TENSIÓN GOBIERNO – GREMIOS

El paro de la CGT ordena el mapa gremial frente a una nueva puja salarial

Las razones de la tercera huelga general contra el gobierno de Cambiemos y el reacomodamiento de piezas en el tablero sindical de cara a la renovación de la cúpula de la central obrera.

El tercer paro general contra Cambiemos, que se prevé que será además el más contundente hasta ahora, trae consigo diferencias y similitudes respecto de las dos medidas de fuerza anteriores, tanto en el contexto político y económico, como en el escenario interno de la principal central obrera del país.

 

La crisis cambiaria, su consecuente devaluación y los sostenidos malos resultados económicos licuaron en cuestión de semanas el capital político conseguido por el oficialismo en las elecciones de medio término del año pasado y dieron vuelta la coyuntura nacional. Las promesas de reformismo permanente se hicieron humo frente al repunte inflacionario y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) le abrió paso a un generalizado malestar social.

 

En lo político, la crisis económica coincidió también con el enfriamiento de la relación entre el Gobierno y peronismo más dialoguista, que se manifestó en una mayor dificultad para tratar y aprobar proyectos oficiales en el Congreso. Ya con la mirada puesta en 2019, el bloque de senadores que le responde a Miguel Ángel Pichetto trabó semanas atrás un acuerdo con la CGT para ser la cara visible de las iniciativas parlamentarias del sindicalismo y cuestionó el impacto de la política económica en la vida de los trabajadores.  

 

No porque sí, los cinco puntos planteados por la conducción sindical como condición para frenar la medida de fuerza del 25 de junio, que tenía como principales ejes el cese de despidos por seis meses y la reapertura de paritarias, incluyó lapidarias críticas al modelo económico.

 

Sin embargo, el paro general de este lunes, al igual que los dos primeros de abril de 2017 y de diciembre del mismo año, tiene como detonante el rechazo sindical a una medida oficial en particular. Si el primer paro fue una respuesta al veto presidencial a la ley antidespidos, el segundo a la aprobación de la reforma previsional, ahora la medida de fuerza es una reacción al veto de Macri a la ley que congelaba las tarifas de los servicios públicos.

 

Más allá de la "excusa" parlamentaria, un termómetro que marca la presión que pesó sobre la cúpula sindical para definir la convocatoria a una huelga general fue la adhesión inmediata tanto de gremios disidentes de la CGT como la confirmación del acatamiento de la medida por parte de las dos CTA y de la CTEP.

 

 

Apelando otra vez las comparaciones, la convocatoria al primer paro nacional fue también la primera acción directa lanzado por el triunvirato integrado por Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña. Al momento de la conformación del Consejo Directivo actual, que conducen los tres dirigentes, algunos sindicatos y sectores de peso en el mundo gremial y político rechazaron integrarse a la conducción.

 

Los mecánicos de Smata, el Movimiento de Acción Sindical que conducen Omar Viviani y Sergio Sassia y la Corriente Federal de Trabajadores, de impronta kirchnerista y conducida por el bancario Sergio Palazzo, desestimaron integrar la conducción. A ellos hay que sumarle a los metalúrgicos de la UOM y el sector que conduce Camioneros, ambos gremios que rompieron con la conducción de la central criticando la pasividad de sus dirigentes. Hasta ahora, todos estos sectores acompañaron, algunos en silencio, otros más entusiastas, las dos primeras medidas de fuerzas.

 

Esta vez, sin matices, todos salieron a militar con fuerza el paro de este lunes a través de convocatorias públicas y asambleas en los lugares de trabajo, lo que anticipa, además de un paro contundente, la reincorporación de los gremios disidentes a la discusión sobre cuál debe ser la nueva conducción de la central. 

 

Algunos de estos agrupamientos ya vienen confluyendo en reuniones políticas para discutir una posible estrategia común para al 22 de agosto, fecha en la que sesionará el Congreso sindical para definir las nuevas autoridades.

 

Hasta el momento, la única candidatura firme para conducir la central es la del camionero Pablo Moyano, aunque los gordos e independientes pugnan para que sea Daer el nuevo secretario general. Habrá que ver si estos sectores se incorporan a algunos de estos bloques o si juegan una carta propia en la pelea interna.

 

El cuadro se completa con los movimientos zigzagueantes de Camioneros, que manejaron un juego a tres bandas que incluye la pelea interna de la central, su política de alianzas en el frente externo donde confluye con las CTA de Hugo Yasky, los movimientos sociales y la Iglesia, y la discusión paritaria.

 

 

 

El acuerdo sellado por el gremio que conduce Hugo Moyano a nivel nacional, provocó un cimbronazo dentro de la central, en la que la inmensa mayoría de los gremios cerró acuerdos salariales en torno al 15% fijado por el Ministerio de Trabajo. El acuerdo del 25%, levantó la figura del camionero en la interna gremial y, a la vez, les mete presión al resto de los caciques sindicales para pechear por la reapertura de las negociaciones sectoriales, lo que va a obligar a Jorge Triaca a intervenir en las discusiones.

 

No obstante, que el gremio que se muestra más enfrentado al Ejecutivo nacional haya cerrado una paritaria varios puntos por debajo de las nuevas proyecciones inflacionarias, le da aire al Gobierno para mantener acuerdos a la baja.

 

En las últimas horas, la Bancaria de Palazzo, compañero de fórmula de Moyano hijo para disputar la conducción de CGT, anunció un acuerdo de actualización salarial con la Asociación de Bancos Argentinos que implica el desembolso de un 5% más al 15% acordado hace dos meses.

 

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