El mundo, en vilo ante el auge ultra

El triunfo de la extrema derecha en las elecciones del domingo en Sajonia-Anhalt puso patas para arriba la política alemana y, por añadidura la europea. No se trata solamente –como si eso fuera poco– de que una agrupación de ese signo vaya a gobernar un estado federado por primera vez desde la caída de Adolf Hitler. Además, marca un elemento de influencia poderoso sobre la política nacional alemana y proyecta una sombra sobre toda la Unión Europea (UE).

Igual que en América –que enfrentará desde el mes que viene en Brasil, pasando por las midterms estadounidenses de noviembre y terminando en las presidenciales argentinas de octubre-noviembre de 2027–, Europa también se asoma a un año determinante en lo electoral. Se votará, nada menos, que en las cuatro principales economías de las eurozona, donde las derechas duras tienen buenas posibilidades de éxito.

¿Peligran la construcción europea, el imperio de la democracia, la estabilidad de su moneda única, la concepción de Estados benefactores que han sido recortados pero no desmontados, y la creciente concentración de atribuciones en Bruselas a expensas de los países miembros?

Las ultraderechas –y, como en Alemania, derechas extremas– en auge son soberanistas y opuestas a los dictados de la "burocracia" comunitaria.

El tabú roto del nazismo

El triunfo histórico del domingo de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones de Sajonia-Anhalt cayó como un yunque en la conciencia de ese país y en toda la política europea. Al haberse hecho con casi el 44% de los votos y quedado a apenas tres bancas de la mayoría en la legislatura local, todo indica que se convertiría en el primer partido de ese palo en gobernar un estado federado desde la caída del régimen nazi en 1945.

Fuentes: Oficina Estatal de Estadística de Sajonia-Anhalt y El País.

Fuentes: Oficina Estatal de Estadística de Sajonia-Anhalt y El País.

Sólo bastaría que la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW, un desprendimiento de la izquierda radical con agenda política de derecha) ponga a disposición sus cinco legisladores para votar la investidura del líder local ultra, Ulrich Siegmund –un hombre de 36 años–, y ofrecerle un apoyo externo tema por tema, para que eso ocurra. ¿Adiós al Brandmauer –"cortafuegos", o cerco sanitario–?

Ulrich Siegmund, estrella ascendente de la AfD. (Foto: Getty Images).

Ulrich Siegmund, estrella ascendente de la AfD. (Foto: Getty Images).

Todo cruje. La derecha conservadora tradicional del canciller federal Friedrich Merz, su alianza de gobierno con la socialdemocracia, la caída de los partidos tradicionales en las encuestas de nivel nacional, el crecimiento de AfD y, dada la centralidad del país en la Unión Europea (UE), hasta la solidez de ese proyecto y de la eurozona.

¿Se gesta, a fuego lento, un "dexit", una salida de Deutschland de la UE? En tal caso, ¿qué sería del bloque?

Otro fantasma recorre Europa.

El test alemán

Alemania debería ir a elecciones recién en marzo de 2029, pero la AfD ya presiona por una salida del canciller –primer ministro– Friedrich Merz, de la conservadora CDU (Unión Cristiano Demócrata) "antes de Navidad".

Friedrich Merz, jefe de Gobierno de Alemania.

Friedrich Merz, jefe de Gobierno de Alemania.

Las encuestas federales arrojan un primer lugar sorprendente para la AfD, con hasta 29%. Segunda, con 21% marcha la alianza conservadora CDU/CSU del actual jefe de Gobierno. Terceros, Los Verdes con 14%. El histórico Partido Social Demócrata (SPD) cae al cuarto lugar con 12% de la intención de voto. Según eso, seguiría habiendo espacio para el Brandmauer, pero también para que los extremistas sigan acumulando desde un ángulo cómodo del ring.

AfD medra con el rechazo de una mayoría social al crecimiento de la inmigración, a cierta laxitud en el reconocimiento del derecho de asilo, en la aceptación de la llegada de poblaciones migrantes musulmanas y, según esa visión, a la relación de todo eso con la inseguridad y con dificultades para el acceso al empleo. Asimismo, con el gasto en servicios públicos y seguridad social que se destina a extranjeros.

