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Con la presencia del presidente Fernández, Perotti asume hoy al frente de la gobernación santafesina. Construcción prolija y orden en la interna, pilares. El aporte de Rodenas y Bielsa, clave.

Por 11/12/2019 14:08

Envuelto en internas rabiosas y aquejado por el poderío socialista, el peronismo naufragó doce años sin liderar los destinos de Santa Fe. Sufrió más de una vuelta de campana y se dividió mucho más de que lo debía. Pero la “unidad en la diversidad” emergió para quedarse en 2017 y en 2019 se consolidó para levantar la bandera de la victoria. Omar Perotti y Alejandra Rodenas lideraron el armado, heterogéneo, segmentado, pero ordenado.

 

 

El PJ gobernó Santa Fe ininterrumpidamente desde la vuelta de la democracia, en 1983. Tras las gestiones de José María Vernet y Víctor Reviglio, más el sustituto de este Antonio Vanrell, el tándem Carlos ReutemannJorge Obeid se valió de sus matices para comandar dos periodos alternados cada uno entre 1991 y 2007. Era impenetrable el peronismo en Santa Fe.

Pero a partir de la creación del Frente Progresista, en 2006, y el certificado de defunción de la vetusta ley de lemas, la cosa cambió. El huracán Hermes Binner lideró un proceso histórico y el socialismo alcanzó la primera provincia en su historia. El ex candidato a presidente abrió así un ciclo inédito que prolongaron Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz.

 

 

Fuera del poder, desconociéndose a sí mismo, el PJ se la pegó de frente y vivió a los tumbos durante una década. Con el kirchnerismo al frente del país, compitió partido en dos y en tres en 2007 y 2011, respectivamente. Rafael Bielsa le ganó una interna a Agustín Rossi en la primera ocasión y el flamante ministro de Defensa venció a Perotti y otra vez Bielsa en la segunda. El socialismo se valió de la diáspora y se coló el PRO, que de la mano del cómico Miguel Torres Del Sel, terminó segundo en 2011.

En ese año, la gran ganadora del PJ fue María Eugenia Bielsa en la categoría diputados provinciales. Sacó casi 600 mil votos, pero renunció a la Cámara Baja a principios de 2013 tras denunciar un acuerdo entre Rossi y el socialismo. Paradójicamente, los dos PJ juraron ayer como ministros nacionales.

 

 

Con esa torta de votos sobre la espalda, el PJ esperó a la arquitecta hasta último momento en 2015. Pero Bielsa dijo no, y vuelta a empezar. Sobre el cierre se acordó una fórmula única, Perotti – Alejandro Ramos, una síntesis entre el peronismo núcleo y el kirchnerismo. Con muy poca campaña por delante, el binomio salió tercero, pero a apenas 1,2 por ciento de Lifschitz.

Con un Cambiemos en esplendor, el PJ cerró la interna Rossi – Alejandra Rodenas, ex jueza, en las legislativas nacionales de 2017. Un cruce picante entre un K y una peronista, que tuvo cruces de alto voltaje en medios como cuando ella lo acusó de “misógino”. El macrismo barrió en las generales, pero fue el caldo de cultivo para algo grande. Rossi y Rodenas hicieron campaña juntos tras la PASO y mandaron un mensaje elocuente.

 

 

El socialismo padecía la inseguridad y el narcotráfico y ya no era una tromba. Lifschitz comandaba una buena gobernación, pero no tenía reelección. El PJ se ordenó, emprolijó y concentró en contener a todos. Hay que jugar por adentro, la consigna bien monitoreada por la vicepresidenta Cristina Fernández y, por ese entonces solo su asesor y amigo, Alberto Fernández.

En pos de la victoria y un armado estratégico, Cristina bajó de un dedazo al camporista Marcos Cleri y el camino le quedó allanado al Perotti versus Bielsa. Peronismo de centro norte contra filo kirchnerismo progre. El grueso del PJ comulgó detrás del rafaelino, una construcción más confiable. El contador doblegó a la arquitecta y ella, contra lo que muchos y muchas aventuraban, se subió sin dudarlo al carro de la campaña.

 

 

Rodenas le dio a Perotti lo que no tenía. Mujer, rosarina, discurso filo K, pañuelo verde. Atributos que le achicaron la hostilidad con la que siempre lo miró el arco kirchnerista. Exponente de un PJ de centro, en línea con el cordobés Juan Schiaretti, Perotti tuvo un óptimo rendimiento en el centro norte de la provincia, pero forjó su victoria en Rosario, en la cuna del socialismo, donde le sacó siete puntos de ventaja a Bonfatti.

Al rafaelino le tocará gobernar con las dos Cámaras en contra, con el fuego amigo de los senadores díscolos, más las dos ciudades más grandes de la provincia en manos del progresismo. Pero quien te quita lo bailado. Con la compañía del presidente Fernández, Perotti asumirá, caminará por las calles de la sofocante capital y dará comienzo a una nueva era, la vuelta del peronismo al poder en Santa Fe.