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El Mal necesario

Gobierna el Colegio de Abogados hace 12 años. Tuvo vínculo con el kirchnerismo, pero su capital político llegó con el PRO. El “abogado popular” que el macrismo soporta por conveniencia.
Por 28/04/2018 14:31

Jorge Gabriel Rizzo se recibió en la Universidad del Salvador (USAL) y se especializó en derecho civil. Cuando a fines de la década del noventa desfilaba por los tribunales federales mascullando insultos contra los “grandes estudios”, ni imaginaba que años después comandaría el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal con mano de hierro por más de una década, al calor de alianzas circunstanciales y una premisa: “Abrir el Colegio a los abogados sin corbata”.

Su poder trascendió las fronteras del CPACF hace tiempo. A pesar de haber hecho buenas migas con un sector del kirchnerismo, la alianza que más frutos le dio fue la que mantiene, atada con alambre, con el PRO de Mauricio Macri, al que llegó mediante los asesores judiciales estrella del presidente: Daniel “El Tano” Angelici, primero, y Pablo Clusellas, después. La influencia de Rizzo se extiende a la Cámara de Diputados de la Nación y los consejos de la Magistratura nacional y porteño, pero es en la institución de Avenida Corrientes donde se siente más cómodo y desde donde construyó su carrera política. Sus detractores lo califican como “el (Hugo) Moyano de los abogados”, pero su conducta responde más al perfil del titular del sindicato de municipales, Amadeo Genta: domina el mundo de los abogados y se mueve al calor político del momento y con vínculo cercano al oficialismo de turno.

Arrancó de joven junto al ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires (AABA) Elías Roberto Salazar, a través de quien conoció al ex ministro de la Corte Suprema Carlos Fayt, de quien años después sería su defensor. Rizzo hizo sus primeros palotes cuando el Colegio tenía pocos años de vida y estaba dominado por un sector de la Unión Cívica Radical. Por ese entonces, el tradicional Colegio de la calle Montevideo -vinculado a los grandes estudios porteños- dominaba la agenda de la abogacía y hacía lo imposible por esconder al CPACF.

 

 

Mientras “pateaba” tribunales, armó un programa de radio que bautizó “Gente de Derecho”, como luego denominó a su agrupación, que, repiten sus detractores, “nació de la nada”. Supo leer el contexto y el hartazgo del “abogado de a pie” para con los históricos jerarcas de la abogacía porteña y, además, con la “pasividad” del radicalismo gobernante del Colegio ante normativas dañinas para la profesión, como la creación de la caja de seguridad social para los matriculados (Cassaba).

Ésa fue su bandera y el nicho que encontró para irrumpir en la vida política del CPACF desde el año 2006, cuando dio la novedad y ganó las elecciones por escaso margen. Rizzo cree que llegó para “limpiar” el Colegio y “devolverlo” a los matriculados comunes. Un relato épico autoconstruido que coincide con su personaje de ficción favorito. Pasan los años y Rizzo aún devora los cómics de Batman, el héroe que limpió Ciudad Gótica.

En 2004 no consiguió los avales para presentar su candidatura y dos años después fue electo presidente. Desde esos comicios, jamás perdió en el Colegio de Abogados porteño. Acumula siete triunfos consecutivos y jamás cedió el control: alterna la presidencia con dirigentes de su espacio que le juran lealtad y a quienes conduce. La racha es distinta en la Magistratura, aunque hace casi una década que tiene influencia en los organismos judiciales de la Nación y la Ciudad.

Ricardo Lorenzetti es un aliado clave de Rizzo  “Jorge puede decir cosas que el presidente de la Corte jamás diría”, apunta un colaborador del abogado. En ese marco se entienden los dardos del titular de Gente de Derecho hacia Elisa Carrió, enemiga pública número uno del supremo.

En el mundillo de los abogados porteños, sus detractores, aunque también sus aliados, hacen fila para cuestionar sus modos y criticar su estilo personalista de conducción. Sin embargo, nadie desconoce su gestión gremial: desde que asumió, abrió el Colegio para los “abogados sin corbata”. Logró que matriculados anónimos y de recursos distintos a la aristocracia letrada de la zona de Tribunales tengan un lugar donde trabajar, hacer impresiones, consultar fallos. A su vez, merced a sus vínculos políticos, logró beneficios para los matriculados como convenios con el Banco Ciudad y servicios como trámites para tramitar el pasaporte o el DNI.

