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El socialista trabaja para no perder centralidad política. Amplió su radio de contactos del progresismo al peronismo. Se reúne con gobernadores peronistas y profundiza su perfil opositor al macrismo.
Por 19/09/2018 9:16

No perder un centímetro de centralidad política. Ese es el objetivo actual del gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz. Que la Legislatura le haya impedido la chance de ser reelegido le resolvió un enigma, pero les abrió otros a sus adversarios políticos. ¿Qué será de su futuro? Mientras dirime la disyuntiva, se ubicó decididamente en opositor al presidente Mauricio Macri, recibe a pares peronistas y guardas las cartas hacia dentro de su propio partido. ¿Quedarse en el pago o jugar en el escenario nacional?

El 29 de agosto se cerró una etapa en la formalidad de la política santafesina. El Frente Progresista no tuvo los votos necesarios para iniciar el camino de una reforma constitucional y el mandatario socialista vio deshechas sus posibilidades de aspirar a un nuevo mandato. Con Lifschitz fuera de la cancha en el 2019 metieron puñito apretado los opositores mayoritarios del PJ y Cambiemos. Lo consideraban un rival de fuste. “Le tenían miedo”, repetían a coro desde el socialismo.

Lifschitz no esperó ni un día para el remonte. Inició ronda de medios el día posterior y fustigó a los opositores. El sábado, en tanto, lideró un encuentro de dirigentes del progresismo provincial e instó a trabajar para que Santa Fe “no vuelva al pasado”. "Tenemos todo lo que la Argentina le está reclamando a una fuerza política: somos una propuesta ética con capacidad de gobierno demostrada”, se envalentonó.

 

 

Avisa el gobernador de esa manera que será un actor clave en las próximas elecciones. Manda mensajes hacia fuera y hacia dentro. Intentará no bajarse del cetro al que subió. Mira sin disgusto a la categoría diputado provincial como horizonte venidero, rol que le permitiría –concluyen en su entorno- traccionar a las otras nóminas de la boleta única papel que impera en Santa Fe.

Le toca resolver en las semanas que vienen el calendario electoral, que seguramente no se superpondrá con el nacional. Se estudia competir en las elecciones locales y luego especular con la chance de jugar en el escenario nacional. Con una candidatura manifiesta o no, Lifschitz coquetea con jugar la grande. Sigiloso, hiper pragmático, cree que no es momento para hablar del tema. Siente que el centro es solo para el macrismo y su capacidad autodestructiva. Cuando haya margen, intentará asomar en el plano nacional.

Para ello, se reúne cada vez que puede con gobernadores o dirigentes de alta escala. Ya no solo frecuenta a la progresista Margarita Stolbizer. Con la excusa de agendas de gestión, se vio las caras con sus pares Juan Manuel Urtubey (Salta), Juan Schiaretti (Córdoba), Gustavo Bordet (Entre Ríos) y en las últimas horas con Sergio Uñac (San Juan). No le escapa a las fotos políticas resonantes con sus pares justicialistas. Tiene su límite: el kirchnerismo. 

 

 

El rosarino y el sanjuanino participaron del evento “Territorializar la agenda para el desarrollo”. Se tiraron flores de todos los colores, se trataron de “amigos” y criticaron al unísono al Gobierno nacional. “Somos dos provincias que han tratado de hacer las cosas bien, con el colchón para poder amortiguar las políticas nacionales”, consideró Uñac, al tiempo que definió al socialista como “un gran dirigente”, del que tiene “admiración” por la gestión que encabeza. 

Cuando lo apuraron sobre la chance de entablar un acuerdo electoral en 2019, Uñac respondió: “Podemos construir cualquier desafío político, debemos conversar de cara a las elecciones para ver cuáles son los escenarios y las alianzas que se pueden generar”.

Lifschitz le cuidaba inmutable las espaldas. Vendrán más encuentros de este tenor y buscará aprovecharlos a todos. Marcar agenda hacia adentro y hacia fuera, es la tarea.

