UN CHATBOT EN EL TELÉFONO

UBA: Mi Econ, la inteligencia artificial que llegó a las aulas y abre un debate sobre educación y datos

Una empresa comercializa el desarrollo que se usa en 40 materias. Preguntas sobre privacidad, propiedad y uso de la información académica. El caso San Luis.

La Facultad de Ciencias Económicas de la UBA dio un paso inédito en la incorporación de inteligencia artificial (IA) a la educación con el lanzamiento de Mi Econ, una plataforma desarrollada para asistir a estudiantes y docentes. El proyecto, que ya funciona en decenas de materias, combina innovación académica, transferencia tecnológica y un debate sobre el uso de los datos.

La iniciativa también abrió interrogantes sobre su uso en la educación, la gestión de los datos y por qué una herramienta vendida para mayor productividad es usada en las aulas.

Desde hace décadas hay diferentes iniciativas para incorporar asistentes digitales en el aula en todo el mundo. Si bien eran rudimentarias, a partir de 2020 con la llegada de la inteligencia artificial generativa, las posibilidades de personalización crecieron exponencialmente.

Durante 2025, investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas desarrollaron la plataforma junto con Hecho en UBA y Pre Inc-UBA, dependientes de UBA Investigación. El resultado fue Mi Econ, una herramienta que ya utilizan dos mil estudiantes en 40 materias, 184 cursos y 44 cátedras.

Mi Econ es la plataforma que alberga diferentes asistentes virtuales, tutorías personalizadas y simulaciones de escenarios para acompañar el aprendizaje. La idea es que cada docente pueda configurar un chatbot adaptado a su materia y a las necesidades de los estudiantes.

Según explicó la unidad académica de la UBA, el sistema permite crear asistentes que respondan desde el enfoque de figuras históricas o especialistas para enriquecer las actividades académicas. Un profesor de Sociología, por ejemplo, puede configurar un chatbot que responda como Karl Marx, mientras que en Medicina podría recrearse un intercambio con un premio Nobel y en Arquitectura presentar proyectos ante César Pelli.

Uno de los desarrolladores, Agustín Coll, explicó que la propuesta busca ofrecer tutorías personalizadas, simulaciones de escenarios y asistentes virtuales que acompañen el proceso de aprendizaje.

La experiencia en San Luis

La Universidad Nacional de San Luis fue una de las primeras universidades en adoptar la plataforma Aumenta AI, el nombre comercial de la plataforma.

En diálogo con Letra P, el secretario de Planeamiento de la Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales (FCEJS), Joaquín Flores, explicó que la herramienta se alimenta de la bibliografía que carga cada docente y fue diseñada para evitar que el estudiante delegue el aprendizaje en la inteligencia artificial.

“La guía está programada con participación del gabinete pedagógico de la UBA para que, en la gran mayoría de los casos, cuando el estudiante busca que le resuelvan algo, la plataforma le recuerde que piense. Si pide un resumen o la resolución de un ejercicio, no lo hace; le dice: 'Te puedo ayudar guiándote'", afirmó.

Asistente de inteligencia artificial de la plataforma Mi Econ

Asistente de inteligencia artificial de la plataforma Mi Econ

Flores señaló que la plataforma incorpora simulaciones utilizadas también por empresas privadas para desarrollar habilidades profesionales. "La idea es que el contador, además de aplicar fórmulas de matemática financiera, sepa interpretar información, solicitar un apalancamiento a un banco en una situación real o desenvolverse en distintos escenarios profesionales", explicó.

También destacó que el sistema permite realizar entrevistas mediante micrófono y cámara y ofrece indicadores para las instituciones. "Nos brinda métricas de aprendizaje, como mapas de calor sobre los temas más consultados y el avance individual de cada estudiante", sostuvo.

El debate sobre el uso de la IA en la educación

La incorporación de inteligencia artificial en la enseñanza también abrió un debate entre especialistas.

