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Coca Cola: el Gobierno golpeó la mesa

Detrás del rechazo al Preventivo de FEMSA hay un gesto político del Ejecutivo sobre firmas que, en plena crisis, buscan blanquear despidos con beneficios. Alerta para CEOs descuidados.

 

Coca Cola: el Gobierno golpeó la mesa

22/02/2019 17:49

 

Solo 48 horas demoró el Gobierno en resolver lo que parecía un conflicto de magnitudes. FEMSA, la embotelladora de Coca Cola, presentó un pedido de Preventivo de Crisis (PPC) el miércoles al mediodía. Pasado el mediodía del viernes, en una audiencia en el Ministerio de Producción y Trabajo, la administración nacional le dijo no al reclamo de salvataje. Detrás de la negativa hay señales claras que son golpes en la mesa, gestos de autoridad de un gobierno que actúa en un contexto de recesión profunda y de debilidad política. A priori parece poco, pero es bastante cuando la cancha está inclinada en contra.

El no a FEMSA es un mensaje concreto de un Mauricio Macri, que se siente defraudado por el sector privado. “La crisis existe, no la negamos, nos hacemos responsables, pero no se hagan los vivos que no todo es lo mismo”, sintetizó una alta fuente de la Casa Rosada. Es lo que piensa el Presidente, que bajó la idea en catarata hacia el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el encargado de Producción y Trabajo, Dante Sica. La carrera de plantarse frente al Círculo Rojo la había iniciado días atrás el mejor alumno de Macri, el ahora secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, que se encargó de cerrar el caso de los subsidios del gas que reclamaba el CEO de Techint, Paolo Rocca.

 

La relación de Macri con las empresas cambió radicalmente en los últimos meses. 

 

Tal como adelantó Letra P el jueves último, el acuerdo vía PPC ya estaba caído por una razón central. El plan déficit cero que Cambiemos comprometió con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no admite matices. No hay caja para dinamizar la industria, mucho menos para salvar a una empresa. Desde 2018, cuando salió en rescate de la francesa Carrefour -también por tres balances consecutivos en rojo-, cambió la visión oficial sobre los manejos puertas adentro de las empresas.

El de la supermercadista fue un rescate Hood Robin, dudoso, sin claridad sobre los manejos de la compañía. Un premio innecesario. Pero el año pasado aún quedaban pesos para esos fines. Hoy, la exigencia de austeridad autoimpuesta puso al Gobierno a mirar con mayor fineza caso por caso. Así, concluyó que los problemas de FEMSA exceden al contexto general y que debe arreglárselas sola, ajustando por la propia. Naturalmente, convenios como el alcanzado entre la empresa y el Sindicato Único de Trabajadores de Aguas y Gaseosas (Sutiaga) favorecen más a la compañía que a los trabajadores (despiden con autorización oficial, sin conflicto, y achican lo necesario), pero para el Gobierno es diferente a un PPC, al menos desde lo simbólico.

 

FEMSA pidió rescate. En pocas horas el Gobierno le dijo. Un hito.

 

La cartera que conduce Sica tiene identificados, por empresa, los estados de situación, números y otros indicadores. El informe, que aún guardan bajo siete llaves, les cuenta las costillas a los CEOs descuidados con el objetivo de repartir culpas y correr de la esfera pública la crisis generada por la política. Es el ancho de espadas para lo que viene: el verano argentino es temporada alta de presentación de resultados de las compañías y FEMSA no es la única con pasivos que preocupan. El No avisa que hay que tener los papeles en regla para pedir colaboración oficial.

Un alto funcionario se quejaba, de hecho, del intento de salvataje o colaboración que intentó Enrique Avogadro, el ministro de Cultura de la Ciudad, a la librería-café Clásica y Moderna, una firma que, más allá de la caída en la demanda y las visitas, tenía serios desbarajustes en su contrato y en la propiedad. No se quejaba el funcionario porque sí. Los industriales, sobre todo pymes, llenaron las casillas de los ministros influyentes con mensajes y llamados. “Nos estamos fundiendo y este pibe quiere ayudar a una librería”, se quejaron los “llorones” que están en situación terminal en todos los rubros.

Ahora, pasado el sofocón FEMSA, el Gobierno queda entrampado en una realidad que no logra superar. Si siguiera sin hacer nada por mejorar la economía antes de las elecciones, no sólo se le complicaría el frente empresario, sino el futuro de Cambiemos como fuerza política. Los despidos, las suspensiones, los cierres de empresas y la situación de crisis seguirán porque, según los indicadores internos de las cámaras empresarias, las malas noticias recién empiezan.