Frustrada su reelección, Lifschitz ya se mueve en el mapa nacional 2019

El socialista trabaja para no perder centralidad política. Amplió su radio de contactos del progresismo al peronismo. Se reúne con gobernadores peronistas y profundiza su perfil opositor al macrismo.

No perder un centímetro de centralidad política. Ese es el objetivo actual del gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz. Que la Legislatura le haya impedido la chance de ser reelegido le resolvió un enigma, pero les abrió otros a sus adversarios políticos. ¿Qué será de su futuro? Mientras dirime la disyuntiva, se ubicó decididamente en opositor al presidente Mauricio Macri, recibe a pares peronistas y guardas las cartas hacia dentro de su propio partido. ¿Quedarse en el pago o jugar en el escenario nacional?

El 29 de agosto se cerró una etapa en la formalidad de la política santafesina. El Frente Progresista no tuvo los votos necesarios para iniciar el camino de una reforma constitucional y el mandatario socialista vio deshechas sus posibilidades de aspirar a un nuevo mandato. Con Lifschitz fuera de la cancha en el 2019 metieron puñito apretado los opositores mayoritarios del PJ y Cambiemos. Lo consideraban un rival de fuste. “Le tenían miedo”, repetían a coro desde el socialismo.

Lifschitz no esperó ni un día para el remonte. Inició ronda de medios el día posterior y fustigó a los opositores. El sábado, en tanto, lideró un encuentro de dirigentes del progresismo provincial e instó a trabajar para que Santa Fe “no vuelva al pasado”. "Tenemos todo lo que la Argentina le está reclamando a una fuerza política: somos una propuesta ética con capacidad de gobierno demostrada”, se envalentonó.

 

 

Avisa el gobernador de esa manera que será un actor clave en las próximas elecciones. Manda mensajes hacia fuera y hacia dentro. Intentará no bajarse del cetro al que subió. Mira sin disgusto a la categoría diputado provincial como horizonte venidero, rol que le permitiría –concluyen en su entorno- traccionar a las otras nóminas de la boleta única papel que impera en Santa Fe.

Le toca resolver en las semanas que vienen el calendario electoral, que seguramente no se superpondrá con el nacional. Se estudia competir en las elecciones locales y luego especular con la chance de jugar en el escenario nacional. Con una candidatura manifiesta o no, Lifschitz coquetea con jugar la grande. Sigiloso, hiper pragmático, cree que no es momento para hablar del tema. Siente que el centro es solo para el macrismo y su capacidad autodestructiva. Cuando haya margen, intentará asomar en el plano nacional.

Para ello, se reúne cada vez que puede con gobernadores o dirigentes de alta escala. Ya no solo frecuenta a la progresista Margarita Stolbizer. Con la excusa de agendas de gestión, se vio las caras con sus pares Juan Manuel Urtubey (Salta), Juan Schiaretti (Córdoba), Gustavo Bordet (Entre Ríos) y en las últimas horas con Sergio Uñac (San Juan). No le escapa a las fotos políticas resonantes con sus pares justicialistas. Tiene su límite: el kirchnerismo. 

 

 

El rosarino y el sanjuanino participaron del evento “Territorializar la agenda para el desarrollo”. Se tiraron flores de todos los colores, se trataron de “amigos” y criticaron al unísono al Gobierno nacional. “Somos dos provincias que han tratado de hacer las cosas bien, con el colchón para poder amortiguar las políticas nacionales”, consideró Uñac, al tiempo que definió al socialista como “un gran dirigente”, del que tiene “admiración” por la gestión que encabeza. 

Cuando lo apuraron sobre la chance de entablar un acuerdo electoral en 2019, Uñac respondió: “Podemos construir cualquier desafío político, debemos conversar de cara a las elecciones para ver cuáles son los escenarios y las alianzas que se pueden generar”.

Lifschitz le cuidaba inmutable las espaldas. Vendrán más encuentros de este tenor y buscará aprovecharlos a todos. Marcar agenda hacia adentro y hacia fuera, es la tarea.