MEMORIA & BALANCE

Vieja escuela y wishful thinking: la Rosada gana la elección con relato

Nadie en el Gobierno cree que una recuperación significativa es posible y algunos avisan que la demanda no se moverá. Peña, más centrado en Lavagna que en CFK. Un pleno a la ficción y al artificio.

El presidente Mauricio Macri avisó, a fines del año pasado, que quieren evitar los pronósticos sobre la realidad económica. Desde los últimos meses de 2018, puertas adentro de la Casa Rosada, el escepticismo numérico reina entre escasos territorios insulares que resisten negando lo que evidencian los sectores: la recuperación de la economía es casi una quimera. Y de darse, será insuficiente para estimular los bolsillos.

 

Han pasado por las manos de los ministros trabajados de todo tipo. En su mayoría reflejando lo que algunos cuadros del oficialismo describen como “wishfull thinking”, el deseo de una mejora más relacionado al entusiasmo que a lo posible. “Nosotros sabemos que si no estuviera la cosecha, esto sería una catástrofe”, se sinceró un hombre que trabajó en algún momento codo a codo con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne y hoy está alejado. “Yo veo números bastante antes de que se reflejen en la estadística”, contó a Letra P un fabricante histórico, con plantas en todo el país y un modelo crítico. “Sinceramente -agregó- observó que sigue todo planchado. Y se lo hemos dicho al Gobierno”. Algo similar dijo el propio presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, en una entrevista con La Nación. “El Gobierno es voluntarista con su mirada de la economía. Para ellos marzo va a ser definitorio. Ahí va empezar el mayor crecimiento. A nosotros las cifras no nos dan igual”, expresó.

 

Peña. Algunos aseguran que impulsa la embestida anti Lavagna. 

 

Hay algunos papers recientes que explican la confusión y la desconfianza en los pronósticos. Por caso, el detalle del Índice General de Expectativas Económicas (IGEE), que elabora la consultora Kantar TNS. Mide la percepción sobre la situación económica y laboral en el país, y experimentó una recuperación de cinco puntos, el primer crecimiento significativo después de 12 meses de tendencia negativa. “Si bien todos los indicadores mejoran en esta medición, son las expectativas respecto de la situación a futuro y respecto de la evaluación del momento para la compra de bienes durables los que impulsan al IGEE en mayor medida”, detalla el trabajo. Y destaca Julieta Dejan, la directora de la firma, que “si bien aún continuamos con expectativas económicas muy por debajo de las que había hace 12 meses, esta es la primera recuperación significativa que experimenta el índice después de mucho tiempo”. Pero concluye que “ciertos acontecimientos que se registraron en diciembre pueden haberse interpretado positivamente e infundido cierto optimismo en parte de la población, explicando la recuperación del índice, como por ejemplo: la estabilidad del dólar, un cierre del año bastante tranquilo, las repercusiones del G20 sumado al bono de fin de año decretado por el gobierno. (…) Igualmente debemos ser prudentes, ya que a pesar de esta mejora puntual las expectativas económicas se mantienen en niveles históricos muy bajos”. El dato que confirma el sacudón real es el que el INDEC dio en las últimas horas: un desplome del 7,5% interanual en noviembre de la actividad económica, el número más bajo desde 2009. Un número feo y con perspectiva incierta.

 

 

Acevedo, jefe de la UIA, uno de los que confirmó que los números de las fábricas difieren de los del Gobierno. 

 

Por todo esto es que se le hace cuesta arriba al Gobierno entrar en detalles de por dónde vendrían las mejoras, sacando lo que pueda aportar el agro. En un mar turbulento, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, volvió a tomar las riendas. Sumado al ingenio de los comunicadores y asesores de Macri. La situación forzó la elaboración de un libreto muy claro: política vieja escuela para salir del laberinto de la crisis por arriba, y obtener un triunfo en 2019 con los métodos que el oficialismo detestó y criticó en sus antecesores. Ir adelante como un toro, aunque eso suponga relativizar cuestiones básicas y construir agenda efectista. Cuentan que Marcos Peña, el jefe de Gabinete, encabezó las movidas recientes en diferentes frentes. La primera, coló en el Círculo Rojo que Roberto Lavagna, ex ministro de Economía que camina en franciscanas y medias de cara al 2019, “está viejo” y que, a la vez, más que haber sido el artífice de la recuperación en 2003, fue el de los errores en 2002. La posición, que dejó a Cristina Fernández de lado por unos días, evidencia algo de preocupación en el PRO por la edificación de una figura articuladora que hasta ahora estaba ausente. Vale decir que en el off the record, el Gobierno salió a vender que, de jugar, el ex ministro quedaría entrampado en la grieta, algo que depende 100% de una candidatura o no de CFK. Lavagna, añejo, ya caminó entre los CEOs, la CGT, la Iglesia y sectores productivos. Naturalmente, hay un sector del establishment que, pase lo que pase, se creó anticuerpos para cualquier cepa de peronismo y que no votaría otra fuerza. Los describen en el Círculo Rojo como “los finos”.

 

 

 

De todos modos, el oficialismo se ve convencido en su estrategia. Lo planteó el propio José Torello, asesor de la Presidencia, en uno de los almuerzos que organizó en su casa de Rocha el empresario Santiago Soldati. Fue incluso antes de que el macrismo soltara la metralla gruesa, primero con el decreto de Extinción de Dominio y, luego, aprovechando el descalabro social y político y Venezuela. Torello prometió una victoria en primera vuelta y sorprendió a más de uno en un enero esteño que mostró más cautela que entusiasmo.

 

 

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