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Javier Milei, de 2023 a 2027

Las dificultades políticas del presidente Javier Milei y las electorales de quien buscará ser refrendado el año que viene se derivan directamente del éxito que él mismo constituyó como candidato en 2023. La oferta de la destrucción como método de acumulación de poder de entonces se da de bruces hoy con una gestión que debe conseguir resultados.

Ese oxímoron que es el jefe de Estado anarcocapitalista mantiene competitividad gracias a su condición de vector más probable del inveterado antiperonismo de, digamos, el 40% de la sociedad.

También lo ayudan la adhesión de un núcleo duro ultra —más pequeño—, cuya existencia él mismo desveló; el coro desafinado que es la oposición peronista; la disposición de los recursos que brinda el poder, y sobre todo el respaldo de sectores determinantes del Círculo Rojo. Estos se tientan con la disolución final de la Argentina, funcional para reinar sobre la sociedad disciplinada que persiguen desde hace décadas.

Sin embargo, el incumplimiento de las promesas de "liquidación de la inflación", de liderar un crecimiento productivo meteórico y aéreo, y de propiciar un vuelo alto de salarios y jubilaciones le pasa factura a Milei en forma de decepción en un segmento de sus votantes de hace tres años.

¿Será suficiente esa erosión para minimizar los factores que lo favorecen y que fueron mencionados más arriba?

Entre 2023 y 2027, emerge el Milei verdaderamente existente.

Milei, el procíclico

El pensamiento económico del Presidente atrasa exactamente 90 años por no registrar —o incluso deplorar— que en 1936 John Maynard Keynes haya publicado un libro titulado La teoría general del empleo, el interés y el dinero. Incluso con alguna demora respecto de políticas que para entonces ya se aplicaban en Estados Unidos para eludir la trampa de austeridad con la que la ortodoxia había convertido el crash de 1929 en una depresión global. Esa obra sistematizó un nuevo pensamiento, superador de las políticas procíclicas que en tiempos de recesión sólo sirven para ahondar los pozos.

Milei, de ese modo, es procíclico en su visión de la economía y a la recesión provocada por su ajuste permanente le ofrece, como solución improbable, más ajuste.

Del mismo modo, a la desindustrialización causada por el combo de desplome planificado de los ingresos populares y el consumo, apertura comercial y atraso cambiario, le responde con dosis mayores de esos ingredientes.

Por último, ante tendencias profundas y muy anteriores a él de informalización del mercado de trabajo, reacciona con una reforma que institucionaliza la precariedad.

Consultado ayer por el periodista Eduardo Feinmann acerca del premio Nóbel de Economía concedido a los estadounidenses Robert Hall y Michael Woodford, dijo que "imagino que la pregunta tiene una parte risueña, que es por el hecho de que sean neokeynesianos".

Su adhesión a una escuela económica —la Austríaca— surgida en el último tercio del siglo XIX no es la única marca que distingue su gusto por lo procíclico. Más relevante es el modo en que acentúa con sus decisiones tendencias sociales, productivas y políticas subyacentes más vinculadas a la destrucción de un orden que a la construcción de uno nuevo, uno que, al menos, merezca recibir el nombre de "orden".

¿Cómo podría sorprender que ratifique a Toto Caputo cuando el plan es él, y sólo él, por lo que cambiar de gestor implicaría más ruido que sustancia?

Esta podría ser la aporía del Milei de 2027.

La marcha de la bronca

—Yo prefiero que explote y que se lleve puesta a toda esta basura de casta política —dijo el entonces diputado Milei el 3 de marzo de 2022 en TN.

—El tema es que no se lleva puesta sólo a la clase política. Barre como un tsunami a toda la Argentina —trató de hacerlo entrar en razones el conductor del programa Sólo una vuelta más, Diego Sehinkman.

—Está bien, pero la otra se lleva puesto al sector privado que paga los impuestos. ¿Vos me querés arruinar la vida? Bueno, que se arruine la de todos, que estalle.

—¿Que estalle qué? —insistió Sehinkman, incrédulo.

—Que estalle, digamos, la economía en sí. Que estalle —insistió el entrevistado.

