Maldita policía

Lilita lo sabe: está golpeando a Vidal

La autora intelectual de Cambiemos tiene claro que, si ataca al jefe de la Policía, le da en el corazón a la gobernadora, que entró en la provincia blandiendo la espada de la lucha contra las mafias.

“Estamos convencidos de dar la batalla contra las mafias, la corrupción y la desidia, por eso (…) empezamos una reforma en la Policía apostando a los que hacen las cosas bien.” María Eugenia Vidal, 1 de marzo de 2016.

 

“Este gobierno no convive ni va a convivir con la corrupción ni con las mafias.” María Eugenia Vidal, 21 de junio de 2016.

 

Elisa Carrió dice que “confía de corazón” en la gobernadora de Buenos Aires. Pero ella más que nadie lo sabe bien, porque si de algo sabe la diputada nacional -instigadora, arquitecta y fundadora del frente gobernante Cambiemos- es del arte de la comunicación: si acusa al jefe de la Policía bonaerense designado por Vidal, que llegó a la provincia de Buenos Aires agitando profusas declaraciones de principios altruistas, de tener vínculos con el narcotráfico, el blanco de sus disparos no es Pablo Bressi. Ni siquiera el ministro de Seguridad, Cristian Ritondo. El destino de su balacera es, indefectiblemente, la propia Vidal.

 

No hay vuelta. Con la transparencia, la honestidad y la lucha contra las mafias como ejes medulares de su relato discursivo y consciente del peso que tiene en la provincia el ejército de 100 mil hombres y mujeres de uniforme, que representa un poder fáctico permanente con inmensa y probada capacidad de daño, no hay manera de desligar a la mandataria provincial de la responsabilidad en la elección del jefe de la Policía. Es imposible suponer que haya delegado esa tarea. No hay posibilidad de pretender que no haya estado encima de la foja de servicios de cada candidato que barajó para ese puesto. No es razonable desestimar que haya revisado con lupa, palabra por palabra, los informes de inteligencia que –de esto tampoco pueden caber dudas- pidió para diseccionar a cada uno de los postulantes.

 

Por todo ello, lo dicho: golpear la figura de Bressi es golpear la de Vidal. 

 

Carrió se mudó a territorio bonaerense –literal y políticamente. Como Vidal, ella también, según anunció en mayo pasado, está interesada en “luchar contra las mafias” en esta comarca. Empezó por el ex gobernador Daniel Scioli. El 2 de junio, lo denunció en la Justicia penal bonaerense por los presuntos delitos de lavado de dinero y fraude a la administración pública. La presentación, que quedó radicada en la UFI 11 de La Plata, a cargo del fiscal Álvaro Garganta, ataca particularmente las gestiones sciolistas en la empresa provincial de agua, ABSA, y en Lotería. Lo hace a través de un collage de recortes periodísticos y un rosario de verbos en potencial. Ahora fue por el jefe de la Bonaerense, aunque por el momento las acusaciones no llegaron a los tribunales: son sólo denuncias mediáticas con bajo nivel de precisión. Letra P sondeó a varios referentes provinciales de la Coalición Cívica, la fuerza que comanda Carrio. Todos dijeron no conocer la información que le permitiría a la jefa vincular a Bressi con el narcotráfico. “La viene relevando desde hace años”, señaló uno de ellos, y confió en que “Lilita nunca se equivoca en estas cosas”. En ese sentido, pidió remitirse a las pruebas y mencionó el antecedente cercano del ex jefe de la Policía Federal Román Di Santo, a quien la legisladora, en marzo de este año, empujó a la jubilación forzosa tras acusarlo de entorpecer la investigación de la muerte del fiscal Alberto Nisman.

 

En ese caso, el que tuvo que tragar saliva frente a las andanzas de la socia indomable fue el presidente Mauricio Macri.

 

Ahora, le toca el turno a la gobernadora.

 

El 16 de mayo, este portal publicó una nota que llevaba el siguiente título: “El plan bonaerense de Lilita que anticipa dolores de cabeza para Vidal”.

 

Sucede que el plan de Carrió es un plan electoral. La incursión bonaerense de la jefa del bloque de diputados nacionales de la Alianza tiene un destino marcado en el horizonte cada vez más cercano: las elecciones de medio término de 2017. En esa parada, Carrió pretende encabezar la nómina –muy corta- de candidatos del frente Cambiemos a senadores nacionales por la provincia de Buenos Aires. Por supuesto, es un casillero que pretende el PRO. Y Vidal ya tiene candidato: el primo presidencial –intendente de Vicente López – presidente del Grupo Bapro, Jorge Macri.

 

Dos posibilidades:

 

  1. En su camino hacia esa candidatura, a la diputada no le importa llevarse por delante a la gobernadora, que es la segunda figura en importancia del frente gobernante y rema su cargo con el plus de dificultades que supone su condición de primeriza en el territorio más árido del país.
  2. En su camino hacia esa candidatura, la diputada se ha propuesto llevarse por delante a la gobernadora para, entonces, erigirse como la esperanza indiscutible para sostener el proyecto de la alianza oficialista.

Como sea, a Vidal ya le duele la cabeza.

 

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