15|5|2022

La economía recalculada, bajo la lupa de la generación sub 40

31 de diciembre de 2017

31 de diciembre de 2017

Seis economistas jóvenes de diferentes tendencias e ideas analizan la política económica de Cambiemos tras las correcciones de esta semana. Dólar, industria, deuda, crecimiento e inflación. 

El año económico del Gobierno y la perspectiva para el 2018, bajo la lupa de especialistas jóvenes de diferentes tendencias. Federico Furiase, titular de Eco Go y docente de la Universidad Di Tella; Mariano Kestelboim, economista con amplia experiencia en sectores industriales; Paula Belloni, docente de la Univerisdad Nacional de La Plata y especialista del Centro de Estudios para el Cambio Social (CECS); Martín Kalos, de EPyCA Consultores; Florencia Galváneconomista y analista de mercado de capitales; y Leandro Mora Alfonsín, economista y docente en UBA y UCES, bucean en los resultados de las políticas implementadas en 2017, en los aciertos y errores del Gobierno y en el impacto que tendrán las decisiones actuales en el escenario nacional del año próximo. Inflación, déficit fiscal, comercial, crecimiento, producción y deuda, bajo la lupa de los especialistas. 

 


Furiase: “Veo un crecimiento de 2-2,5% y una inflación del 19,3%”
 

 

El balance 2017 es bastante positivo, porque se logró generar un crecimiento en la zona de 2-8%, con una inflación que pudo bajar de la zona de 39% a un 24,5%. Si bien estuvo arriba de la meta del 17%, hay que tener en cuenta que se logró bajarla en un proceso de tipo de cambio que flotó, que subió cuando hubo tensión cambiaria, en un contexto donde las tarifas en promedio subieron un 53% y donde las paritarias se mantuvieron en una zona del 27%.

 

El 15% de inflación sigue siendo difícil, porque calculamos que la suba de tarifas de 2018 le agregará 3,4 puntos a la inflación.

El Talón de Aquiles de este gradualismo fiscal con metas de inflación exigentes fue la restricción externa, en el sentido del aumento del déficit de la cuenta corriente externa dado por el atraso del tipo de cambio real, el estancamiento de las exportaciones, el tirón de las exportaciones por el crecimiento en base a la inversión y el aumento en la carga de los intereses de la deuda. En ese contexto, esta postergación de las metas hace que el Banco Central se permita ser menos ansioso en la velocidad con la que pretende la inflación, mientras se corrige gradualmente el déficit fiscal y eso empieza a resolver cierta tensión. Porque permite mejorar el tipo de cambio real de las exportaciones, bajar la tasa real a la que se financian las pymes en el mercado financiero local y generar cierto espacio desde la demanda de dinero para que haya cierto desarme gradual de Lebacs hacia los bonos del Tesoro en pesos.

 

Eso permitiría generar cierta liquidez, en tanto y en cuanto la demanda acompañe, para también financiar el crédito al sector privado, que va a ser lo que moverá el amperímetro del crecimiento el año que viene. Si creceremos en la zona de 2 o 2,5%, dependerá de cuánto se podrá expandir el crédito al sector privado en pesos, dado que el ajuste fiscal, vía suba de tarifas y la reforma previsional junto con paritarias que van a estar ajustadas, va a generar un salario con poco driver para movilizar el consumo.

 

Desde el lado de la inflación, el 15% sigue siendo difícil, porque calculamos que la suba de tarifas de 2018 le agregará 3,4 puntos a la inflación, con una paritaria que va a estar entre la inercia inflacionaria pasada y la meta en la zona de 18%. Entonces, para acercarte, no va a quedar otra que el BCRA le ponga un piso a este escenario de baja de tasas que vino ensayando, para ponerle un techo al dólar y vía la tasa generar una dinámica del dólar que vaya por detrás de la inflación, después del colchón cambiario ganado con esta corrección cambiaria. Así, veo un crecimiento de 2 o 2,5% para el año que viene, con una inflación de 19,3%, que se explica con salarios creciendo promedio 19%, tarifas de regulados creciendo 49% y un tipo de cambio por detrás de una inflación moviéndose un 15%. Se corrigió al alza por la postergación de las metas de inflación.

 

Kestelboim: “El déficit externo es el talón de Aquiles”

 






El mayor problema del modelo es el déficit de cuenta corriente. El Gobierno asumió con uno moderado en 2015 (2,9% en relación al PBI), pero las políticas aplicadas lo han agravado demasiado. Este año cerrará con un rojo equivalente a más del 5% del PBI.

 

La liberalización comercial fue perjudicial, pero más grave ha sido la promoción del negocio financiero en detrimento del productivo, financiado con endeudamiento externo.

La liberalización comercial fue perjudicial, pero más grave ha sido la promoción del negocio financiero en detrimento del productivo, financiado con endeudamiento externo. Acumuló compromisos por 102.000 millones de dólares en los dos últimos años. Esa política agudizará aun más el problema. No sólo habrá que devolver el capital, sino que también los intereses comenzarán a pesar más.

