El exlegislador Hernán Rossi asumió la presidencia de la UCR de la Ciudad de Buenos Aires con un llamado explícito a reposicionar al partido en la disputa local. La renovación de autoridades, acompañada por dirigentes nacionales, marcaría el inicio de una etapa orientada a recuperar protagonismo político y territorial.
Registrate para continuar leyendo y disfrutando de más contenidos de LETRA P.
El acto de asunción de este lunes contó con la presencia del presidente del Comité Nacional, Leonel Chiarella, y referentes como Martín Lousteau y Mariela Coletta. Rossi estará acompañado por Juan Loupias como secretario general, Inés Parry como vicepresidenta primera y Andrea Chávez como vicepresidenta segunda, en reemplazo de Martín Ocampo al frente del Comité Capital.
Un diagnóstico de época para relanzar la UCR
Durante su discurso, Rossi planteó que el radicalismo enfrenta un contexto adverso, que definió como un “viento de época” que pondría en cuestión valores estructurales de la democracia. En ese marco, cuestionó el “desprecio por la ciencia, la cultura, la educación, la universidad y la salud pública”, en una lectura que busca ubicar al partido como garante de esos pilares.
La apelación al legado de Raúl Alfonsín funcionó como eje discursivo para sostener una identidad histórica, al tiempo que propuso abrir el partido hacia sectores sociales más amplios. La estrategia, según lo expresado, podría combinar reafirmación doctrinaria con ampliación de la base política.
En el plenario de la UCR CABA se eligieron nuevas autoridades. Felicitamos a @hernanrossi_ok y a Juan Loupias, secretario general, junto a toda la mesa entrante. También nuestro reconocimiento y agradecimiento a quienes dejan su lugar tras el trabajo realizado. pic.twitter.com/gq5ZMeGlKV
Uno de los puntos centrales del planteo de Rossi fue la necesidad de que la UCR recupere competitividad electoral. “Este es un partido que se tiene que preparar para volver a gobernar la Ciudad”, afirmó en una definición que ubica al radicalismo en clave de disputa futura.
En ese sentido, anticipó la posible conformación de un “gabinete en las sombras” para monitorear la gestión local, lo que implicaría un intento de ordenar una oposición programática. También planteó reforzar el trabajo territorial con una lógica de cercanía: “Barrio por barrio, en cada comuna”.
Una conducción para ampliar y ordenar
El nuevo esquema de conducción se propone, según lo expresado en el acto, fortalecer la vida partidaria y abrir espacios de debate interno. Rossi sostuvo que buscará convertir al partido en una “casa de puertas abiertas”, lo que podría interpretarse como una señal hacia sectores hoy alejados del radicalismo.
Por su parte, Chiarella reforzó un posicionamiento social del partido al señalar que “ahí donde el Estado se va, está el radicalismo para sostener a los más pobres”, y cuestionó discursos de honestidad sin respaldo en la gestión.
La nueva etapa del radicalismo porteño se abre, así, con una doble tensión: por un lado, ordenar su estructura interna y recuperar densidad política; por otro, definir su lugar en un sistema partidario fragmentado. El desafío hacia adelante podría estar en traducir esa vocación de protagonismo en capacidad efectiva de construcción electoral de cara a 2027.