Rosario: el camino de Luciano Di Santo, de heredero supermercadista a sherpa de negocios con China
El empresario que vendió Micropack a TodoChen tejió una red de inversores asiáticos y prepara una consultora sino-argentina. El nexo con el gobierno de Xi.
Santa Fe: quién es Luciano Di Santo, el jóven empresario detrás del proyecto de Barrio Chino en Rosario
El proyecto para erigir un Barrio Chino en Rosario sacó a Luciano Di Santo del circuito estrictamente empresario para lanzarlo a un auténtico raid mediático. El joven heredero de la cadena de hipermercados Micropack, que vendió en una operación que marcó un quiebre con su padre, explora el nexo sino-argentino en sus negocios en Santa Fe.
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La historia grande de Di Santo en el mundo empresarial rosarino comenzó con su paso al frente en la cadena de supermercados y mayoristas Micropack, un emblema del sector en la ciudad de la bandera. Con su hermano Lelio -“su otra mitad” en los negocios- reemplazaron sorpresivamente a su padre, Lucio Di Santo, en el directorio de la empresa en 2020, con una reconversión que terminó partiendo en dos la firma.
Una mitad, la inmobiliaria, siguió bajo la órbita del padre, concentrado en los desarrollos comerciales y los shoppings Paso del Bosque y del Paraná. La otra, el negocio supermercadista, quedó en manos de los hijos.
A esa división, Luciano la recuerda hoy bastante aséptica. Entre sus motivos, dice, estaba la necesidad de una “reorganización y cambio de foco” para dos negocios que, por su crecimiento, necesitaban conducciones distintas. Las versiones que circularon, de todos modos, fueron menos prolijas que la oficial: se hablaba de diferencias de criterio entre las dos generaciones Di Santo y de una fractura familiar que trascendía los gajes del oficio.
La “desinversión” de Micropack en Santa Fe
Más allá de los entredichos, la división terminó con resultados disímiles. Los negocios inmobiliarios siguieron viento en popa, pero Micropack perdió fuerza después de una primera etapa expansiva y los hermanos resolvieron desprenderse progresivamente de la cadena. “Fue una desinversión planificada”, matizan cerca de la firma, al tiempo que marcan la reconversión como una “adaptación” a los tiempos de la economía nacional.
El desarme fue por partes y terminó de acelerar el vínculo con empresarios chinos, que pasaron de clientes históricos del tramo mayorista a socios. El último capítulo fue el acuerdo con TodoChen, que tomó en alquiler las dos grandes superficies -Avellaneda 441 y Arijón 565- que todavía funcionaban.
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Según detalló el empresarioa Letra P, hoy unos 35 mil metros cuadrados de propiedades del grupo están arrendados y una parte importante quedó en manos de esos y otros operadores asiáticos. “Ya está, es una etapa cumplida”, resumió Di Santo.
El giro oriental de los negocios
El desprendimiento, pese a la nostalgia inevitable, abrió nuevos aires. “Ahora que nosotros ya no tenemos más operaciones, estamos con la cabeza limpia y el 100% del tiempo para ayudar y vincular gente”, explicó Luciano.
Es que, tras ceder las dos últimas bocas a la familia Chen y otro paquete de inmuebles al grupo oriental que controla al mayorista Caromar, los Di Santo quedaron parados en un lugar distinto. Ya no como protagonistas, sino como nexo entre inversores asiáticos y oportunidades de negocios en la región.
“Primero fuimos proveedores, después -a partir de las transacciones- socios y ahora asesores de este y varios grupos chinos”, sintetizó el empresario sobre un vínculo que, remarca, no nació con las ventas y cesiones ocurridas entre 2024 y 2026: “No es de un día para el otro, los construimos en 70 años”.
En el mismo sentido, distintas fuentes confiaron a Letra P que los vínculos de Di Santo hijo con la Cámara Argentino China son muy fluidos.
Él mismo reconoce relaciones profundas con integrantes del organismo de Rosario, referentes del Barrio Chino de Buenos Aires - como Wang Guang Yu, su presidente - y varios pesos pesados de la operación oriental en Argentina. La red, asegura Luciano, alcanza hoy a unos 150 grupos del gigante asiático de distintos tamaños y rubros.
Por eso, con Micropack ya lejos, los hermanos buscan ahora darle forma a ese abanico de relaciones. Grupo Lemas, una flamante consultora e inmobiliaria pensada para intermediar inversiones chinas con contrapartes "criollas", sería el vehículo para explotar ese nuevo universo de negocios.
La vidriera del negocio sino-argentino de los Di Santo
El Barrio Chino en Rosario, un boom mediático y viral para la región, sería la muestra pública del nuevo capital de los hermanos Di Santo.
Aún sin lugar definido, con varias zonas y hasta localidades disputándose el desembarco, Luciano ya tiene una cucarda para mostrar: la Oficina de Asuntos de Ultramar del Consejo de Estado de la República Popular China habilitó la instalación del característico arco que identifica a estos paseos alrededor del mundo.
“Es el sello, la garantía. Eso es muy importante porque te pone en el mapa. No hay un Barrio Chino homologado en cada país, mucho menos en cada ciudad”, explicó.
El puente hacia los mandamases del PCC fue la propia Embajada de China en Argentina, cuyo titular, Wang Wei, mantiene fuertes nexos con sus compatriotas empresarios y hasta fue uno de los actores que, según Di Santo, habría incentivado el desembarco de nuevos capitales en las propiedades de Micropack y otros inmuebles en la ciudad tras su visita a Rosario en enero.
El encuentro entre el Gobernador de Santa Fe Maximiliano Pullaro y el embajador Chino en Argentina.
La relación, de todos modos, se canalizó más por intermediarios que por una línea directa. En esa trama jugó fuerte la Cámara China de la ciudad —articuladora entre empresarios, diplomáticos y organismos del gigante asiático— y Wang Guang Yu, presidente del Barrio Chino de Buenos Aires, a quien los hermanos fueron a buscar para incorporar parte del know how del modelo porteño.
El empuje privado, por su parte, llegó de varios de los grupos con los que los Di Santo ya venían haciendo negocios y terminará de tomar forma a través de un fideicomiso donde convivirán capitales asiáticos y rosarinos.
Los locales, por su parte, quedarán principalmente en manos de operadores orientales vinculados a gastronomía, comercio y servicios. Luciano y Lelio, en tanto, se reservan otro lugar: el de articuladores del negocio, una suerte de sherpas del capital chino en la región.