 

El tipo de cambio es un instrumento necesario pero debe estar acompañado de muchas más herramientas que generen incentivos al desarrollo productivo. Entre otras, no debe faltar el direccionamiento del crédito a la inversión productiva, la creación de parques industriales, el estímulo directo y fuerte a favor de las exportaciones de bienes con valor agregado, las compras públicas para dinamizar la industrialización y la generación de proveedores locales y una regulación de las importaciones articulada a las necesidades productivas. Lamentablemente, lo hecho es muy escaso y se perdió tiempo vital en favor de negocios financieros. Más allá de la suba reciente del tipo de cambio, se trata de un comportamiento que no resolverá este gran problema. Sin transformaciones estructurales que permitan compensar el atraso cambiario con ganancias de productividad, la mayor dependencia del endeudamiento es letal.

 

 

Belloni: “Profundización y pronóstico desfavorable para el 2018”

 

 

 

Se cumple un nuevo año de gobierno de Cambiemos y el balance del esquema económico llevado adelante muestra que, lejos de poder resolver los problemas y límites económicos de los últimos años del kirchnerismo, asistimos a su profundización y un pronóstico desfavorable para el 2018 para las mayorías populares.

 

La errada caracterización de la inflación llevó al sostenimiento de altas tasas de interés de las Lebacs que fracasaron rotundamente en su cometido. En su lugar, acumulamos un alto costo por los intereses pagados, la latente posibilidad de una corrida hacia el dólar y efectos contractivos en el consumo y la inversión productiva.

 

La leve reactivación en la actividad económica de 2017 no tuvo su correlato en la generación de empleo y no alcanzó para recuperar lo perdido en 2016

El déficit fiscal no pudo reducirse. Aun cuando el gasto público se contrajo selectivamente e ingresaron fondos extra por el blanqueo, en el marco de la enorme transferencia de ingresos a diversas fracciones del capital más concentrado que se llevó adelante en 2017 a través de la eliminación y/o reducción selectiva de impuestos al capital, el gobierno de Cambiemos resignó recursos y acumula un alto y creciente costo por intereses de la deuda.

 

La apuesta a ser el “supermercado del mundo” tampoco funcionó. Repitiendo la historia de los noventa, la desregulación y la liberalización comercial tuvieron como resultado uno de los déficits comerciales más grandes de nuestra historia y un deterioro notable de la restricción externa.

 

Dichos resultados se dieron sosteniendo un inédito proceso de endeudamiento externo, que se utilizó para convalidar la remisión de utilidades, la fuga de capitales y la transferencia de ingresos vía política fiscal.

 

La leve reactivación en la actividad económica de 2017, sustentada en un puñado de sectores (construcción, automotriz, finanzas), no tuvo su correlato en la generación de empleo y no alcanzó para recuperar lo perdido en 2016. Y junto con las reformas previsional, fiscal y el proyecto de reforma laboral oficial intentan profundizar en 2018 un modelo de desarrollo sumamente excluyente y polarizador.

 


Kalos: "un año clave para la economía de Cambiemos"
 

 




2017 fue un año bisagra para el modelo económico de Cambiemos. Tras la recesión de 2016, la economía se recuperó, liderada por los sectores tradicionales primarios y los perjudicados por intervenciones económicas excesivas bajo el kirchnerismo, aunque tardó en llegar a los rubros intensivos en mano de obra. La inversión fue la punta de lanza del crecimiento de la demanda, concentrada en maquinaria importada y en construcción. La reducción del déficit primario público se explicó por menores subsidios energéticos y mayor recaudación (por el blanqueo y el crecimiento económico).

 

La conjunción de menor déficit fiscal, baja en la inflación, crecimiento económico y menor presión tributaria en un mismo año es inédita en la historia argentina.

El consumo continuó sufriendo la persistencia de los altos índices de desempleo y pobreza, con salarios que no recuperaron la pérdida de poder adquisitivo de 2016. Sí se elevó el consumo en los hogares de mayores ingresos y en los que accedieron a los programas de préstamos que impulsó el Gobierno. La inflación retornó a sus niveles previos a 2016, evidenciando un piso difícil de perforar sólo con política monetaria contractiva. Destacable: la conjunción de menor déficit fiscal, baja en la inflación, crecimiento económico y menor presión tributaria en un mismo año es inédita en la historia argentina.

 

El déficit comercial empeoró a un ritmo imprevisto hasta para los más pesimistas, de la mano de la liberación de buena parte de las importaciones y con un sector exportador que no encuentra aún un espacio para competir con nuevos productos. La especulación financiera acaparó gran parte de los capitales que ingresaron al país. El bajo endeudamiento heredado permitió al Gobierno concretar la mayor toma de nueva deuda de la historia de nuestro país. En gran medida, la deuda es lo que sostuvo la economía en 2017: ya sea la pública que permitió a Cambiemos implementar reformas graduales en materia fiscal, o la deuda privada promovida por el Gobierno que permitió a muchos hogares no ajustar tanto su consumo.

