Cuando se consolida, el poder alinea, somete y domestica. Lo vivió esta semana el líder del gremio de Obras Sanitarias, José Luis Lingeri, que pasó de poner su oficina para evaluar la posibilidad de un paro general de la CGT a acompañar al presidente Mauricio Macri y a la gobernadora bonerense, María Eugenia Vidal, en la inauguración de obras de AYSA en Lomas de Zamora. El dirigente ya había recibido el primer apercibimiento cuando el Ejecutivo decidió correr del cargo a Luis Scervino, el hombre de Lingeri en el manejo de las obras sociales. Pero no es el único que sucumbió a las decisiones ajedrecísticas del poder federal. Cuentan en el entorno del líder de los Porteros, Víctor Santamaría, que la mayoría se pregunta a diario por los rumores de intervención al Suterh. Una movida que se agita aún más tras la furia de Casa Rosada por las notas de Horacio Verbitsky en Página 12, en las que develó filtraciones del blanqueo de capitales involucrando a familiares y relaciones cercanas del presidente y sus funcionarios.
El que mejor comprendió el nuevo escenario y se alistó rápido fue el jefe de la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA), Gerardo Martínez. Desde mediados de año charla seguido con fuentes oficiales y se lo ve salir periódicamente del Ministerio de Trabajo después de las ocho de la noche, cuando el edificio ya está casi desierto y sólo lo espera su chofer en la puerta de una avenida Alem desagotada de tráfico. Otro de los Gordos que también atraviesa una forzada luna de miel con Cambiemos es el mecánico de SMATA, Ricardo Pignanelli, que integrará un panel en el Coloquio Empresario de IDEA a celebrarse en Mar del Plata la semana previa a las elecciones. Allí, habrá desfile de funcionarios nacionales.
Este camino hacia un cegetismo herbívoro no es un accidente. Es producto de un trabajo de desgaste y condicionamiento que ni siquiera precisó tensar demasiado la cuerda. La fílmica detención del titular de Uocra La Plata, Juan Pablo “Pata” Medina, actuó como una exhibición de poder de fuego, sin mayor intención que la de ejemplificar. Recayó sobre un dirigente particular, un peronista no alineado, sin padrinos políticos con poder y con métodos repudiables. Un copy paste de la embestida judicial contra el jefe de los Marítimos, Omar “Caballo” Suárez, hoy preso por delitos varios. Un show de probado éxito electoral que ranquea alto en los focus group que utiliza el Gobierno, sobre todo con recepción exagerada entre los sectores medios de la sociedad. Si bien esa parte del conglomerado rechaza mayoritariamente al sindicalismo peronista y de izquierda, la avanzada de la Nación contra los gremios tiene un esquema interna de control de daños. En Casa Rosada aseguran que, más allá de las advertencias públicas del propio Macri y del discurso anti mafias que será utilizado en campaña, no habrá profundización de la contienda con los sindicatos. Sí sirve para poner a los caciques en alerta.
Una alta fuente de los organismos de control del macrismo contó a Letra P la cantidad de legajos que encontraron con irregularidades de los titulares de gremios. La más conocida es la pila de Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS) que hace muchos años emitió el Banco Francés, que apuntan a manejos de uno de los más grandes dirigentes gremiales. Hoy, después de tanto tiempo, esos papeles siguen descansando en los escritorios de la Unidad de Información Financiera (UIF).
Saludo uno. Macri alinea en silencio a los caciques sindicales.
Un empresario de la UIA, incluso, duda de la selectividad en la elección del enemigo “trabajador”. Contó que era habitual verlo al recientemente fallecido “Momo” Gerónimo Venegas, de los peones rurales de Uatre, usar jets privados para volar 300 o 400 kilómetros, acompañado de su familia. Hay una teoría entre los empresarios sobre la corrupción en gremios: los viciados son los que contratan con el Estado, que por años hicieron negocios con los privados de esos rubros. Pero aclaran que hoy la lógica es otra. Un ejemplo, alimentado por la realidad del Pata-Gate, es la situación de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO): varias fuentes de esa entidad contaron a Letra P que la operación Medina estaba en marcha desde hacía ya tres meses y que en la estrategia aportaron un poco cada uno. “Quemamos el fusible”, graficaron, mientras se entusiasman con celebrar el próximo 5 de octubre una Convención Anual de la Construcción que por primera vez hará gala del saneamiento sectorial tras años de oscurantismo. Atrás quedaron las denuncias a dirigentes con vínculos con el kirchnerismo, como Carlos Wagner, y las críticas cruzadas de licitaciones a medida. Mucho tuvo que ver en el blanqueo del sector el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que ni bien desembarcó puso condiciones de limpieza total.