Esa noche, tal vez, Milei empezó a marchar hacia la Casa Rosada.

Muchas veces se dijo que el actual presidente sintonizó allá por 2023 con cierto tánatos social que aparecía en algunos focus groups en forma de menciones a una "guerra civil".

El hombre, cabe recordar, puso lo suyo para que el estallido tuviera lugar cuando, en medio de los desmanejos de la economía del Frente de Todos crepuscular, prometía una "dolarización a cotización de mercado" en un país totalmente carente de billetes verdes.

Disputar una elección habilita esas malicias, por dolorosas que resulten para las mayorías, pero gobernar es otra cosa. En el poder, los pirómanos se vuelven bomberos.

Sin embargo, la época le sigue resultando propicia.

La Argentina y sus circunstancias

El empobrecimiento relativo y de larga data de sectores medios. Los resentimientos que suelen acumular esos procesos. El deterioro general de las condiciones de vida. La certeza de los jóvenes de que van a vivir peor que sus padres. La incertidumbre de viejos cada vez más viejos y más numerosos… Todo eso y más ha sido parte del panorama social de Occidente en las últimas décadas, presente también en Argentina de un modo agravado y —a la vez velado— por la crisis permanente del país.

Con todo, lo que se advierte como una crisis de ingresos que no alcanzan se vincula, más de fondo, con procesos de deslocalización productiva, pérdida de competitividad ante la emergencia de Oriente y desindustrialización. Otra vez: Argentina acentúa esas tendencias con sus circunstancias.

En el fondo, la crisis es estructural antes que de ingresos, y se vincula con una tendencia que se aceleró con el cambio tecnológico, con la pandemia y con la instalación del teletrabajo, y que ahora amenaza con volverse una ola gigantesca con la inteligencia artificial. El trabajo se ha hecho, para crecientes segmentos sociales, más precario, carente de derechos y, sobre todo, solitario.

La experiencia de la fábrica o, más recientemente, incluso de la oficina o del comercio como lugares de pertenencia exacerbaron algo que va más allá de la individualidad: promovieron un aislamiento.

Además de ingresos insuficientes, acaso sea necesario hablar de experiencias de soledad en las relaciones de producción y de corte de los lazos interpersonales en organizaciones de tipo sindical o de base.

El individuo, como demostró el liberalismo, permite pensar una sociedad. El aislamiento es otra cosa.

Un cambio de lógica

Siempre interesante y atento a estos fenómenos, Jorge Liotti escribió el domingo en La Nación que "la llegada del poder libertario trajo aparejado un recambio abrupto de la lógica económica, que pasó de un estatismo decadente a un libremercadismo irrestricto. Los efectos en la nueva matriz productiva son los que hoy mantienen en tensión a todos los indicadores, con sectores vinculados a las cadenas globales muy dinámicos (los RIGI-beneficiados), y otros más dependientes del mercado interno en tendencia declinante (los industri-deprimidos)".

"Debajo de esos movimientos visibles se viene produciendo una serie de transformaciones sociales, que se iniciaron en décadas pasadas, pero que cobraron nueva dimensión a partir de la pospandemia (…). Se está haciendo cada vez más palpable el desfase entre una arquitectura institucional concebida para lógicas del siglo XX y las mutaciones que rediseñan una sociedad en modo siglo XXI", continúa.

Liotti menciona a la clase media, devenida en media baja, como la más descontenta con el modelo y, a nivel etario, a los mayores de 40 años, según surge del último Monitoreo de opinión pública de Management & Fit.

Las perspectivas de futuro de esos sectores ratifican el análisis.

A lo que dice el hombre de La Nación, se le podría añadir que el modelo mileísta se balea los pies.

De Brasil a la Argentina

También el domingo, en mi columna semanal en Letra P, adopté un enfoque afín para analizar lo que el proceso electoral de Brasil le dice al peronismo, esto es a la oposición realmente existente de la Argentina.

