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LOS DÓLARES, ¡AFUERA DEL COLCHÓN!

La Argentina de Javier Milei, camino a convertirse en Narcolandia

El Presidente ratificó su decisión de tenderles la alfombra roja a las mafias. El Topo destruye frente a la pasividad de oposiciones y electorados.

La decisión de Javier Milei de sacar de facto "los dólares del colchón", ratificada este lunes por el Presidente, amenaza con perpetrar un "estaticidio" que les abra las puertas del país a las mafias en general y al narcotráfico en particular.

La iniciativa no está descolgada del contexto político-electoral, que encuentra al oficialismo envalentonado por la victoria que consiguió en la Ciudad de Buenos Aires y a peronismo en vías de cisma, con pronóstico reservado incluso en la provincia que gobierna Axel Kicillof y es, todavía, el bastión de Cristina Fernández de Kirchner.

Si las personas que rechazan a la administración anarcocapitalista están tan decepcionadas con todo que, llamadas a votar, se quedan en sus casas, se pierden en una fragmentación partidaria impresionante o, cuando eligen al peronismo como vehículo de su queja, no llegan a ninguna parte con CFK ni sin ella, la conclusión para el Gobierno es clara: puede ir por todo porque no hay nada enfrente.

Nada. Ni siquiera una cierta conciencia sobre el peligro de que la Argentina demuela tanto su Estado que lo convierta en uno fallido. O que amplios sectores sociales extravíen la noción –en esta etapa o en cualquiera del futuro– de que el voto, la democracia y el imperio de la ley son sus refugios finales ante las formas diversas del abuso. O lo dicho: que el "estaticidio" termine por alumbrar Narcolandia, el lavadero del mundo.

Javier Milei en sus propias palabras

Embed - EXCLUSIVO A24 | HABLA JAVIER MILEI: "LOS QUE TIENEN DÓLARES NO SON DELINCUENTES"

Lo que el mandatario dijo respecto de los llamados "dólares del colchón" –un universo de entre 200.000 y 400.000 millones de dólares, 33 a 66% del PBI, que, mucho más allá de los escondites hogareños, abarca cajas de seguridad y dinero verdaderamente grande que circula entre sociedades y cuentas offshore– merece escucha. A la espera de las medidas concretas que anunciaría en los próximos días Toto Caputo, nada mejor que comenzar por citar lo que Milei le dijo a un extrañado Antonio Laje en A24:

Dólares

Javier Milei quiere todos los dólares, no le importa de dónde vengan.

La Argentina del futuro se llama Narcolandia

Si fuera por ese camino, Argentina podría convertirse en Narcolandia.

Cualquier blanqueo o, más precisamente, proceso de exteriorización de activos requiere una norma del Congreso ya que el Poder Ejecutivo no tiene atribución para legislar por decreto en materia tributaria. Eso sólo le deja el camino de la desregulación, es decir, el de dejar de requerir el cumplimiento de determinados requisitos a quienes se acojan al beneficio.

Esto hace pensar en dos elementos.

Por un lado, el Gobierno acaba de cerrar un proceso de blanqueo, muy exitoso además, sobre todo en términos de efectivo declarado. ¿Por qué impone ahora otro, de manera tan inmediata? Un poco por la necesidad de dólares que niega on the record, pero que, pese a la nueva deuda tomada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos, es un secreto a voces, y otro poco para comenzar a transitar el camino, largamente prometido, de la dolarización endógena.

Por otro lado, cabe preguntarse por qué quienes no se acogieron al blanqueo anterior entrarían al nuevo, más aun cuando su andamiaje legal parece precario, carente de aval legislativo y, por lo tanto, susceptible de recibir en el futuro –con otra administración– una revisión que hoy se omitiría. Lamentablemente, la respuesta más obvia a estoapunta a los más audaces, dueños de capitales imposibles de justificar en un blanqueo sujeto a procesos estándar de revisión.

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Patricia Bullrich quema droga mientras Javier Milei les abre las puertas a los narcodólares.

Argentina, lavadero del mundo

El principal objetivo del Presidente para llevar adelante este plan es, según indicó él mismo, la remonetización de la economía con billetes verdes para avanzar en la dolarización endógena.

La Argentina de Javier Milei, ¿un país sin Estado o un Estado fallido?

En lo político, lo que pergeña el Gobierno augura choques con el Congreso, donde, tal vez, lo que sea que le quede a Mauricio Macri sea capaz de recordar alguna de las tantas cosas que dijo durante tantos años sobre la transparencia y el imperio de la ley.

En lo internacional, la mira del GAFI se posará sobre la Argentina, algo que podría conllevar sanciones. Hace un año, cuando esbozó la misma idea en otra entrevista, Milei afirmó que lo que ese organismo tenga para decir le "importa un rábano".

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Declaraciones de Javier Milei a La Nación.

Más complicado sería convencer a Estados Unidos, cuyo interés en la región pasa, incluso antes que por erradicar la influencia de China, controlar recursos naturales o imponer tutelas, por el combate al lavado de dinero proveniente de actividades ilícitas. Eso es así porque ese dinero resulta el combustible de esas mismas mafias y fluye, en parte, hacia el terrorismo internacional, cosas que hacen a su seguridad nacional.

¿Podría haber vista gorda de Donald Trump a lo que haga su fan argentino? En teoría no, aunque tal vez –sólo tal vez e imaginando mucho– se lo permita bajo la condición de que las agencias estadounidenses de control pongan severamente la lupa sobre el país. Pura especulación…

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Javier Milei con Donald Trump.

Este medio ha advertido, en reiteradas oportunidades, sobre el peligro de que el Gobierno le abra la puerta del país a mafias como la del narcotráfico –y otras– y a procesos de lavado de dinero de origen ilegal. Muchos otros también lo han hecho. Sin embargo, nada, ningún argumento sinceramente preocupado por el futuro del país parece suficiente para sacar a Milei de su dogma anti-Estado la misión del topo, que lo destruye desde adentro–, de su obsesión dolarizadora, de su prédica a favor del "evasor héroe" y su repulsión por los impuestos que debería cobrar con diligencia para asegurar un funcionamiento adecuado de lo que quede en pie bajo su gestión.

Tampoco, parece, para sacudir la indiferencia impermeable de un sector de la sociedad que ha dejado de buscar respuestas y se refugia en un silencio antisistema, y en cierta tolerancia de la política ante lo intolerable.

De indiferencia y tolerancia se nutre el proyecto de una Argentina con Estado fallido.

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