Una nube gris envuelve la Argentina preelectoral

Lo dicho vale para la inflación proyectada, pero especialmente para el desempeño de la actividad.

Probablemente la instalación de esa nube gris sobre la Argentina sea lo que lleve al Presidente y al jefe del Palacio de Hacienda a atender un día la necesidad de aplicarle inflador anímico a la actividad —para la que no atinan a generar incentivos más conducentes— y, al siguiente, a aferrarse al recurso peligroso de la grieta y a las menciones al Anticristo, lo que, en lugar de acelerar el proceso de inversión que es la razón de ser del proyecto oficial, acorrala a los dueños del dinero en la postura del wait and see.

La desinflación puede esperar

El deterioro de las expectativas no augura buenas nuevas para el Gobierno. Las mismas surgen del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la encuesta que el Banco Central realiza entre economistas de referencia. Su última edición trae recálculos de la inflación esperada al alza y del crecimiento previsto a la baja.

Los pronosticadores citados en el REM dijeron esperar de septiembre un índice de precios al consumidor de 1,9%, superior al 1,7% de agosto que entusiasmó fugazmente al Gobierno y peligrosamente cercano al 2% —otra vez— que no descartan algunas consultoras.

Según esas proyecciones, el año cerraría en 30%, pero el sendero que se traza es el de un descenso muy suave que, acaso, no incorpore debidamente el impacto de la esperable incertidumbre electoral sobre el mercado cambiario. ¿Quién podría suponer que encuestas poco concluyentes sobre las chances de reelección de Milei no agiten el avispero?

Incluso sin ese componente, los analistas de la City esperan que el IPC baje modestamente, a 1,7%, para marzo próximo.

Cuando se habla del condimento político que parece faltarles a esos análisis, se alude a dos factores: uno, un exceso de optimismo de los analistas que se recorta, pero no se termina de ajustar; dos, la incertidumbre que los errores de pronóstico de comienzos de año generan sobre la fiabilidad de lo que hoy se dice.

En efecto, a comienzos de año, el REM arrojaba una expectativa de inflación anual del 21%, muy diferente del 30% que señala hoy. Curioso; el 21% —21,1%, en realidad— regresa como pronóstico para el año electoral. ¿Será un fetiche?

La promesa que Milei no cumplirá

Nobleza obliga: los procesos de desinflación llevan tiempo, pero ha sido el propio Milei el que subió la vara de las expectativas al pronosticar, hace no tanto, el famoso "cero coma…" para agosto último.

Ese horizonte, con las zozobras electorales que se alzan en el futuro próximo, comienza a tomar forma de promesa para la próxima campaña y, por lo tanto, de objetivo incumplido a lo largo de todo un mandato.

Porque no basta con que se culpe por la defraudación de las expectativas a perpetradores de "golpes de Estado" y a "30.000 terroristas" que sólo cobran vida en las fiebres del Presidente.

Adiós al crecimiento

Más relevante aun es lo que el REM arroja respecto del desempeño productivo, lo que marca una desviación tan grande en relación con los pronósticos de comienzos del año que mueve a una reflexión profunda sobre el optimismo de sus cálculos.

Los analistas consultados por el Banco Central validan lo anticipado por desPertar respecto de la caída en recesión de la economía al cabo del tercer trimestre y, en base a eso, proyectan que 2026 finalizará en ese ítem sensible con un incremento del 1,5%, al menos en función de la mediana de los diversos pronósticos.

Semejante número, corresponde decir, no es expansión, sino simple arrastre estadístico y, en verdad, da cuenta de una actividad planchada, que no va para atrás ni para adelante.

Lo curioso, es que el REM arrojaba a comienzos de año una perspectiva de expansión del 3,5%, más realista que el 5% que constaba en el Presupuesto 2026, pero no mucho menos equivocado.

Resulta impactante observar el modo en que el REM fue recalculando, mes a mes a lo largo del año, los pronósticos de inflación y de crecimiento. El economista Amílcar Collante resumió ambas variables en un gráfico cuyas curvas se cruzan en un sentido inexorablemente negativo.

Del mismo surgen el panorama de una desinflación que por ahora no es tal y de un crecimiento que, en verdad, va para abajo.

Pícaro Caputo

La languidez de la economía es tal que ni siquiera generan entusiasmo la recuperación de la industria —1,9%— y la construcción —0,4%—en agosto contra el mes precedente. La comparación interanual sigue reflejando paliza.

El ministro Caputo, se sabe, libra una lucha sin cuartel con los datos. Como la realidad no refleja lo que desearía, prueba con diversas recetas, desde la intervención de las canastas con las que el INDEC mide la inflación —y de ahí, salarios, jubilaciones y pobreza— hasta la contorsión grave de los números.

Pícaro, el hombre que habla de estadísticas interanuales cuando le conviene, ayer se refugió en los datos mensuales desestacionalizados.

Más extraño resultó que adjudicara una caída interanual del sector manufacturero en "el acumulado de los primeros ocho meses" del año a "una combinación de shocks transitorios". Es raro que eventos episódicos generen efectos permanentes...

Del riesgo político no se habla

El nerviosismo se palpa. No sólo en las justificaciones autolesivas del Presidente y en las manipulaciones estadísticas del ministro, sino también en las agresiones de este —imitador de su jefe— a economistas —otra vez una mujer— que dicen algo que él no se molesta en entender.

Mientras el mercado aventura sus proyecciones ya para la Argentina preelectoral, el mercado financiero entrega indicios cada vez más claros de una incertidumbre que esos pronósticos deberían ponderar mejor.

Agotado el "efecto Flávio Bolsonaro", el gusto por los activos emergentes disminuyó ayer y el riesgo argentino volvió a acercarse a los 600 puntos básicos.

Como estarán las cosas que Scott Bessent se sumó a la zoncera de aludir a una influencia desestabilizante del kirchnerismo sobre el mercado financiero —¿no era que este detesta al peronismo?—y salió a asegurar que volvería a intervenir con dólares contantes y sonantes si las papas volvieran a quemarle a Milei.

El año pasado, deliró, metió mano en un país ajeno porque "la oposición intentaba poner a los mercados en contra y crear pánico financiero de cara a las elecciones". ¿Podríamos volver a hacer eso? Seguro", completó.

Las expectativas se deterioran y, encima, no terminan de calibrar los riesgos políticos que se alzan en el horizonte como posibles profecías autorrealizadas.

Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.

los bolsonaro y la democracia
Flávio Bolsonaro, favorito para la segunda vuelta en Brasil, armó la fiesta para la ultraderecha regional.

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