Esas problemáticas son más agudas en el Este excomunista, que nunca desde la reunificación pudo dar el salto prometido hasata los niveles de vida occidentales. De ahí cierta nostalgia con el paso gris previo a la caída del Muro de Berlín, el refugio en una fantasía de aislamiento y cierto atractivo de la reconciliación con Rusia.

Un hombre extremadamente preocupado por estos acontecimientos es el ucraniano Volodímir Zelenski, quien apostó todo –una guerra ya de cuatro años y medio, y el propio futuro de su país– al padrinazgo de un Occidente que empezó a desertar con Donald Trumpla sombra que sobrevuela todo–y que ahora amaga con hacer agua en la propia Europa.

De los problemas mencionados se deriva, en buena medida, todo un programa. Basta de inmigración, "remigración"–deportaciones–, empleo para la clase media trabajadora alemana, mano dura policial, ajuste fiscal y energía más barata en base a un abandono de las políticas contra el cambio climático y de reconciliación con la Rusia petrolera y gasífera.

Y basta de euro, UE y "burocracia de Bruselas", presentada como una abusiva aspiradora de fondos del socio más rico.

El año terrible de Europa: primero, Francia

Alemania, Francia, Italia y España son las cuatro economías más grandes del bloque. Quiere el azar que, el primero de esos países aparte, los otros "tres grandes" voten a lo largo del próximo año.

Francia abrirá ese calendario con las elecciones presidenciales del 18 de abril, con ballottage el 2 de mayo.

Emmanuel Macron está constitucionalmente impedido de buscar otra reelección, y los sondeos ubican en primer lugar a Marine Le Pen, jefa del partido Reunión Nacional.

Como lidera con amplitud los sondeos, con un promedio del 35%, analistas sostienen que cuenta con un piso alto que podría ponerla esta vez a salvo de eventuales alianzas heterogéneas de salvación democrática.

Sus chances de llegar al poder parecen más elevadas que nunca, parte por su resiliencia y parte por el modo en que emprolijó un poco al sector al cambiarle de nombre, limarle ciertos filos y, en su momento, haber expulsado a su padre facho Jean-Marie.

Marine Le Pen.

Marine Le Pen.

Segundo, España

Luego llegará el turno de España, el 22 de agosto de 2027, si es que Pedro Sánchez –acosado por la reciente crisis migratoria en Ceuta, así como por escándalos de corrupción que rozan a su esposa y a él mismo– no decide anticiparlas.

Las encuestas ponen primero al conservador Partido Popular con entre el 30% y 34%, seguido por el PSOE –26% a 28%–, los ultraderechistas de Vox con 16 a 18%– y la izquierda de Sumar –cae fuerte a menos del 6%–.

El líder de Vox, Santiago Abascal, puerta de entrada de Javier Milei en Europa.

El líder de Vox, Santiago Abascal, puerta de entrada de Javier Milei en Europa.

Las proyecciones, al día de hoy, otorgan a una eventual alianza PP-Vox una posibilidad fuerte de formar mayoría parlamentaria para cogobernar.

Al revés de lo que ocurre en Alemania y en Francia, la derecha tradicional española ya bajó las banderas, se avino a cogobernar con los ultras en regiones y no pone reparos para una sociedad a nivel nacional. Adiós al "cortafuegos" democrático.

Tercero Italia

Queda Italia, que debería votar el 22 de diciembre del año que viene, aunque se especula con un adelantamiento.

Allí, mandan en las encuestas los Fratelli d’Italia (FdI, Hermanos de Italia) de la primera ministra Giorgia Meloni, con 27% de intención de voto.

La jefa de Gobierno, ha logrado una estabilidad inédita en mucho tiempo en base a una gestión económica bien valorada y tiene buenas posibilidades de permanecer en el poder en alianza con otros partidos de derecha.

Meloni, que es más popular que su agrupación, parece virar de sus viejas posturas posfascistas a un conservadurismo más tradicional. No sólo se ha enfrentado con Trump, sino que no saca los pies del plato de la construción europea ni de la OTAN, pero en su entorno no deja de existir lo que siempre abundó.

De hecho, FdI podría verse obligado a negociar con otras dos formaciones ultras: la Lega (Liga) y Futuro Nazionale.