 

 

Galván: “El gran desafío es la restricción externa”

 

 

 

Respecto a las metas establecidas por el Gobierno, para el año 2017 se puede detectar un crecimiento en términos de PBI e inversiones, pero una gran dificultad en alcanzar los objetivos propuestos de inflación y de reducción de déficit fiscal y corriente. Particularmente el crecimiento del 3% del PBI fue impulsado por la construcción y la inversión. Un incremento de tal magnitud no se veía desde el año 2010, lo cual fortalece al Gobierno en este aspecto.

 

El Gobierno consiguió acertar en el incentivo a la inversión y el PBI, pero no pudo cumplir con su gran objetivo de desinflación y reducción de déficits gemelos.

Por otro lado, desafortunadamente la inflación acumulada de 2017 culminará en un 24%. Éste, a mi entender, fue el mayor desacierto del Gobierno: establecer un rango inflacionario oscilante entre 12% y 17% que llegó a duplicarse, generando descontento y desconfianza debido a salarios atrasados, quita de subsidios y aumento de tarifas.

 

Una variable destacada también fue el déficit fiscal, acumulando un 4% del PBI con un efecto de apreciación en el tipo de cambio por endeudamiento. El gran desafío en este sentido para el Gobierno es la restricción externa y la obtención de dólares para poder reducirlo gradualmente. Con respecto a inversiones, las grandes figuras de este año fueron las Letras. Las Lebacs proporcionaron una buena oportunidad para el ahorrista, siendo las mismas una alternativa para ganarle al peso y también al dólar.

 

En materia bursátil, el balance fue definitivamente positivo: máximo histórico del MERVAL, representado en un incremento del 71%. A nivel general, la Bolsa tuvo buen desempeño tanto en precios como volumen, destacándose principalmente a las empresas energéticas y financieras. Habiendo relevado estos puntos, se concluye que, ante un delicado escenario, el Gobierno consiguió acertar en el incentivo a la inversión y el PBI, pero no pudo cumplir con su gran objetivo de desinflación y reducción de déficits gemelos.

 

 

Mora Alfonsín: "Pasar de recuperación al crecimiento"
 

 

 

En un marco de “reforma permanente”, restricción externa y obligaciones fiscales y financieras en debate, la economía argentina tiene como desafío en 2018 pasar de la recuperación al crecimiento. Dejarán de ser una base de comparación cómoda los magros indicadores de 2016, quedando más expuestas las heterogeneidades de los sectores productivos. A su vez, se convivirá con las tensiones monetarias, cambiarias y de reducción del déficit con relajación de impuestos, lo que requiere precisión de bisturí para no romper lo ya tensado.

 

Para introducir pautas de crecimiento 2018, es prudente analizar cualitativamente la recuperación de este año que se termina. En los primeros nueve meses de 2017, la economía argentina creció 2,5% interanual, traccionada en gran medida por los notables avances de la construcción, el agro, la intermediación financiera y algunas industrias. Sin embargo, se encuentra en el mismo nivel de 2015, apenas 0,1% arriba. La inversión ha sido la protagonista del crecimiento en 2017, aunque fuertemente concentrada en construcción (lógico en un año electoral) y la incorporación de maquinaria y equipos importados. Por su parte, el consumo ha mostrado una expansión más discreta, pero que aumentó su ritmo a partir de la segunda mitad del año.

 

Es importante que el Gobierno muestre con mayor contundencia una estrategia de política industrial de mediano y largo plazo.

¿De qué depende, entonces, que el rebote se consolide en crecimiento? La recuperación de los ingresos reales es un factor clave para que el consumo mantenga un buen ritmo. La pregunta que se abre en este punto es cómo quedarán las paritarias ante la flexibilización de las metas de inflación. Y, en general, qué tanto lugar habrá para la recuperación del ingreso real en el marco de los esfuerzos que hará el Gobierno para morigerar el déficit fiscal con menor presión impositiva. Por el lado de la inversión, el alto nivel de tasa de interés endurece las posibilidades de financiamiento PyME, del cual es necesario su despegue y su consolidación para no depender de factores dinámicos más volátiles.

 

Más allá del bisturí de política monetaria para bajar la inflación y evitar la dolarización de carteras, al tiempo que se busca atraer inversiones, el desafío en 2018 es consolidar crecimiento de base real en la economía y recuperar la creación de empleo de calidad (en caída en segmentos claves como industria, que representa 1/5 del empleo formal). Para eso, es importante que el Gobierno muestre con mayor contundencia una estrategia de política industrial de mediano y largo plazo que se corra del día a día y que brinde un marco menos propenso a los efectos de ciclo.