Para Fernando Schapachnik, docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador del Conicet, el primer problema es técnico. "Por más que los entrenes con un conjunto acotado de textos, no podés asegurar que no alucinen. Y no es un punto menor: estás dando una herramienta a la que el alumno le va a atribuir carácter de verdad", advirtió en diálogo con Letra P.

El investigador sostuvo que la diferencia con un error humano no radica en la posibilidad de equivocarse sino en la responsabilidad: “Si un estudiante responde mal un examen y muestra que el bot le dio esa respuesta, aparece un problema nuevo sobre quién responde por ese error", explicó.

Schapachnik también cuestionó el uso de estas herramientas durante la formación universitaria. A su juicio, la inteligencia artificial está pensada para aumentar la productividad, mientras que el aprendizaje requiere justamente lo contrario.

“Cuando sos estudiante quiero que hagas todo vos. Es el único momento de tu vida en el que necesitás recorrer todo el proceso de aprendizaje”, afirmó y agregó en relación a lo que se conoce como delegación cognitiva: “El esfuerzo es el momento en el que se produce el aprendizaje. Si no te cuesta, no estás aprendiendo”.

Las dudas también alcanzaron a asistentes configurados como personajes históricos. Un estudio publicado en New Media & Society, elaborado por Simone Natale, Beatrice Surace, Elisa Mensa y Luca Befera, concluyó que este tipo de aplicaciones tiende a privilegiar la fluidez de la conversación por encima del rigor historiográfico. Ese fenómeno favorece la aparición de respuestas falsas o imprecisas, conocidas como alucinaciones, que pueden resultar difíciles de detectar para usuarios sin formación específica.

La startup detrás del desarrollo

El proyecto universitario dio origen a Aumenta AI, una startup creada por sus desarrolladores Agustín Coll y Santiago Vespoli, que en enero de 2026 quedó constituida formalmente como una Sociedad por Acciones Simplificada (SAS).

La startup ya ofrece la misma tecnología a universidades, colegios y compañías privadas. Entre la clientela que exhibe en su sitio web aparecen Banco Credicoop, San Cristóbal Seguros, Macowens, Devré y la propia UBA, además de otras instituciones educativas. La licencia se comercializa bajo un esquema de pago por usuario.

En una publicación institucional, Coll explicó que, a partir de la experiencia desarrollada en la universidad, decidieron expandir la plataforma hacia colegios secundarios y empresas, además de ofrecer capacitaciones corporativas. Según afirmó, la demanda llegó desde distintas provincias argentinas y también desde otros países.

Los datos y las preguntas abiertas

Uno de los ejes principales del uso de IA tiene que ver con el tratamiento de la información procesada por la plataforma. Tras la presentación de Mi Econ, distintos usuarios cuestionaron en redes sociales la escasa información pública sobre el funcionamiento interno del sistema.

Las dudas apuntaron al destino de los datos cargados por estudiantes y docentes, al modelo de inteligencia artificial utilizado y a las condiciones de desarrollo del software, no detalladas en la web de la facultad.

El funcionamiento es similar al de los sistemas de generación aumentada por recuperación (Retrieval-Augmented Generation, RAG), que responden consultas a partir de la bibliografía y los materiales previamente cargados por cada cátedra.

Según la información publicada por Aumenta AI, la plataforma utiliza servicios de terceros como Clerk para la autenticación de usuarios, Google Drive API para acceder a los archivos autorizados y Google Cloud Vertex AI junto con Gemini para el procesamiento del lenguaje y la generación de contenido.

En paralelo, la normativa aprobada por la Facultad de Ciencias Económicas estableció que el uso de estas herramientas no modifica la responsabilidad académica del estudiante. La autoría de los trabajos continúa siendo de quien los presenta.

Mientras la plataforma continúa sumando reconocimientos dentro del ecosistema de la inteligencia artificial, permanecen abiertas las preguntas sobre el tratamiento de los datos personales recabados y la arquitectura tecnológica del sistema. Al cierre de esta nota, la UBA no había respondido las consultas de Letra P sobre esos puntos.

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