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El mercado espera ahora de Fernández una quita agresiva de la deuda

La anunciada salida “a la uruguaya”, sin recorte de capital, parece cada vez más inviable. Sube el riesgo país. El FMI también pide. Muchos vencimientos y muy rápido. Los peligros de ir por todo.
Por 13/11/2019 14:00

El deterioro de la economía ha sido más rápido que lo esperado por el presidente electo, Alberto Fernández, y por los propios inversores, lo que hace que la renegociación amistosa de la deuda pública con los tenedores privados prometida semanas atrás por el equipo económico de aquel, esto es sin quita de capital, quede cada vez más lejos de la expectativa del mercado.

Hace algunos meses, hasta Cristina Kirchner consideraba que no había espacio para plantear una salida al sobreendeudamiento que deja Mauricio Macri como el de 2005, que incluyó la quita de capital más grande de la historia en una renegociación de ese tipo. Sin embargo, en la percepción de traders, analistas y asesores, esa declaración de moderación podría no ser viable.

En efecto, el riesgo país, esto es la sobretasa que paga un Estado soberano por encima del riesgo cero de los Bonos del Tesoro estadounidense a diez años, se empina ya por encima de los 2.500 puntos básicos. Así, si la Argentina saliera al mercado (y alguien aceptara, hipotéticamente, prestarle), pagaría una tasa anual en dólares del 25% por encima de la de Estados Unidos. Eso, claro, no es más que un impracticable ejercicio retórico.

 

 

Ese indicador, elaborado por el banco de inversión JP Morgan, había cerrado el año pasado por encima de ya elevados 800 puntos básicos. Entre el viernes anterior y el lunes posterior a las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 11 de agosto saltó brutalmente de 872 a 1.467. La escalada encontraría un techo de 2.532 el 30 de ese mes y luego, subas y bajas mediante (el 10 de octubre alcanzó los 1.890) vuelve hoy a cotizar por encima de los 2.500 puntos básicos.

“Hablar de un riesgo país de 2.300 puntos básicos o de 2.400 o 2.500 es lo mismo, porque son números que implican que los mercados están cerrados para el país. Lo importante es la tendencia y ahí es donde está la preocupación, porque se ve que va para arriba”, le dijo a Letra P el analista financiero Christian Buteler.

Ningún sector político puede hacerse en distraído ante semejante tendencia, empezando por el Gobierno, al que el mercado se le cerró en febrero del año pasado, causa de las repetidas corridas contra el peso y de la necesidad de acudir hacia junio al Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin derrota electoral a la vista, allí comenzó el incremento del riesgo país y los más de 800 puntos del cierre de 2018 ya dejaban a la Argentina fuera de cualquier posibilidad de refinanciar sus vencimientos en el mercado voluntario.

El antes y el después de las PASO reflejó, claro, el temor por el advenimiento de un gobierno fuertemente populista, pero Fernández, Matías Kulfas y Guillermo Nielsen dieron repetidas muestras de su vocación por una renegociación market-friendly, sin quita de capital o “a la uruguaya”. El problema son los números que deja Macri.

La carga de intereses de la deuda suma 4 puntos porcentuales del PBI entre 2020 y 2022. Sería imposible pagar simplemente en base a superávit fiscal.

De acuerdo con cálculos del expresidente del Banco Central Martín Redrado, el primer año de Fernández será en extremo desafiante, ya que solo los compromisos de corto plazo ascienden en 2020 a 14.200 millones de dólares. Apenas en el primer cuatrimestre, añade,  hay vencimientos por el equivalente a 16.500 millones de dólares, 7.200 millones de ellos directamente  en billetes verdes. Ante los 10.000 millones de reservas que Fernández espera que Guido Sandleris deje el 10 de diciembre, todo ese dinero (y toda posibilidad de pago) podría desaparecer hacia abril.

El futuro mediato no luce mejor, explica Redrado: la carga de intereses de la deuda suma 4 puntos porcentuales del PBI entre 2020 y 2022. Sería imposible pagar simplemente en base a superávit fiscal, sobre todo si se tiene en cuenta que la gestión saliente dejará un rojo fiscal primario (antes del pago de compromisos) menor a 1% del PBI a pesar del ajuste que le ha costado a la sociedad una severa pérdida de calidad de vida y al gobierno nada menos que volver al llano.

