EL GATO Y EL LEÓN

El plan de Mauricio Macri para meter al PRO en el gobierno de Javier Milei

Busca formalizar una coalición con LLA antes de sellar un pacto electoral. Ofrece management de obra pública y transporte. Las PASO como garantía.

Mauricio Macri quiere que la negociación que abrió con La Libertad Avanza termine en un acuerdo político antes de sellar un pacto electoral para 2027. La expectativa del expresidente es alcanzar primero un entendimiento que incorpore al PRO como socio del gobierno de Javier Milei y transforme al oficialismo libertario en una administración de coalición.

Lejos de las milanesas compartidas en la Quinta de Olivos y con la interlocución con Karina Milei, el PRO busca ser reconocido como una fuerza con volumen propio dentro de ese esquema, en una relación más de pares que a la lógica de incorporaciones individuales que predominó hasta ahora.

El planteo comenzó a tomar forma después del restablecimiento del diálogo entre Macri y la Secretaria General de la Presidencia, que derivó en la conformación de una mesa integrada por Cristian Ritondo y Fernando de Andreis por el PRO; y Diego Santilli, Lule Menem y Martín Menem por el oficialismo. El esquema ya acumuló cuatro reuniones y, aunque nació formalmente alrededor de la agenda parlamentaria, la discusión empezó a correrse hacia un entendimiento político más amplio.

El PRO llega a esa conversación debilitado después de casi tres años de avance libertario sobre su estructura, pero a la vez frente a un oficialismo que atraviesa un momento de relativa debilidad. Por eso, el macrismo considera que todavía conserva activos clave que Milei podría necesitar para transitar el último tramo de mandato y encarar la discusión por su reelección.

Mauricio Macri quiere frenar la sangría del PRO

La lógica supone invertir el mecanismo que predominó desde diciembre de 2023. Patricia Bullrich, Santilli y otros dirigentes amarillos cruzaron el Rubicón de la derecha para sumarse al dispositivo libertario. Incluso buena parte del equipo económico tiene raíces en el gobierno de Cambiemos, aunque sus incorporaciones no fueron consecuencia de una negociación entre partidos.

Cada uno llegó por una puerta distinta. Por decisión personal, vínculos propios o convocatoria de Milei. El resultado, sin embargo, fue bastante similar: LLA absorbió cuadros políticos y técnicos mientras el PRO se fue achicando como estructura nacional. Con la reactivación de las negociaciones, Macri intenta reemplazar esa dinámica de incorporaciones individuales por un acuerdo político entre fuerzas.

Ahí se inscribe Próximo Paso, el formato con el que el expresidente volvió a recorrer el país y a reunir a la dirigencia amarilla que sobrevivió a la ofensiva libertaria. En un PRO atravesado por estrategias distintas frente a LLA, Macri sigue siendo el único dirigente con capacidad para reunir bajo una misma línea a gobernadores, legisladores, referentes territoriales y cuadros nacionales.

Pero el movimiento también tiene una dimensión electoral. Macri dio vía libre a Hernán Lacunza para avanzar con una candidatura presidencial propia del PRO, una jugada que mantiene abierta una alternativa por fuera de un acuerdo con LLA mientras continúan las conversaciones con la Casa Rosada.

La candidatura no necesita aparecer hoy como una opción capaz de disputar la Presidencia para cumplir una función en la negociación. En el macrismo saben que una oferta propia puede restarle a Milei una franja de votos relevante en una elección ajustada y elevar el costo de llegar dividido a 2027.

Obra pública, infraestructura y transporte

En el macrismo identifican algunos terrenos en los que consideran que podrían aportar en una eventual incorporación del PRO al Gobierno. Las áreas vinculadas con la obra pública, la infraestructura y el transporte aparecen entre las posibilidades que se mencionan en las conversaciones internas del partido.

No hay, por ahora, un reparto cerrado de ministerios ni nombres acordados, principalmente por la desconfianza libertaria. La pretensión amarilla parte de una lectura más general sobre la etapa que debería atravesar la administración de Milei. Cerca de Macri comparten un diagnóstico que también circula entre empresarios e inversores: después del shock inicial, el Gobierno necesita empezar a trasladar el ordenamiento macroeconómico a la actividad y la economía cotidiana.

En esa clave, el PRO busca poner en valor la experiencia de gestión que acumuló durante sus años en el gobierno nacional, la Ciudad y otros distritos. Infraestructura, transporte y una obra pública prácticamente paralizada durante la primera etapa libertaria aparecen como herramientas posibles para empujar la reactivación y como áreas donde el macrismo sostiene que cuenta con equipos capaces de gestionar.

Qué puede ofrecerle el PRO a Javier Milei

Un acuerdo político tendría, desde la óptica macrista, varias ventajas para Milei. La primera es electoral: reduciría las chances de que en 2027 aparezca una oferta del PRO por fuera de LLA disputando una porción del mismo universo de votantes.