Su perfil público chocante, lindante con lo grotesco, a veces no condice con su comportamiento a puertas cerradas. Sus colaboradores recuerdan una frase que repite de manera constante y que exhibe un lenguaje que, al menos en el fuero público, los dirigentes políticos evitan. “Los boludos son perfectos; sueñan boludeces hasta cuando duermen”, piensa Rizzo, conocido por lanzar insultos, algo que jamás buscó esconder.

Si bien se recitan infinidades de anécdotas e historias de gritos, enojos y gestos agresivos, incluso un confuso episodio callejero en el que portaba un arma, en los encuentros bilaterales se corre del personaje que adopta en las campañas electorales, los medios de comunicación y en las redes sociales, que él mismo maneja. Tiene llegada a formadores de opinión de la TV y los principales matutinos y dialoga seguido con editorialistas, razón por la cual su gestión está muy presente en los medios de comunicación y muchos profesionales de los medios hacen público el respaldo a su conducción y hasta piden su voto. Cada periodista de renombre que lo visita en su despacho de la Avenida Corrientes se lleva una sorpresa.

 

 

“Le gusta jugar con lo bizarro, pero es un tipo culto y leído con el que se puede hablar. Te sentás a tomar un café y es otro tipo”, sostienen sus adláteres. En el trayecto de su casa de Villa Ortúzar hacia el microcentro no le alcanza el tiempo, pero cuando llega elige siempre la misma mesa en el bar La Giralda y se sienta a leer. Bebe café y se pone furioso si lo interrumpen. Gusta de leer libros sobre relatos históricos, aunque en los últimos tiempos se sumergió en las novelas de suspenso judicial del estadounidense John Grisham.

Sin embargo, su fanatismo preferido es por el Club Atlético Independiente, que sigue a todos lados y jamás se pierde los encuentros de local en Avellaneda. Viajó a la final en el Maracaná para ver el empate entre El Rojo y Flamengo y la consagración del equipo de Ariel Holan en la Copa Sudamericana 2017.

Pese a su alegría, derrochada en ráfagas de mensajes en Twitter, no hubo brindis: Rizzo evita el consumo de alcohol. Su oficina está repleta de caja de vinos que le regalan y jamás abrió. Evita las cábalas, pero tiene un ritual casi sagrado que respeta: todos los domingos come en The Oldest Resto Bar, en el barrio de Colegiales.

 

 

INFLUENCER. Gente de Derecho es Rizzo. Construyó su poder en soledad y así lo mantiene desde 2006. No existe la “mesa chica” ni tampoco lanza encuestas entre sus colaboradores para tomar una decisión. Decide y va a la carga. Por ese temple, ha sufrido reiterados reveses e incluso generado escaladas públicas de conflicto con sus aliados circunstanciales.

La más reciente y conocida fue la que protagonizó con Angelici. La alianza entre Rizzo y el PRO comenzó de la mano del ex presidente de Boca, que fue quien primero especuló con la posibilidad de unificar su agrupación con los abogados macristas y los matriculados radicales de su entorno. Tras casi un año de fuego cruzado, firmaron la paz en la previa a las últimas elecciones del CPACF, que volvieron a demostrar la hegemonía de la alianza entre Gente de Derecho y PRO, aunque los números bajaron en comparación con los comicios de 2016. Angelici también avizoró este escenario: fatigó a sus colaboradores y los hizo buscar votos en cada repartición de gobierno donde podría haber votos amarillos.

El PRO necesitó a Rizzo para llegar al Colegio de Abogados de la Capital. El macrismo siempre tuvo vínculo con el Colegio Montevideo, pero con la antigua entidad no alcanza para penetrar en el mundillo de los abogados. A pesar de que buena parte del macrismo reprueba su perfil, acepta sus condiciones y juega en sociedad en cada elección. El PRO siempre hace prevalecer su interés por mantener lugares en las magistraturas de la Nación y la Ciudad y, como contrapartida, se presenta como socio minoritario en el CPACF y le deja el dominio total a Rizzo.