Gustavo Reija, director de la consultora Mecronomic, le dijo a Letra P que “la previsión del mercado sobre una renegociación de la deuda que incluya una quita está basada en el análisis de la capacidad real de la Argentina de afrontar el flujo financiero de desembolsos comprometidos para los próximos años”.

“Poniendo el tema en proporciones, hay que considerar que, de un total de aproximadamente 325.000 millones de dólares de deuda pública bruta, un 37% corresponde a organismos públicos, un 45% a tenedores privados y un 18% a organismos internacionales. El grueso de los montos a reestructurar, con posibilidad de quita, es de alrededor de 150.000 millones. Así, dado que nuestro país tiene cerradas todas las ventanillas de financiamiento y, considerando que cerraremos 2019 con déficit fiscal primario, no hay chances de generar en 2020 y en los años subsiguientes el de superávit necesario para pensar en una renegociación que solo incluya un alargamiento de plazos sin quita”, añadió.

Encima, aparece el FMI con su propio reclamo de cobrar el grueso del Stand-by que le concedió a Macri casi como un aporte récord de campaña, 80% del paquete total de 57.000 millones de dólares que se ha ido prácticamente en su totalidad por la canaleta de la timba y de la fuga. El dinero no es infinito, sabe el organismo, por lo cual cada vez que habla de que el futuro programa económico debe velar por la “sustentabilidad de la deuda”, lo que en parte está diciendo es que debe haber quita, que la haya ya que “la mía no se toca”.

Sin duda, el reciente golpe de Estado en Bolivia, que llevó a Fernández a expresar públicamente su desacuerdo con la celebración que hizo del mismo Donald Trump no ayuda precisamente a mantener el curso de conciliación con la Casa Blanca que se venía ensayando durante semanas y que había incluido un cálido llamado telefónico del republicano.

 

 

Habrá que trabajar mucho a nivel diplomático para que aislar ese roce y que no trabe el crucial favor estadounidense a la renegociación que también deberá llevarse adelante con el Fondo.

 

 

Si de recorte del capital adeudado se habla, ¿cuán draconiano podría ser? “La cotización de los bonos, ya sea bajo legislación nacional como internacional, descuenta, en sus valores, una quita de entre un 40 a 60 %”, dijo Reija. “Otra variable es el valor de los CDS (Credit Default Swaps), seguros de cobertura ante una cesación de pagos, que en este último mes se incrementaron un 22,41% y acumulan en lo que va del año un aumento del 1.137%. Claramente el mercado pricea un escenario de  renegociación con alargamiento y quita de capital de la deuda argentina en la que el mayor peso recaerá en los tenedores privados”, completó.

Buteler concede que “el mercado señala que la negociación probablemente no sea tan fácil como se había planteado. La salida ‘a la uruguaya’ todavía no fue descartada, pero lo que muestra el riesgo país es que queda más lejos”.

Pese a eso, señaló que “salirse de ella es un error porque no solo se necesita negociar los vencimientos sino lograr, una vez que esas gestiones terminen, que el mercado se reabra. Esto es así porque no se va a poder renegociar toda la deuda y habrá bonistas a los que haya que pagarles, para lo que se va a requerir un roll over en el mercado porque hoy no hay dólares como para hacerlo”.

 

 

“Una buena negociación es la que, si bien no va a dejar contentas a las dos partes, al menos sí evite que queden disgustadas y heridas. Entonces, si se les saca mucho a los bonistas muy probablemente eso se pueda vender internamente como una negociación exitosa, pero en realidad no será tal porque el próximo gobierno va a seguir con los mercados durante sus cuatro años de gestión, lo que sería un problemón dadas las necesidades de financiamiento de la Argentina”, advirtió el analista.

En una conference call con inversores realizada hace pocos días, Eduardo Levy Yeyati, presidente de Elypsis, dijo que un riesgo importante de una negociación que plantee una quita agresiva es que podría demorar el proceso.

“Cuanto mayor sea la quita que se pretenda, más tiempo llevará la negociación, y en esa demora la pregunta es: ¿cuánto perdemos de la economía real?”, señaló.

En ese sentido, anticipó que “el PBI per capita ha venido cayendo en los últimos años y, en el mejor escenario, la recuperación se daría recién hacia fines de 2020”.

La hora de la verdad se acerca.