19|4|2022

14 de diciembre de 2017

14 de diciembre de 2017

No hizo falta que se filtrara por las ventanas la irritación en la nariz, la garganta y los ojos que provocan los gases lacrimógenos para que el clima post apocalíptico que se vivía afuera se instalara en los pasillos del Congreso. No hizo falta militarizar la Cámara de Diputados del lado de adentro para que la sesión en la que Cambiemos buscaba convertir en ley el ajuste jubilatorio se viviera como se vivía allá, al otro de las vallas que separaban a Gendarmería y la Policía de los miles de manifestantes que se movilizaron hasta esa U que conforman las avenidas Rivadavia y Entre Ríos y la calle Hipólito Yrigoyen. No hizo falta nada de todo eso para sentir lo mismo de uno u otro lado de los muros.

 

La imagen más contundente fue el embudo que se generó en el pequeño pasillo que une la galería del primer piso, donde está la sala de prensa, con el Salón de los Pasos Perdidos. Fue un vendaval de diputados opositores que intentaban ingresar al recinto para denunciar, desde sus bancas, la brutal represión que las fuerzas de seguridad que comanda la ministra Patricia Bullrich perpetraban en la calle. Se vieron empujones, tironeos y un choque entre los legisladores y los responsables de seguridad de la Cámara, que torpemente intentaban pedirles que acreditaran su identidad y veían cómo su tarea de control se tornaba incontrolable.

 

 

La imagen más política, la muestra más clara del desborde, en cambio, la aportó el presidente de la Cámara, Emilio Monzó. Notablemente furioso, acusando un insulto personal y mientras era increpado por un nutrido grupo de legisladores que le dejaban sobre el estrado las vainas servidas de las balas de goma que se disparaban afuera, le soltó una trompada a Leopoldo Moreau.

 

 

 

Ese fue el clímax al que llegó el recinto y que tuvo su punto final cuando la propia Elisa Carrió recomendó levantar todo. “Le pido al presidente que levante esta sesión escandalosa”, sentenció. Antes de que alcanzara el punto de ebullición, Monzó recibió un llamado a la razón más amable. "Hay gente que está sentada que no juró, Emilio. Eso no es quórum. Lo sabés", lo intimó Santiago Igón (FPV). Además, había diputados hospitalizados por exponerse a la represión oficial.

 

No será fácil recomponer los puentes que necesita Monzó para hacer que el trajín parlamentario circule por carriles más o menos aceitados. Quizás por eso es que, en el anochecer del jueves de furia, el Ejecutivo evaluaba sacar la reforma previsional por DNU. Una jugada que le evitará los ánimos caldeados del Congreso pero que difícilmente lleve paz a las calles.

 

El diputado del PTS Nicolás del Caño encaraba para la escalera que conduce a la salida de la Cámara con una alegría casi de festejo de gol. Hacía apenas unos minutos que se había caído la sesión. Afuera, todavía se sentían los escopetazos, que seguían entrada la noche.

 

Carrió se encontró, durante la sesión, en un lugar inédito. Se la vio charlando con los camporistas Andrés “Cuervo” Larroque y Juan Cabandié y, ya con el recinto vaciado, se sumó a una improvisada tertulia junto a, quizás, una de sus históricas archienemigas parlamentarias, la jefa del bloque massista, Graciela Camaño.

 

 

 

“#UnidadOpositora para frenar el ajuste y defender los derechos de los sectores más vulnerables”, tuiteó pasadas las 18 el presidente de bloque del Frente para la Victoria (FPV), Agustín Rossi. La toma era esclarecedora: él mismo estrechado en un emotivo abrazo con el diputado massista y ex titular de la UIA José Ignacio de Mendiguren. El resto de la toma muestra a Axel Kicillof y Facundo Moyano entre risas, a Del Caño hablando con Felipe Solá y a diputados kirchneristas, massistas y del Movimiento Evita aunados.

 

Si de algo sirvió este intento de sesión que adelantó y ordenó el Gobierno fue para testear cómo será la reconstrucción del mapa parlamentario en Diputados.

 

Por lo pronto, en Casa Rosada sirvió para reconocer que, en la profundización del modelo de ajuste, ya no podrá contar con Sergio Massa como su socio fiel –allí se apoyó en los primeros dos años de mandato de Mauricio Macri- y que el látigo a los gobernadores puede servir para domar el Senado, pero que en Diputados el efecto es más difuso e indirecto.

 

"Jubilados, jubilados", fue el cierre de una reunión traumática, conflictiva y que, es probable, haya dejado una marca de fuego en el futuro de la Cámara de Diputados. Fue el debut de la nueva conformación. La primera reunión del cuerpo para discutir el "reformismo permanente" de Macri que avalan los gobernadores y el Círculo Rojo pero que, esta vez, no logró sortear la resistencia social.