La extrema derecha al asalto

Para Santiago Abascal, líder de Vox y principal aliado europeo de Milei, el éxito de AfD en Alemania abre una nueva era ultra en Europa. Es allí donde hay que buscar indicios del futuro.

En medio de un sismo político, la jefa nacional de AfD, Alice Weidel, ya habló de un mandato en ciernes para gobernar el país y reclamó la renuncia de Merz para antes de Navidad y elecciones anticipadas.

El problema es que el saludable Brandmauer obliga a generar coaliciones de salvación democrática muy heterogéneas, en las que cada medida debe ser demasiado conversada y que terminan adoptando rumbos programáticos lavados y, muchas veces, poco eficaces.

El juego de los parecidos y las diferencias

Calificada habitualmente en la prensa como neonazi, con rigor taxonómico no puede decirse que AfD lo sea. Pero…

Dentro de la organización existen dirigentes y redes vinculadas al extremismo de derecha y posiciones que justifican o relativizan aspectos del pasado nazi. Un afiche usado en la campaña de 2024 en el estado federado de Brandenburgo, que prometía proteger a los niños con un amoroso techito, resulta hilarante al respecto.

Se dice que Micky Vainilla actuó de creativo publicitario en esa campaña.

Alice Weidel suele ser discutida en la agrupación por su condición de lesbiana, por estar en pareja con una inmigrante de Sri Lanka y por haber adoptado con esta dos chicos. Aun así, la mujer se las arregla para ser todo lo ultraconservadora que pueda imaginarse –incluso en materia de valores familiares– y para sostenerse en base a un carisma que pocos pueden discutirle allí, acaso –a futuro– el vencedor de Sajonia-Anhalt, el mencionado Siegmund.

AfD es neonazi y no lo es. Aunque los fenómenos políticos nunca se repiten de modo perfecto, entre esa agrupación y el hitlerismo hay sensibilidades compartidas.

Ultranacionalismo, etnocentrismo biológicamente germánico, rechazo a la inmigración –hoy, la musulmana– y el multiculturalismo, ideal de homogeneidad étnica, visión blanda del Tercer Reich, contactos con grupúsculos neonazis y hasta algunas reivindicaciones abiertas del hitlerismo… Hay mucho ahí.

Sin embargo, no se le adjudica un rechazo ideológico a la institucionalidad, no pretende formar milicias, reivindica la soberanía pero en un marco de liberalismo económico –con ajuste del gasto, baja de impuestos y defensa de la propiedad privada– y defiende el aislacionismo internacional en lugar de imperialismo.

El tecnoplutócrata Elon Musk es un patrocinante abierto de AfD.

En tanto, otros, como el acriollado Peter Thiel el enigmático aliado de Milei –, son citados frecuentemente por Weidel y exhiben ideas afines en materia de neorreacionarismo, soberanismo y rechazo a la democracia.

Las claves de un auge

El auge se basa, en buena medida, en el empobrecimiento relativo de sectores medios afectados por procesos de reconversión industrial, en la deslocalización de estructuras manufactureras y difíciles inserciones en cadenas globales de valor, en la competencia de los trabajadores locales con mano de obra extranjera y en la certeza –largamente incubada– de que el futuro será peor que el pasado. Las extremas derechas encarnan una política del resentimiento.

A esta altura cabe preguntarse también por el ascenso de las inteligencias artificiales y su impacto en renglones laborales enteros.

El año terrible de América Latina

Las cuestiones sensibles de la etapa actual del capitalismo tocan a la Argentina, pero el resto lo hacen su crisis permanente, el descreimiento social y el "ningunismo" político. Y, dadas las tendencias recientes, a buena parte de América Latina.

En el institucionalmente socavado Brasil, Flávio Bolsonaro ya empata las simulaciones de segunda vuelta con Luiz Inácio Lula da Silva o, como en el caso del sondeo de Nexus-BTG Pactual, logra una luz de ventaja ínfima de un punto, por supuesto que dentro del error muestral.

Lo que allí ocurra marcará tendencia y, en 2027, la Argentina podría tener la palabra final en la región.

El año terrible a punto de empezar.

Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.

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