¿Qué mensajes son esos? Que el poder de decisión electoral está basado en un segmento geográficamente intermedio —ubicado entre los polos de la grieta, pero no necesariamente moderado—; que su insatisfacción se traduce en el eslabón más débil de la cadena —América Latina— en un permanente voto castigo contra todo lo que sea oficialismo; que la queja por niveles de vida deteriorados no se reduce al ingreso disponible en dinero, y que otras dimensiones crujen en todas partes, como el transporte —Nueva York—, la vivienda —España— y una educación que la IA redefine de modos aún insondables —Francia—. Pero, por encima de todo, que esos sectores sensibles se vinculan con el mundo del trabajo informal y no calificado.

Si en Brasil la clase media baja emergió de la pobreza gracias a los dos primeros gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva, en Argentina se sumergió como desprendimiento de un sector medio-medio destrozado por la crisis permanente. Dos vías opuestas al mismo lugar.

Lula pelea contra todos los pronósticos del balotaje del domingo 25 actualizando las ayudas sociales y apurando un proyecto de ley de reducción de la semana laboral. Sin embargo, no parece en condiciones de ofrecerle nada al universo de la informalidad, que en el país hermano abarca al 37% de la fuerza laboral, algo menos que el 45% de la Argentina pero aun así muy significativo.

Otra nota de La Nación, en este caso de Silvia Stang, señala que, de acuerdo con un informe del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario, "en el conurbano bonaerense, el 70,2% de los cuentapropistas trabaja en la informalidad".

"En la población urbana de todo el país, el dato promedio del segundo trimestre de este año indica que, entre quienes trabajan por cuenta propia, el 65,8% está en la informalidad, a la vez que, entre los asalariados, la falta de aportes jubilatorios alcanza al 37,9%", añade.

¿Qué se le ofrece a ese mundo de trabajadores precarizados? La derecha, desregulación, ningún requerimiento tributario y facilidades para trabajar, pero también intemperie eterna.

La Argentina de Milei se ufana de que la destrucción de empleo formal se reconvirtió en informal. ¿Es eso un plan de gobierno?

La quiebra de la política

El programa de la destrucción y el "estallido" pueden funcionar como invocaciones electoralistas en un momento de aguda rabia colectiva, pero ese éxito de outsiders es el drama de los gobernantes.

¿Cómo se hace política cuando la receta no genera actividad ni consumo, sino todo lo contrario, y cuando precariza a los trabajadores formales, haciendo que el Uber, el Rappi y los servicios para el hogar rindan menos por exceso de competencia?

¿Cómo se la hace en base, ya no a la individualización de la sociedad —valga el oxímoron—, sino ya en función de algo más profundo como el aislamiento?

¿Cómo se agregan demandas —en eso consiste la política— cuando se hace todo lo posible y más por atomizar lo que alguna vez fue un colectivo?

Así las cosas, no es casual que el sistema político, ya quebrado, busque nuevas formas de despedazarse. ¿No animan los rupturistas del peronismo y Patricia Bullrich el meme del Hombre Araña que señala a su sosías, a la espera de que la contraparte rompa su sector para hacer lo mismo con el propio?

¿Hay otra forma de entender que el viejo bipartidismo haya derivado en un bicoalicionismo en 2015, este en un sistema de tercios imperfectos en 2023 y que ahora se baraje la hipótesis de un juego de cuatro?

Cuestión de veredas

Milei es procíclico a esa destrucción, ¿pero qué le cabe al progresismo que pretenda revertirla?

¿Cómo pasa este —como dice Pablo Semán—de la "mímica del Estado presente" —que en la pandemia ya se vio que ni siquiera sabía dónde estaban esos trabajadores fantasmales— a una idea de Estado que se asocia, que no entorpece, y que ayuda con una desburocratización útil, con crédito y con servicios públicos mejorados?

¿Cómo formaliza lo informal, cómo extiende la seguridad social a quienes hoy no tributan a ella, como introduce las licencias, las vacaciones, los aguinaldos y otros beneficios a las economías de plataforma? ¿Cómo lidia con esos monstruos trasnacionales?

La vieja política les habla a especies en vías de extinción, pero la destrucción gritada desde un estudio de TV no sirve como programa de gobierno.

Sí, el peronismo tiene un problema enorme. Pero Milei enfrenta uno que no es menor conforme pasan los años.

Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.

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