X
La oposición busca convertir la protesta en insurrección. Apoyada por EE.UU y el Grupo de Lima, desafía a Maduro y pone a las FF.AA. ante un dilema: reprimir o rebelarse.
Por 23/01/2019 20:35

Venezuela no vivía una movilización como la de este miércoles desde 2017, cuando una ola de protestas opositoras -pacíficas y de las otras- y de represión oficial y paraoficial -demasiadas veces muy por fuera del reglamento- dejó 125 muertos y un chavismo más autoritario. La estrategia del titular de la Asamblea Nacional (AN), vaciada de poder y, finalmente, proscripta por el régimen, Juan Guaidó, quien juró ante una multitud impresionante como “presidente encargado”, es convertir esa protesta en una verdadera insurrección popular que ponga a prueba como nunca a Nicolás Maduro. Con el apoyo de Estados Unidos y la mayoría de los países de la región –entre ellos la Argentina- al antichavismo, ¿se atreverá este a responder con máxima dureza, a arrestar a Guaidó, a expulsar por la fuerza a los diplomáticos norteamericanos tras el anuncio de la ruptura de relaciones y, en un extremo, a enviar a los militares a reprimir masivamente? Los primeros indicios indican que esa sería la inclinación del palacio de Miraflores, por lo que el desenlace de esta crisis podría radicar en la reacción de los uniformados ante un escenario explosivo.

La idea de una rebelión popular extendida se refuerza con algunos indicios. De hecho, el preludio de los hechos de este miércoles fue la noche tensa de la víspera, con las sesenta protestas registradas en varias zonas de Caracas por la ONG Observatorio de Conflictividad Social, una de ellas en la tradicionalmente chavista barriada de Catia, donde murió un joven de 16 años.

Uno de los analistas políticos venezolanos más importantes, Luis Vicente León, de tendencia opositora, le dijo a Letra P que “esto solo comienza. Obviamente que Guaidó tendrá medido el impacto de su decisión y está claro también que Estados Unidos está totalmente cuadrado (con él), como el Grupo de Lima -sin México- y probablemente Europa”.

 

 

“Es un momento de pulso de fuerzas, pero la pregunta es si hay apoyo militar interno suficiente y que fuerza está dispuesta a usar Estados Unidos. Sin militares internos la cosa es bastante difícil. Y Si el arma secreta de Estados Unidos es la sanción petrolera y no está cuadrado el sector militar venezolano, este es un tema que va para largo”, añadió.

Así las cosas, hay que indagar en el siempre mencionado pero nunca debidamente ponderado malestar militar. No hay dudas de que existe; lo que no se conoce es su extensión.

De hecho, los conatos de rebelión más llamativos fueron llevados a cabo por efectivos aislados, que nunca lograron encender la mecha de la rebelión en los cuarteles que cuentan. Entre ellos se cuentan las espectaculares y violentas apariciones del paracaidista del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas Óscar Pérez, muerto hace un año con un tiro en su cabeza; el atentado contra Maduro realizado con dos drones cargados de explosivos en agosto durante un desfile; y el intento fallido del lunes último, protagonizado por un grupo de miembros de la Guardia Nacional.

Citada por la agencia Reuters, la especialista en temas de seguridad Rocío San Miguel dijo este miércoles que “a un sargento de tropa en un destacamento de la guardia no le doy importancia. Importancia es que haya una situación en una unidad mayor o en un batallón”.

 

 

Las causas del malestar castrense son varias. La grieta ideológica y la crisis económico-humanitaria del país han ido achicando con los años el espacio chavista, tanto en la calle como en los cuarteles. Además, el deterioro material de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y el salarial de los efectivos no escapa al contexto general de hiperinflación descontrolada. No por nada unos 4.000 efectivos dejaron, más o menos prolijamente, los cuarteles solamente el año pasado, según se calcula.

Pero todo eso hace a un clima general. Más específicamente, se descuenta que la cúpula de la FANB está alineada con el régimen. Este miércoles, tras la autoproclamación de Gauidó, aquella expresó en un comunicado "respeto a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela" y su "lealtad absoluta" al presidente "elegido por el pueblo", es decir Maduro. Asimismo, en una advertencia poco velada al jefe de la AN aseguraron que rechazan "cualquier acto ilegal adverso a la voluntad del pueblo".

Esa  adhesión, con todo, no permite a los especialistas descartar que algunos jerarcas piensen en una salida dentro del régimen. Hace dos semanas, The Washington Post aseguró que el poderoso ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, llegó a aconsejarle a Maduro la conveniencia de que dé un paso al costado.

 

 

Ahora bien, si en general los militares revoltosos parecen ser “lobos solitarios” y la alta comandancia está, más allá de versiones, alineada con el chavismo, la clave pasa por los cuadros medios con control de tropa.

En un eventual escenario de prolongación del reto callejero de la oposición y de violencia, ¿hasta qué punto esos mandos estarán dispuestos a reprimir y a jugarse por Maduro? Nadie tiene hoy la respuesta para lo que es la pregunta crucial.

El respaldo internacional es la certeza que tienen Guaidó y los suyos, con dos cartas que Donald Trump mantiene en su mazo: un embargo petrolero que sería letal para Venezuela y, en un extremo, una posible –aunque por ahora no probable- intervención militar. ¿Dos incentivos más, acaso, para que el frente castrense se fracture?

He ahí la gran apuesta. Por ahora, en el horizonte solo hay incertidumbre y violencia.

