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Elecciones 2026 | Córdoba

Martín Llaryora empezó a jugar en Marcos Juárez y mide a Germán Font para enfrentar a Sara Majorel

El gobernador inauguró la sede de una universidad y activó la campaña. Compartió cartel con la intendenta, alineada a LLA. Dellarossa, con rol secundario.

Marcos Juárez no es solo una ciudad pujante del sudeste de Córdoba. Es la cuna donde se gestó la alianza que llevó a Mauricio Macri a la presidencia y que comanda Sara Majorel, aliada del PRO y alineada con Javier Milei. Germán Font es la carta que empieza a orejear Martín Llaryora rumbo al 6 de septiembre.

El secretario de Coordinación y Desarrollo Productivo en el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica perfila como candidato para que el peronismo se plante en una ciudad reactiva. Vecinalistas se pasaron la posta hasta que llegó al poder el macrismo en 2014. El ministro de Gobierno, Manuel Calvo, es quien ya digita a los encuestadores, que empezaron el trabajo de campo este mismo miércoles.

La inauguración de la primera etapa de la sede regional “Bernardo Houssay” de la Universidad Provincial de Córdoba (UPC) en esa ciudad fue más que un acto de gestión. El gobernador estuvo acompañado por Font, como una de las figuras centrales, señal nítida de cara a las próximas elecciones.

Martín Llaryora activó la campaña

La excusa fue el fortalecimiento del polo educativo. Junto a la intendenta Majorel y la rectora de la UPC, Julia Oliva Cúneo, el gobernador habilitó el primer módulo de lo que será una de las 15 sedes proyectadas en la provincia. Sin embargo, en la comitiva oficial el que sobresalió fue Font.

Pese a que en el evento hubo ministros de peso, como Marcos Torres y Manuel Calvo, y el propio Pedro Dellarossa, exintendente y actual vicepresidente del Banco de Córdoba, llamó la atención que se le otorgaran minutos de micrófono al secretario de la cartera que dirige Sergio Busso, muestra de que con el respaldo del llaryorismo, ya se calza el traje de candidato para intentar quebrar doce años de hegemonía opositora.

Dellarossa debiera ser el candidato natural, sin embargo hay un quiebre explícito con Llaryora desde que el funcionario decidió disputar el sello amarillo con Majorel. El rol secundario que tuvo en el acto de inauguración fue señal de esa ruptura.

En ese contexto, el exconcejal de esa localidad asoma como la apuesta de "Hacemos Unidos" para disputarle el poder a un arco opositor que parece reconfigurarse entre el amarillo y el violeta. Su perfil de ingeniero agrónomo, sumado a su pasado como referente en la Federación Agraria y como Director General de Agencias Zonales y Desarrollo Territorial, Ministerio de Agricultura y Ganadería de Córdoba le otorga el manual de estilo que Llaryora busca: gestión técnica, cercanía con el campo y ADN productivista.

El mensaje del Panal, como se denomina al Centro Cívico, es que disputará el poder con un alfil peronista. Dellarossa será problema de la oposición, un punto deliberadamente buscado por Llaryora que en la atomización saca ventaja.

Mensaje político en Marcos Juárez

Si bien el acto institucional mantuvo las formas cordobesas -con fotos cordiales e institucionales entre Llaryora y Majorel-, el trasfondo es de disputa territorial. La UPC representa un desembarco directo de la Provincia en una ciudad que históricamente le ha sido esquiva.

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De izq a der: Marcos Torres, Julia Oliva Cúneo, Sara Majorel, Martín Llaryora, Manuel Calvo y Germán Font.

"Con la incorporación de este espacio, se amplía el polo educativo de la comunidad", destacaron desde el Gobierno. Pero en el "minicentro" de la rosca cordobesa se lee otra cosa: el gobernador está instalando capacidad de gestión propia en el corazón de la zona núcleo.

El sur de Córdoba, buenas migas con el PJ

Para el peronismo, Marcos Juárez es una cuenta pendiente. Si bien la ciudad ha sido esquiva a los sellos partidarios tradicionales del PJ, el peronismo cordobés supo construir vínculos allí a través de figuras de la Unión Vecinal. Nombres como los de Henry Dellarossa y Eduardo Avalle marcaron una época de intendencias vecinalistas que mantuvieron aceitadas relaciones con los oficialismos de turno.

El último eslabón de esa cadena de sintonía política fue el vecinalista Avalle, un aliado estratégico y hombre de confianza de José Manuel de la Sota, quien finalizó su mandato en 2014. Desde su salida, el esquema de poder cambió de raíz: la ciudad se convirtió en el bastión fundacional de Juntos por el Cambio bajo la hegemonía del radical Dellarossa, quien gobernó hasta 2022 y fue sucedido por Majorel.

El territorio de Sara Majorel, en disputa

La actual intendenta ha profundizado el giro ideológico de la ciudad. Mientras Dellarossa representaba el ala más tradicional de la alianza opositora, Majorel ha coqueteado abiertamente con el esquema de Milei, pero en las últimas encuestas, su imagen ha ido en picada.

La ciudad es un polvorín de ambiciones cruzadas donde el PRO, la UCR y los libertarios forcejean por el control. No se descarta que Dellarossa y Majorel terminen en veredas enfrentadas, aunque por ahora el juego es de posicionamiento. La intendenta aspira a encabezar un frente amplio que logre el hito de sumar a LLA a la coalición que ya mantiene con el radicalismo local, blindando su gestión con el sello oficialista nacional.

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Sara Majorel junto a Gabriel Bornoroni y sus alfiles de La Libertad Avanza de Córdoba

Por su parte, Dellarossa pretende retener la candidatura por el PRO, pero choca con la estrategia de Majorel, quien pelea por el sello amarillo con la venia de Laura Rodríguez Machado. La diputada , hoy plenamente integrada al bloque de La Libertad Avanza, funciona como el puente para la intendenta hacia el universo de Gabriel Bornoroni, en un intento por desplazar a Dellarossa del centro de la escena.

"El que mejor mida será el candidato", dejan trascender. Sin embargo, esa sentencia abre una caja de Pandora: si la medición no favorece a los históricos, la puerta quedaría abierta para un "outsider" puro de las filas de Bornoroni, fragmentando definitivamente el "kilómetro cero" de la oposición y facilitando el avance de la renovada apuesta llaryorista.

Con la mira puesta en el 6 de septiembre, el operativo en el sudeste ya está en marcha. Llaryora no solo lleva universidades; lleva a sus alfiles que vuelven a caminar una ciudad que define climas políticos.

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