photoEl presidente Javier Milei y su par de la República del Paraguay, Santiago Peña.
Emisarios de Javier Madanes, el dueño de Aluar y FATE, le avisaron al gobierno de Javier Milei que la fábrica de neumáticos podía cerrar. El secretario de Trabajo, Julio Cordero, y el de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne, conocían la fase terminal. El funcionario de Toto Caputo consideró que FATE, como otras industrias, es inviable si no puede competir.
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El reseteo de la economía argentina avanza sin pliegues. En la concepción de Milei, Caputo y Lavigne, la única política productiva es la estabilidad macroeconómica. En campaña, Milei prometía décadas de sacrificio para que Argentina fuera como Alemania o Estados Unidos, pero, ya en el poder, se mira en los espejos de Perú y Paraguay, cuyas economías crecen de manera sostenida apalancadas en sectores extractivistas, estabilidad cambiaria, inflación bajo control, matrices productivas poco diversificadas y enormes bolsolnes de informalidad.
Javier Milei a la peruana: estabilidad macro y micro inexistente
Milei, Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, elogiaron varias veces el modelo peruano. No son los únicos. La Fundación Mediterránea, que trabajó en la campaña de Patricia Bullrich con Carlos Melconian a la cabeza, ponderó una y otra vez la estabilidad de Perú y su régimen bimonetario.
Perú abrazó el bimonetarismo a fines de los 90 con un Banco Central férreo cuyo titular, Pedro Velarde, lleva 20 años en el cargo y vio pasar a una decena de presidentes.
"Uno de los secretos del 'triunfo' del sol sobre el dólar en la operatoria del sistema financiero peruano reside en la convergencia entre las tasas de interés en moneda local y en moneda extranjera, un fenómeno asociado a la solvencia fiscal del país, una inflación que tiende a ser inferior a la de Estados Unidos y también por el diferente tratamiento de soles y dólares en la política de encajes", escribió Jorge Vasconcelos, de la Mediterránea, en un artículo reciente.
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Perú, en el espejo de Javier Milei.
Esa estabilidad le permitió al país recibir un boom de inversiones para la minería de cobre y, en menor medida, para el agro. Así y todo, el 60% de su PBI está compuesto por el sector servicios y la informalidad laboral orilla el 70%.
En Perú faltó micro, según el exministro de Producción de ese país Piero Ghezzi. "Claramente hubo un boom de inversiones, un boom de crecimiento, y eso generó empleo en ciertos sectores", le dijo a La Nación en septiembre de 2024. "El sector agroexportador peruano, por ejemplo, es un claro caso de 300 mil o 400 mil empleos directos generados que no existían", ejemplificó.
Pero Ghezzi admitió: "Hay un aumento de oferta laboral y no hay suficientes sectores económicos que permitan incorporar a esos trabajadores. Si quieres incluir a más trabajadores al sector moderno de la economía, requieres otras políticas públicas mucho más microeconómicas. La macro es transversal, pero no alcanza".
En Paraguay, el boom agroexportador se desarrolló gracias a bajísimos impuestos que favorecieron la inversión en los sectores transables. Más recientemente, atrajo industrias del tipo maquilas con ventajas impositivas. Implementó la regla "10-10-10", por la cual se pagan tasas fijas del 10% para el IVA y los impuestos a las ganancias corporativas y personales.
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El presidente Javier Milei y su par de la República del Paraguay, Santiago Peña.
Paraguay crece a tasas sostenidas, pero con una informalidad laboral crónica que roza el 60% y no baja, a pesar de los fuertes incentivos con los que el Estado intenta blanquear empleo a costo casi nulo.
El cementerio industrial
Hay una diferencia sustancial entre los modelos de Perú y Paraguay y la economía argentina: el punto de partida. Argentina cuenta con una estructura productiva mucho más diversificada, con distintas industrias que hoy crujen y el Gobierno no planea rescatar.
En la mirada libertaria, Argentina debe crecer a partir del agro, la minería y la energía. Los trabajadores de los sectores ineficientes se reacomodarán en otros más demandantes de empleo, como el sector servicios. Eso, que en los libros de Federico Sturzenegger es deseable y saludable, en la práctica supone pasar de empleos asalariados estables a otros peor remunerados.
La reforma laboral, a punto de convertirse en ley, cristaliza una formalización blue del empleo al promover el monotributismo tanto para emprendimientos de hasta cinco personas como para el trabajo en plataformas.
De Alemania a Perú
"Al Gobierno le gusta compararse con países que no tienen ni la historia ni la estructura productiva de la Argentina", dijo Martín Kalos, economista director de la consultora Epyca. "Parecería que para crear un nuevo país hay que ignorar el país que somos. Milei ignora cualquier política que refiera a lo productivo", agregó. "Plantear esquemas económicos que pueden servirles a países chicos y menos diversificados es un error", sostuvo.
"Lejos de ser un episodio aislado, FATE aparece como un síntoma visible de una trayectoria de desindustrialización que empieza a definir el perfil productivo, laboral y territorial de la economía argentina", advirtió la consultora Vectorial.