Los militares serán los árbitros del choque de planetas que se avecina

La oposición busca convertir la protesta en insurrección. Apoyada por EE.UU y el Grupo de Lima, desafía a Maduro y pone a las FF.AA. ante un dilema: reprimir o rebelarse.

Venezuela no vivía una movilización como la de este miércoles desde 2017, cuando una ola de protestas opositoras -pacíficas y de las otras- y de represión oficial y paraoficial -demasiadas veces muy por fuera del reglamento- dejó 125 muertos y un chavismo más autoritario. La estrategia del titular de la Asamblea Nacional (AN), vaciada de poder y, finalmente, proscripta por el régimen, Juan Guaidó, quien juró ante una multitud impresionante como “presidente encargado”, es convertir esa protesta en una verdadera insurrección popular que ponga a prueba como nunca a Nicolás Maduro. Con el apoyo de Estados Unidos y la mayoría de los países de la región –entre ellos la Argentina- al antichavismo, ¿se atreverá este a responder con máxima dureza, a arrestar a Guaidó, a expulsar por la fuerza a los diplomáticos norteamericanos tras el anuncio de la ruptura de relaciones y, en un extremo, a enviar a los militares a reprimir masivamente? Los primeros indicios indican que esa sería la inclinación del palacio de Miraflores, por lo que el desenlace de esta crisis podría radicar en la reacción de los uniformados ante un escenario explosivo.

La idea de una rebelión popular extendida se refuerza con algunos indicios. De hecho, el preludio de los hechos de este miércoles fue la noche tensa de la víspera, con las sesenta protestas registradas en varias zonas de Caracas por la ONG Observatorio de Conflictividad Social, una de ellas en la tradicionalmente chavista barriada de Catia, donde murió un joven de 16 años.

Uno de los analistas políticos venezolanos más importantes, Luis Vicente León, de tendencia opositora, le dijo a Letra P que “esto solo comienza. Obviamente que Guaidó tendrá medido el impacto de su decisión y está claro también que Estados Unidos está totalmente cuadrado (con él), como el Grupo de Lima -sin México- y probablemente Europa”.

 

 

“Es un momento de pulso de fuerzas, pero la pregunta es si hay apoyo militar interno suficiente y que fuerza está dispuesta a usar Estados Unidos. Sin militares internos la cosa es bastante difícil. Y Si el arma secreta de Estados Unidos es la sanción petrolera y no está cuadrado el sector militar venezolano, este es un tema que va para largo”, añadió.

Así las cosas, hay que indagar en el siempre mencionado pero nunca debidamente ponderado malestar militar. No hay dudas de que existe; lo que no se conoce es su extensión.

De hecho, los conatos de rebelión más llamativos fueron llevados a cabo por efectivos aislados, que nunca lograron encender la mecha de la rebelión en los cuarteles que cuentan. Entre ellos se cuentan las espectaculares y violentas apariciones del paracaidista del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas Óscar Pérez, muerto hace un año con un tiro en su cabeza; el atentado contra Maduro realizado con dos drones cargados de explosivos en agosto durante un desfile; y el intento fallido del lunes último, protagonizado por un grupo de miembros de la Guardia Nacional.

Citada por la agencia Reuters, la especialista en temas de seguridad Rocío San Miguel dijo este miércoles que “a un sargento de tropa en un destacamento de la guardia no le doy importancia. Importancia es que haya una situación en una unidad mayor o en un batallón”.

 

 

Las causas del malestar castrense son varias. La grieta ideológica y la crisis económico-humanitaria del país han ido achicando con los años el espacio chavista, tanto en la calle como en los cuarteles. Además, el deterioro material de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y el salarial de los efectivos no escapa al contexto general de hiperinflación descontrolada. No por nada unos 4.000 efectivos dejaron, más o menos prolijamente, los cuarteles solamente el año pasado, según se calcula.

Pero todo eso hace a un clima general. Más específicamente, se descuenta que la cúpula de la FANB está alineada con el régimen. Este miércoles, tras la autoproclamación de Gauidó, aquella expresó en un comunicado "respeto a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela" y su "lealtad absoluta" al presidente "elegido por el pueblo", es decir Maduro. Asimismo, en una advertencia poco velada al jefe de la AN aseguraron que rechazan "cualquier acto ilegal adverso a la voluntad del pueblo".

Esa  adhesión, con todo, no permite a los especialistas descartar que algunos jerarcas piensen en una salida dentro del régimen. Hace dos semanas, The Washington Post aseguró que el poderoso ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, llegó a aconsejarle a Maduro la conveniencia de que dé un paso al costado.

 

 

Ahora bien, si en general los militares revoltosos parecen ser “lobos solitarios” y la alta comandancia está, más allá de versiones, alineada con el chavismo, la clave pasa por los cuadros medios con control de tropa.

En un eventual escenario de prolongación del reto callejero de la oposición y de violencia, ¿hasta qué punto esos mandos estarán dispuestos a reprimir y a jugarse por Maduro? Nadie tiene hoy la respuesta para lo que es la pregunta crucial.

El respaldo internacional es la certeza que tienen Guaidó y los suyos, con dos cartas que Donald Trump mantiene en su mazo: un embargo petrolero que sería letal para Venezuela y, en un extremo, una posible –aunque por ahora no probable- intervención militar. ¿Dos incentivos más, acaso, para que el frente castrense se fracture?

He ahí la gran apuesta. Por ahora, en el horizonte solo hay incertidumbre y violencia.