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El larretazo porteño abre una disyuntiva: parricidio o rendición

El jefe de Gobierno fue el gran ganador del domingo, pero la remontada de Macri pone en disputa el cinturón de jefe de la futura oposición. Deberá resolver si se rebela a su jefe o sigue esperando.
Por 28/10/2019 0:49

Fue el primero en salir a festejar después de que se difundieron los primeros cómputos oficiales. Fue el ganador de la noche y así lo mostraron en el búnker de Juntos por el Cambio, pese a la remontada impresionante que consiguió su jefe político Mauricio Macri. La reelección de Horacio Rodríguez Larreta le trajo una bocanada de aire al oficialismo en una noche que prometía peores resultados que los que finalmente consiguieron. En la noche más oscura del macrismo, el jefe de Gobierno porteño consiguió algo que nunca había conseguido ni su antecesor y presidente: ganar en primera vuelta el distrito donde todo comenzó.

Como capital político personal, lo hizo con una hoja de ruta propia que, además de garantizarle el triunfo, le disputó la estrategia electoral nada menos que a Marcos Peña, el todopoderoso ladero presidencial que hasta el 11 de agosto aparecía como proveedor de soluciones infalibles.

Lejos de la polarización peñista, pero parado sobre los ilimitados recursos que la Nación volcó en el territorio metropolitano durante los últimos cuatro años, Larreta construyó su triunfo sobre la base de acuerdos con sectores de la periferia macrista que incorporó sin pudor a las listas porteñas. A modo de ejemplo, este paradigma le permitió sumar a Martín Lousteau, el adversario que casi le gana en el ballotage de 2015, fue tentado con la candidatura a senador y se incorporó al oficialismo.

 

 

Durante los primeros meses del año, cuando se definía qué modelo iba a adoptar Cambiemos, jugó espalda con espalda con María Eugenia Vidal y el ala política del oficialismo, para replicar algo parecido a la estrategia porteña pero a nivel nacional, discutiendo incluso la conveniencia de la candidatura de Macri y la incorporación de sectores del peronismo. La balanza se inclinó -una vez más- para el lado de Peña, pero el final del camino electoral parece haberles dado la razón. Al menos parcialmente.

La polarización peñista se llevó puesta a Vidal, la gran promesa de Cambiemos, en unas elecciones primarias que, como contra cara, ilusionaron a Larreta en la posibilidad de entronizarse como el heredero natural de Macri para las próximas batallas nacionales. 

 

 

Pero esa efímera centralidad fue puesta en cuestión por la efectividad del segundo tramo de la campaña que deja en veremos cualquier certeza en los esquemas de poder futuros. Si se hubieran repetidos los resultados del 11 de agosto, no habría discusión sobre su rol, pero la inesperada remontada de Macri ahora lo pone en duda todo.

Con el escenario de las primarias, al ala política se ilusionaba con un Larreta ordenador del armado para encarar una etapa como oposición, replicando quizás el camino que lo llevó a ganar en medio de la debacle total y que prometía, además, la supervivencia en la robusta estructura del gobierno porteño.

Ahora, Larreta deberá resolver si retoma la iniciativa y se anima a capitanear el cambio de etapa que empezó este domingo. Si asume el desafío de disputarle el timón a Peña, que es disputárselo a Macri, y volver a poner en cuestión el modelo de fuerza política. Tiene con qué: veinte puntos de diferencia sobre sus adversario y el único triunfo importante 100% amarillo le dan la razón.