30|6|2022

26 de junio de 2018

26 de junio de 2018

El ministro de Producción puso condiciones: dejar de negar la crisis y apuntalar a las pymes y a la UIA. A cambio, no confrontará con la tasa Caputo y lidiará con Comercio en el control de precios.

Dante Sica, el sucesor de Francisco Cabrera en el Ministerio de Producción, tiene dos ventajas. Una, que el Gobierno lo conoce porque trabajó casi como un insider en esa cartera en los dos años y medio de gestión que lleva Cambiemos. La segunda, que en el sector empresario lo conocen tanto o más, porque fue asesor externo de casi todas las cámaras empresarias, sobre todo, de la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) y la Asociación de Concesionarios de Autos (ACARA). Le alcanzó ese currículum para hacer un soft landing en tierras calientes, el tejido fabril, tan golpeado entre fines del kirchnerismo y el proceso de jibarización que, consciente o inconscientemente, impuso el macrismo. Un ministerio sumido, además, en problemas de relacionamiento con el Círculo Rojo empresario, núcleo con el que Cabrera había perdido no solamente el diálogo, sino también el feeling más básico.

 

Sica, que fundó en su años platenses una consultora de estudios económicos que luego derivó en la renombrada Abeceb, habló en su primera semana efectiva de gestión con varios empresarios, más allá de sus reuniones particulares con la UIA y la Cámara Argentina de Comercio (CAC). Uno de ellos lo llamó desde un breve periplo europeo, alejado de San Petersburgo, plaza a la que llegaron muchos de los CEOs nacionales en plan mundialista. “Mirá, vos me conocés, yo no voy a traicionar lo que vengo diciendo. Te lo juro”, le aclaró Sica a su interlocutor, compañero de otras aventuras, en otros años distintos y bastante más turbulentos. En ese intercambio, el nuevo ministro de la Producción contó que aceptó el cargo sabiendo lo que se venía en materia de actividad. Pero le aclaró al presidente Mauricio Macri que la única condición que ponía era no negar la crisis. Se lo concedieron, casi que por conveniencia. Y él lo puso en práctica rápido, casi como en los años en que, haciendo gala de su devoción por las Harley Davidson, recorría el país montado en dos ruedas.

 

Salió en los medios de comunicación a aclarar que se vienen tiempos complejos (“el segundo semestre será mucho más difícil”) y que la pequeña y mediana empresa en la Argentina tiene un serio problema de financiamiento. Fue un giro total que les generó a los industriales esa cosquilla del primer amor. Venían del “siete meses de crecimiento consecutivos” que les recordaba Cabrera en cada encuentro a un sinceramiento de la situación más relacionado a la lectura de los industriales y comerciantes que al relato que el Gobierno eligió construir más allá de la realidad numérica.

 

 

Los CEOs venían de años de renegar con el sermón de Cabrera y de una de sus manos derechas que terminó también resignando su puesto, el secretario de Transformación Productiva, Lucio Castro. Este último era el encargado de comunicar, mes a mes, un reporte de brotes verdes que, en el último mes, terminaron chamuscándose ante la primera helada de la economía.

 

En contraposición, Sica recibió a Miguel Acevedo, presidente de UIA, y a los vices Daniel Funes de Rioja (Copal), Adrián Kauffman (Arcor), Luis Betnaza (Techint), Cristiano Rattazzi (FIAT), Alberto Sellaro (Cámara de Calzado) y Alberto Álvarez Saavedra (Gador), acompañado de otro ex UIA, Martín Etchegoyen, quien había pasado de secretario de Industria a asesor para luego recalar en la era Cabrera como articulador de las mesas sectoriales. Ahora volvió a tener algo de injerencia: será el encargado de interactuar con la UIA, casa madre en la que era el alma matter de casi todos los informes políticos y comunicados técnicos.

 

Prometieron a los CEOs, en el entorno de Sica, que otro que tendrá vuelo propio en pos de recomponer será Fernando Grasso, otro UIA boy que reviste como secretario de Producción. Un joven talento respetado y apreciado por propios y extraños. En esa primera reunión con industriales, Sica jugó, además, con el guión paritario que inició el ministro del Interior, Rogelio Frigerio: les admitió que las paritarias del 15% ya fueron superadas por la inflación y advirtió que se soltarán los gatillos y las negociaciones que se habían planificado. Desmintió, un rato después, información que lo vinculaba a un pedido de reapertura de paritarias. Hasta allí llega la aceptación inflacionaria del propio Macri.

 

“Me siento contento con el dólar a 28 pesos; me preocupa que haya traslado de la devaluación a precios y, te aseguro, no me voy a poner a discutir temas de macroeconomía. Aunque sí pondré mi visión del financiamiento de corto plazo”, siguió Sica, describiéndole su decálogo de gobierno al industrial que conoce hace años.

 

El tema de la macroeconomía, más que una decisión propia, fue una “sugerencia” que el Gobierno le hizo a quien fuera secretario de Industria de Eduardo Duhalde en 2002. El Ejecutivo le hizo saber al ministro que con Luis “Toto” Caputo no puede haber ningún contrapunto. Y desde las fábricas casi que le recomendaron lo mismo. “Cabrera no lo quería a (el ex presidente del Banco Central, Federico) Sturzenegger y Sturzenegger no lo quería a él. No hablaban. Y mirá cómo terminaron”, le explicó otro industrial automotriz. En este orden. La nueva gestión de Producción no emitirá opiniones radicales sobre la tasa récord del Central, al menos hasta que se cumpla la promesa oficial de reducirla, una vez que la situación cambiaria esté controlada.

 

 

Junto a los popes de la UIA, en pleno paro de la CGT. Lo acompañó Etchegoyen, un ex UIA que volverá a ser nexo con el Círculo Rojo. 

 

 

Entre las otras pequeñas grandes batallas que tiene por delante el ex director externo de Peugeot y asesor de la Federación de Industriales de San Pablo (Fiesp) aparece el frente de los precios. Deberá allí moverse con sigilo. Macri decidió darle todo el poder para sancionar y manejar el tema a Miguel Braun, el secretario de Comercio. No son pocos los que no comulgan con su metodología, que consideran extremadamente blanda, pero la banca desde Balcarce 50 obligó a Sica a plegarse al discurso light de multas y un 0-800 para denuncias. Su posición fue, entonces y aprovechando la era mundialista rusa, la de una perestroika con algunas licencias de mayor dureza, o un mensaje menos amistoso.

 

Como Braun y Cabrera son Macri, también lo es el jefe de Gabinete de Producción, Ignacio Pérez Riba. Es el hombre del que más desconfían los CEOs, pero, haciendo gala de la historia política, el Gobierno salió a confirmarlo en su puesto en las últimas horas.

 

Fue Pérez Riba el encargado de intentar parar el reclamo que llevaron adelante hace un mes los empresarios curtidores, textiles, calzado y cuero. El cuadro en cuestión es, quizás, el único ruido que le queda a Sica en la interlocución con el Círculo Rojo. Pero en este contexto, más allá de las bondades iniciales del cambio de figuras en la cartera, los empresarios se preguntan si Sica será un ministro con poder para tomar decisiones. A priori, hay ganas de Macri de dejarlo jugar, pero en la Jefatura de Gabinete, que conduce Marcos Peña, ya le observaron que la exposición del economista en los medios es demasiado en materia de discurso.