Todo este escenario presumiblemente saneado tuvo esta semana un breve ruido en la línea cuando se conoció que Nicolás Caputo, el mejor amigo del presidente, se hizo con una importante licitación de energía eléctrica que, aseguran, estaba definida desde hacía varias semanas.
ECONOMÍA CON DOS CARAS. Con viento a favor en el momento clave anterior a los comicios, el Gobierno no sólo se expresó con gestos de la vieja política artesanal en el frente sindical. Por primera vez en mucho tiempo empezó a comunicar de una manera distinta, lo que le permitió vencer a la oposición en la batalla cultural y penetrar con mensaje en los medios masivos.
Hubo esta semana un caso menor pero sobreestimado por buena parte del periodismo que se dedica a cubrir informaciones vinculadas a datos estadísticos. El miércoles último, ardió en quejas un chat que la gente de comunicación del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) armó a para informar las cifras de diferentes indicadores. Unas horas antes, la web de La Nación había publicado las cifras de mejora del 4,9% en la actividad económica (EMAE), información que no había llegado aún a la prensa en general. Afecto a la competencia en igualdad de condiciones, el periodismo que no encontró antes el dato bramó en diferentes idiomas. Y hasta se quejó de una violación al secreto estadístico, un bien que hasta entonces supo cuidar la gestión de Jorge Todesca.
Para salir del paso, fuentes oficiales le atribuyeron el error a una interna en Cambiemos para limar en el cargo al ex consultor que combatió con Guillermo Moreno. Pero el dato salió de un funcionario nacional de alto rango. Detrás de la anécdota está el entusiasmo que tiene el Gobierno con los datos que viene cosechando en casi todos los rubros. Suba del 13% en la construcción, reducción de la pobreza en un 1,7%, y las fábricas produciendo un 5,1% más. Hasta incluyeron dentro de la comunicación un alza del consumo privado superior al 3%, que aglutina los ítems que el Gobierno considera y que elude las bajas del gasto más básico de los hogares. El ministro de Finanzas, Luis “Toto” Caputo, fue incluso más allá en la construcción de la victoria económica, y aseveró, en un encuentro de la Fundación FIEL, que el crecimiento económico está sustentado en la inversión y las exportaciones. Y que en 2018 habrá un boom de créditos hipotecarios.
En La Rosada observan que esta realidad se instaló en los medios con una fuerza electoral ni siquiera soñada por los más optimistas pronosticadores. Y que hoy se han derribado casi todos los puntales del relato del kirchnerismo: se puso en alerta a la sociedad sobre las mafias enquistadas en el poder; la economía creció cuando le auguraban un desplome y se encararon reformas de fondo. Con todo esto, Cambiemos logró pasar a un segundo plano la crítica de sectores peronistas y de izquierda sobre la economía, dejando como única crítica feroz la de aquellos economistas ultra que corren al Gobierno por derecha y le piden más ajuste. Un combo con alto vuelo electoral pero con matices que algunos resaltan.
En la expo del sector textil que organizó el lunes la Fundación Pro Tejer en el Hotel Hilton, se puso de manifiesto que lo que a la economía le falta es, precisamente, cambios de fondo. Jorge Sorabilla, titular de la entidad, consideró urgente la reforma impositiva y hasta se animó a dudar del modelo industrial que aplica Cambiemos. No fue el único concepto contra-cíclico que le pone paños fríos al entusiasmo económico nacional. Hace unos días, cuando un alto funcionario de Macri visitó la UIA, el ítalo argentino titular de la FIAT, Cristiano Rattazzi, lo recibió con loas y con los números de venta de autos, uno de los rubros que Economía usa para mostrar activo al consumo. “Es récord”, le dijo en su simpático tono italiano. Desde el otro lado de la mesa, con picardía, acotó el jefe de los metalúrgicos de ADIMRA, Juan Carlos Lascurain, que es cierto, pero que el 80% de lo que se vende es importado.
Entre los industriales entienden, además, que, más allá del fervor de Caputo, lo que le falta a la economía es inversión, exportaciones y ordenar las importaciones. El último dato de las ventas externas es muy malo: el déficit en la cuenta corriente de bienes alcanzó los u$s 835 millones, producto de una caída de u$s 27 millones en las exportaciones y un salto de u$s 2453 millones en las importaciones (18%, tras aumentar 8% los precios y 9% las cantidades). Un rojo serio.
Los empresarios, además de preocuparse por el nivel de toma de deuda y las inversiones externas que no llegan, esperan que esta puesta en escena de la economía tenga cambios radicales después de octubre. En el Gobierno, por ahora, el gradualismo es rey y pretende ocupar el trono por un tiempo más largo.