El socialismo votó en Diputados las leyes de seguridad que pedía Maximiliano Pullaro, pero la aprobación no alcanzó para descomprimir la tensión dentro de Unidos. Joaquín Blanco y Lionella Cattalini, los únicos oradores del partido, cargaron contra funcionarios del PRO por las presiones de la última semana y reivindicaron los cambios introducidos al proyecto original.
El socialismo le pasó factura a Federico Angelini
En la previa de la sesión, Federico Angelini había salido a cuestionar al PS por las demoras en el tratamiento del paquete. En Radio 2, atribuyó las diferencias a "cuestiones ideológicas" y advirtió que detrás de la disputa política "pueden venir homicidios, pueden venir muertes".
Con el acuerdo cerrado y la ley destrabada, el partido de la rosa recogió el guante. Cattalini abrió el debate apuntando contra quienes, a su criterio, pretendieron imponer los tiempos legislativos, a los que acusó de convertirse en "policías del pensamiento".
"Me gustaría que pongan la cara los que quisieron dar ese debate berreta, desafortunado e inapropiado de decirnos a algunos que si no salen las leyes como quieren y en el momento que quieren estamos a favor del delito", disparó. "A algunos se les tendría que caer un poquito la cara de vergüenza", agregó.
La diputada fue directamente contra Angelini, a quien acusó de mentir al afirmar que la falta de las nuevas leyes había impedido realizar un procedimiento por una entradera. "Eso no se lo voy a permitir", advirtió, y lo desafió a identificar qué artículo del proyecto habilitaba esa intervención.
No fue el único dardo. Sin nombrarlo, Cattalini también lo metió en la bolsa de los funcionarios que buscan convertirse en "el empleado del mes" para ser bendecidos con una candidatura en febrero.
Blanco tampoco dejó pasar los dichos del dirigente amarillo, a los que calificó de agraviantes e injustificados. "¿Se piensan que nos van a correr apretándonos con operaciones de redes sociales o con las frases desafortunadas de un funcionario? Hace 20 años que ponemos el cuero para transformar esta provincia", lanzó.
El secretario general del PS reservó una última ironía para Cristian Cunha, otro enrolado en el PRO, quien había acusado al espacio de sostener una línea garantista que protegía a los delincuentes. "La última vez que lo escuchamos hablar al secretario Cunha estaba con el tema del dengue. Ahora también está con temas de seguridad", chicaneó.
Joaquín Blanco: "El mensaje del Ejecutivo era una mala ley"
El jefe del bloque también fue categórico respecto a la iniciativa original de la Casa Gris, a la que calificó como "una mala ley". Recordó que ya le había planteado sus reparos al ministro Pablo Cococcioni en mayo y cuestionó la decisión de reunir modificaciones a cinco normas diferentes en un único proyecto: "es mala tecnica legislativa".
Para Blanco, los cinco meses de discusión permitieron corregir esas deficiencias y reducir los riesgos de judicialización e inconstitucionalidad. "Esta ley es mejor porque tiene más legitimidad", sostuvo.
El resultado, cuentan en el partido, también tuvo su correlato en la votación: mientras la propuesta original aspiraba apenas a reunir los apoyos de Unidos, el texto definitivo consiguió respaldos más amplios y el reconocimiento de buena parte de la oposición, incluidos legisladores que no acompañaron la votación pero destacaron las mejoras.
Blanco atribuyó buena parte de ese trabajo a Rubén Galassi, a la presidenta de la Cámara, Clara García, y a la propia Cattalini, de quien destacó que soportó ataques de sectores machistas que "no se bancan que mujeres conduzcan procesos políticos".
Algunos interpretaron la frase como un tiro por elevación al presidente provisional del Senado, Felipe Michlig, con quien la diputada se había cruzado semanas atrás.
Una advertencia para Unidos
El secretario general del socialismo también destacó que, lejos de ser una política fundacional, la estrategia de seguridad del actual gobierno tiene una fuerte impronta de las gestiones socialistas. Para demostrarlo, repasó los recorridos de varios integrantes del gabinete, entre ellos Pablo Cococcioni, Gustavo Puccini y el propio Maximiliano Pullaro, que ocuparon cargos durante las administraciones del Frente Progresista.
Con el gobernador buscó marcar una diferencia respecto de los funcionarios cuestionados y reivindicó la relación política y personal que mantienen. "Puedo mirarlo a la cara y le puedo decir qué cosas pienso que están bien, qué cosas pienso que están mal", sostuvo, y aseguró que esa franqueza, ejercida desde la lealtad y la honestidad intelectual, es el mejor aporte que puede hacerle a Pullaro.
Sin embargo, advirtió sobre la necesidad de cuidar Unidos y evitar que las disputas internas terminen debilitando al frente.
Para graficar los riesgos, recordó las experiencias del Frente de Todos y Juntos por el Cambio, atravesadas por fuertes internas entre sus socios. "Las coaliciones políticas son fáciles para armar y ganar elecciones. Lo más complejo es mantenerlas en el tiempo", planteó.