LA INTERNA DE CAMBIEMOS

Como Peña en Congreso, el jefe de Gabinete porteño suma bronca en la Legislatura

“La Jefatura de Gabinete tuvo algún que otro desmanejo. Esto no es una escribanía”, cuestionó Ferraro en diálogo con Letra P. La grieta que abrió la prohibición a los trapitos.

Sobre el final del tercer año de gestión de Horacio Rodríguez Larreta, la Legislatura porteña vuelve a experimentar una especie de tensión con el Gobierno de la Ciudad. El encono es particular tiene un área determinada: la Jefatura de Gabinete que conduce Felipe Miguel. El ministro coordinador  choca nuevamente con las principales espadas del bloque oficialista Vamos Juntos, que cuestionan el trato del Ejecutivo y reclaman un mayor debate interno.

 

El primero que alzó la voz fue el vicepresidente primero de Vamos Juntos y flamante presidente de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro. "La Jefatura de Gabinete tuvo algún que otro desmanejo. Esto no es una escribanía”, cuestionó ante la consulta de  Letra P.

 

La bronca se concentra especialmente en el partido de Elisa Carrió en la ciudad, pero la chaqueña está fuera de la disputa. Al mismo tiempo, los referentes de Lilita buscan correr a Rodríguez Larreta y el  vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, de ese pase de facturas. “El jefe de Gobierno y el vicejefe tienen consideración política y entienden un contexto más allá del cumplimiento de un Excel de gestión”, agregó Ferraro.

 

 

Ferraro y Carrió, su jefa política.

 

 

Lo que sucede con Miguel tiene correlato a nivel nacional: los interbloques de Cambiemos en el Senado y Diputados experimentan la misma furia hacia Marcos Peña, a quien apuntan y cuestionan por enviar proyectos de ley sin consulta previa y con escaso margen para avanzar en una negociación con la oposición. De hecho, la bronca con la Jefatura de Gabinete porteña no se agota en la Coalición Cívica. Son varios los legisladores macristas que, a sottovoce, cuestionan el esquema del ministro coordinador y su presión para que avancen rápido las iniciativas que pide el Ejecutivo.

 

Miguel es íntimo de Larreta y está a cargo del control de la gestión económica del Gobierno porteño. Sigue al dedillo las cuentas de los organismo y tiene bajo su órbita la estructura que audita diariamente la gestión: el tablero de control. Si bien trabaja hace tiempo con el jefe de Gobierno, no es parte del organigrama ministerial que se inició con el Grupo Sophia, como los ministros Soledad Acuña (Educación), Martín Mura (Economía y Finanzas) y Guadalupe Tagliaferri (Seguridad). Por su estilo, al comienzo de la gestión tuvo cruces con los comuneros oficialistas y con un sector del oficialismo parlamentario, pero Larreta siempre lo sostuvo. En los últimos meses empezó a cobrar protagonismo y, siempre con el aval de Larreta, a recorrer la calle un poco más que el resto del elenco porteño. Por iniciativa propia hizo horas extra: su equipo le armó una agenda "de fin de semana" para visitar obras de Gobierno, al margen de las reuniones de vecinos que encabeza el alcalde o los timbreos que se administran desde el sello PRO.

 

Ferraro milita junto a Carrió hace más de dos décadas e integra el oficialismo porteño desde que el PRO de Rodríguez Larreta acercó posiciones con la Coalición Cívica, a principios del 2016. Esa sinergia se coronó con la elección legislativa del 2017, cuando la chaqueña compitió en la Ciudad y superó el 50% de votos. La jefatura de campaña estuvo en manos de Ferarro y Santilli, que trabajaron en tándem y recibieron el beneplácito público de Lilita en pleno búnker oficialista.

 

 

 

El enojo de la Coalición Cívica se puede leer bajo aspectos particulares y generales. En lo que respecta a lo general, parte del oficialismo legislativo cuestiona la imposición del Gobierno en torno al paquete de leyes de fin de año que se envió a Perú 130. Lo que ocasionó urticaria durante el 2018 fue la diferencia temporal entre el reclamo de la Jefatura de Gabinete para aprobar las leyes contrastado con los tiempos parlamentarios. Si bien Larreta tiene 34 votos propios y se asegura la mayoría para una enorme cantidad de temas, las leyes que requieren 40 votos ralentizan el proceso de negociación.

 

El aspecto particular, y el más notorio, fue el Código Contravencional, que se redactó en las oficinas de Miguel. Ese texto incluía la prohibición de la actividad de los trapitos y, pese a los constantes reclamos de modificaciones por parte de la Coalición Cívica, el gobierno esquivó los llamados del lilismo. “Sostuvimos nuestra postura histórica. No creemos que a una persona se la pueda penar por su apariencia, sino que se le debe aplicar una pena, una contravención por lo que hace. Tener un criterio que viole ese espíritu nos puede llevar a lo que es el derecho penal de autor, que es penar a una persona por lo que es y no por lo que hace”, advirtió Ferraro.

 

Finalmente, los cuatros legisladores de la Coalición Cívica votaron en general el Código Contravencional, pero rechazaron el artículo de trapitos. Como adelantó Letra P, Rodríguez Larreta consiguió el apoyo de Martín Lousteau y Roy Cortina. Era el voto de confianza que el jefe de Gobierno esperaba, tras decidir posponer el reparto de cargos en la Defensoría del Pueblo porteña. El organigrama de ese organismo sufrirá modificaciones en marzo y, en la lógica del oficialismo, el radicalismo porteño y el ex embajador "se ganaron un poroto".

 

“Por supuesto que hay que dar respuestas a cierto hartazgo que puede tener la sociedad. Pero creemos que había posibilidades de dar respuesta sin romper la postura histórica de la Coalición Cívica en este debate que lleva muchos años en la Legislatura. El Gobierno quizás no entendió nuestra postura”, subrayó el diputado de la Coalición Cívica. 

 

-Pero su partido habló de “desmanejos” en el tratamiento y negociación de la ley.

 

-Creo que hubo algunos sectores del Poder Ejecutivo, principalmente de la Jefatura de Gabinete, que no entendieron o no quisieron comprender o tratar de encontrar un acuerdo. Nosotros no somos escribanos de nadie.

 

-¿Qué quiere decir con eso?

 

-Que algunos funcionarios tendrían que aprender del propio jefe de Gobierno y el vicejefe de Gobierno, que sí creo que tienen consideración política y entienden el contexto más allá del cumplimiento de un Excel de gestión. Una coalición parlamentaria como Vamos Juntos es mucho más que la lectura fría y calculadora de las planillas de Excel o el cumplimiento de esos objetivos.

 

-Pero Larreta hace un culto de ese control de gestión.

 

-Sí, por supuesto que sirve. Pero no es solamente eso. Por eso creo que algunos funcionarios de alto rango de esta Ciudad tendría que poder aprender de Rodríguez Larreta y Santilli, con quienes la Coalición Cívica tiene una excelente relación.

 

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