En el último año, entabló un mejor diálogo con Clusellas. El secretario Legal y Técnico y amigo personal de Macri convenció a la plana mayor de Cambiemos de mantener el acuerdo este año, a pesar de que Angelici propiciaba una ruptura. Las aguas se calmaron con una frase de Clusellas que convenció al Presidente: “No llegamos”. El PRO no puede ganar las elecciones sin Gente de Derecho. Durante años, buscó una figura propia para pintar de amarillo el Colegio, pero jamás la encontró. Esa idea vuelve a nacer cada dos años, pero, como un búmerang sin control, naufraga en cada elección.

 

 

Lorenzetti y Rizzo en el brindis de fin de año de la Corte realizado en 2015 (FOTO: CIJ)

 

Antes de su acercamiento al PRO, Rizzo gozó de buen vínculo con el kirchnerismo. Su conexión con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner era el entonces jefe de Gabinete Aníbal Fernández. Además, tiene estrecha relación con los senadores peronistas Miguel Ángel Pichetto y Rodolfo Urtubey, a quienes les fatigó el celular durante el debate por la ley de honorarios. Para esa normativa, que Rizzo considera propia, el titular del Colegio debió pedir auxilio a sus aliados macristas. Otra vez, Clusellas fue su salvavidas. Los ministros Jorge Triaca (Trabajo) y Francisco Cabrera (Producción) hicieron lo imposible por voltear la ley. Aducían que encarecería los costos de los juicios laborales y se avecinaba un frente de tormenta con las empresas.

La normativa abrió una grieta en el gobierno de Macri. El Presidente habló públicamente de la mafia de los juicios laborales como impedimento para el desarrollo productivo y empresarial, pero sus legisladores debatían cómo incrementar los honorarios de los matriculados. La ley salió, Macri no vetó y Rizzo la utilizó como caballito de batalla para hacer campaña. No obstante, la oposición a Rizzo repudia la nueva ley porque establece montos mínimos que “pauperizan” la labor de los matriculados.

Rizzo cree que llegó para “limpiar” el Colegio y “devolverlo” a los matriculados comunes. Un relato épico autoconstruido que coincide con su personaje de ficción favorito. Pasan los años y Rizzo aún devora los cómics de Batman, el héroe que limpió Ciudad Gótica.

Los radicales presentaron un pedido ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación para modificar el cálculo y extender el límite de la Unidad de Medida Arancelaria. Básicamente, buscan incrementar los honorarios y no ponerle un cepo, como lograría la legislación aprobada por el Congreso.

En el máximo tribunal hay un aliado importante de Rizzo. Ricardo Lorenzetti mantiene una excelente relación con el presidente del Colegio. “Jorge puede decir cosas que el presidente de la Corte jamás diría”, apunta un colaborador directo de Rizzo. En ese marco se entienden los dardos del titular de Gente de Derecho hacia Elisa Carrió, enemiga pública número uno del supremo.

En la intimidad, Rizzo se ufana de haber “frenado” el paquete de reforma judicial que impulsaba el kirchnerismo en 2013 y que había titulado pomposamente como “democratización de la Justicia”. El centro de la cuestión era la elección popular de consejeros de la Magistratura, que arrastraba una feroz oposición de macristas, radicales y buena parte del Poder Judicial.

El recurso de amparo presentado por Rizzo era uno de muchos. La Justicia avaló su declaración de inconstitucionalidad en primera instancia, el Gobierno apeló y pidió un Per Saltum. Tiempo después, la Corte fallaría en contra de la propuesta de Cristina y en favor de Rizzo. El detrás de escena quedará para la historia: tras una larga negociación, Lorenzetti acordó con CFK que avalaría el recurso de amparo de Rizzo, gran aliado de Aníbal en la Justicia nacional y, en especial, en la Magistratura de la Nación, cuando los jueces cercanos al gobierno kirchnerista no atravesaban un buen momento, como el salvataje a Norberto Oyarbide durante 2010, cuando se desestimó la denuncia contra el magistrado por el sobreseimiento que dictó en 2009 en beneficio del ex presidente Néstor Kirchner en la causa que lo investigó por presunto enriquecimiento ilícito.