La segunda sería política. Un ingreso formal del PRO ampliaría la base de sustentación del Gobierno y permitiría presentar las próximas reformas como parte de un entendimiento más amplio que la base estrictamente libertaria. En el macrismo consideran que esa señal tendría valor especialmente frente a los inversores y el Fondo Monetario Internacional, en momentos en que empiezan a jugar las expectativas sobre la continuidad del programa económico después de 2027. Algo equivalente a la foto con los gobernadores que Milei buscó vender en París.

A estas dos, en el universo amarillo suman la gestión. La idea que circula cerca de Macri es que el PRO comparte buena parte del rumbo económico de Milei, pero puede aportar equipos y experiencia administrativa para una etapa distinta del Gobierno.

Las PASO, la prueba que La Libertad Avanza le pide al PRO

Del otro lado de la mesa, sin embargo, los libertarios desconfían y sacan cuentas. ¿Cuánto de ese PRO que Macri ofrece todavía le responde efectivamente? La Casa Rosada discute cuánto volumen puede garantizar el expresidente, mientras mira de reojo la capacidad de daño que conservaría el PRO si llega con una opción propia a 2027.

En el camino de un futuro entendimiento, en el Gobierno reclaman señales concretas antes de avanzar hacia un acuerdo de mayor volumen. La primera prueba de amor tiene nombre propio: la eliminación de las PASO, uno de los objetivos de la reforma electoral que el oficialismo quiere empujar antes de 2027. Mientras negocia con los gobernadores, la Casa Rosada sabe que necesita los votos del radicalismo y también del PRO para que no haya primarias el año que viene.

Para LLA, la votación para eliminar o suspender las primarias tendría además un segundo beneficio. Permitiría contar cuántos diputados y senadores nacionales vinculados al PRO están dispuestos a alinearse detrás de la estrategia que negocian Ritondo y De Andreis. Sería, en los hechos, un poroteo de organicidad sobre el activo legislativo que el expresidente pretende poner en la mesa.

El problema para Macri es que el partido está lejos de tener una posición uniforme. Hay sectores que avanzan hacia una convergencia con Milei, otros que pretenden conservar una identidad propia y dirigentes territoriales que discuten hasta dónde acompañar la agenda libertaria.

Jorge Macri y las PASO, otra señal de la dispersión amarilla

Jorge Macri acaba de ofrecer una muestra de las diferencias internas dentro del núcleo del macrismo. El jefe de Gobierno porteño defendió las PASO y cuestionó la posibilidad de cambiar las reglas electorales para la elección de 2027. Incluso planteó que una eventual reforma debería comenzar a regir recién en 2031.

Esa posición no tiene traducción parlamentaria directa dado que el alcalde no cuenta con una tropa propia de diputados o senadores nacionales capaz de inclinar por sí sola una votación. Pero políticamente expone las diferencias internas que atraviesan al partido y vuelve a recalentar la disputa, todavía silenciosa, entre los primos del PRO.

Ese ruido justamente es uno de los elementos que observan en La Libertad Avanza a la hora de empezar a materializar un eventual acuerdo con el partido amarillo. Antes de reconocerle a Mauricio Macri un lugar como conductor de un socio político, el karinismo quiere saber qué puede garantizar y qué no.

El tiempo también juega en la negociación PRO-LLA

La negociación quedó así atravesada por intereses complementarios, pero también por una desconfianza mutua. Macri intenta conseguir lugares de poder antes de que el PRO siga perdiendo dirigentes y capacidad de intervención; y LLA quiere ampliar su respaldo político, pero no está dispuesta a pagar por una estructura limitada.

Para el expresidente, sin embargo, la discusión no pasa solamente por cuánto PRO puede poner sobre la mesa. También importa cuándo hacerlo. Una mayor debilidad del Gobierno puede aumentar el valor político de un acuerdo que muestre a la derecha unificada y le permita al macrismo negociar desde una posición relativamente mejor.

Pero esa misma ecuación tiene un límite: si el deterioro del oficialismo se profundiza, un ingreso al Gobierno puede dejar de ser una oportunidad y convertir al PRO en socio de una caída. A la inversa, una recuperación de Milei reduciría ese riesgo, aunque también achicaría el precio que los libertarios estarían dispuestos a pagar por una alianza.

El tiempo, entonces, forma parte de la negociación. Un gobierno débil necesita más socios y paga más por ellos; uno fortalecido ofrece menos. El problema para Macri es acertar el momento antes de que cambie el valor de los activos que intenta poner sobre la mesa.

Jorge Macri y Mauricio Macri, dos de las principales figuras del PRO que van a definir el destino de esa fuerza.
Mauricio Macri volvió al Norte Grande. 

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