todos, dentro y fuera del Gobierno, saben que el plan no tiene fondos, no tiene obras en avance y depende su futuro de un ingreso de dólares hoy improbable.

Dietrich es más operante en el sentido político; de allí su sustitución parcial. Habla con los empresarios, articula con la oposición. Y tiene una formación más empresaria que política. Parte de la conversión de Manzur es charlar con el nuevo interlocutor en obras y Dietrich lo devolvió con elogios públicos al tucumano.

ANONIMATO Y APERTURA. Otra de las notas del almuerzo previo a una siesta que tomaron varios cerca de las cuatro de la tarde fue el capítulo blanqueo de capitales. Adelmo Gabbi, el titular de la Bolsa de Comercio, dejó de cortar el vacío por un instante y dejó un título: “Estimamos que van a entrar unos U$S100.000 millones”, dijo. Una perspectiva por encima del recalculo del propio Gobierno, que había especulado con unos U$S50.000 millones.

Los presentes leyeron a un Adelmo extremadamente oficialista, que se ha cargado la vocería y la promoción del blanqueo. Allí, todos se conocían de años y hasta se comentó, en tono jocoso, que Adelmo había sido el primer menemista, el primer kirchnerista y ahora el primer macrista. Nadie le cuestionó, de todos modos, la cifra. Hay muchos que arriesgan que la amnistía fiscal será exitosa, pero temen lo que pueda pasar con los datos de aquellos que ingresen divisas. Es que, en la reglamentación de la norma, hay muchos cabos sueltos y hay dudas fuertes del establishment sobre el manejo de datos y bases de datos que está haciendo el Gobierno a través de diferentes áreas. Sobre todo lo que refiere a la Administración Fiscal de Ingresos Públicos (AFIP). “Quédense tranquilos: eso que ustedes dicen no va a suceder, los datos son reservados”, especuló Gabbi. Pocos se quedaron tranquilos, sin embargo. Ver para creer.

Por su parte, Eurnekian, el empresario más grande de Argentina y uno de los popes de los negocios en Armenia, exigió en el encuentro pensar en una economía más abierta al mundo. La posición es lógica: el líder de Corporación América tiene negocios en el exterior y mega proyectos en el país y binacionales que precisan, en forma urgente, mejores condiciones para el financiamiento externo.

@leandrorenou