La Legislatura porteña convirtió en votos el acuerdo que el PRO y La Libertad Avanza (LLA) habían empezado a madurar en comisiones. Con la reforma de la Verificación Técnica Vehicular (VTV), la Ley Hojarasca y la regulación de la actividad de los trapitos, el recinto dejó una foto política nítida.
La reforma de la VTV fue aprobada con 30 votos positivos, 24 negativos y ninguna abstención. La Ley Hojarasca reunió 30 apoyos, 23 rechazos y ninguna abstención. El proyecto sobre trapitos salió con 35 votos afirmativos, 18 negativos y tampoco tuvo abstenciones.
En los tres casos, el resultado confirmó una dinámica que ya se había expresado en los dictámenes. El PRO acompañó iniciativas impulsadas por LLA y la Unión Cívica Radical (UCR) facilitó parte de esa agenda, mientras que Fuerza por Buenos Aires se ubicó como principal oposición.
El proyecto para penalizar el vapeo en espacios no permitidos también fue aprobado, con 41 votos afirmativos, ningún rechazo y 12 abstenciones, y completó el menú de una sesión cargada de expedientes con impacto en la vida cotidiana porteña.
El acuerdo entre el PRO y La Libertad Avanza
La reforma de la VTV cerró la votación de los principales temas que graficaron la convergencia, por ahora legislativa. El proyecto impulsado por LLA modificó el régimen vigente, amplió los plazos para los vehículos particulares y abrió el esquema de prestación del servicio.
En comisión, el texto había conseguido el acompañamiento del PRO y dejó planteada una coincidencia programática en torno a la desregulación de servicios, la reducción de cargas para automovilistas y la adecuación de la normativa porteña a criterios más flexibles.
El mismo patrón se repitió con la Ley Hojarasca porteña, otra iniciativa libertaria que propuso derogar normas consideradas obsoletas o sin vigencia práctica. El dictamen también había reunido firmas de LLA y Vamos por Más, después de una negociación que quitó puntos sensibles y permitió ordenar un despacho común.
A esa agenda se sumó el proyecto de regulación de la actividad de los trapitos, un tema conectado con la política de seguridad y control del espacio público que el oficialismo porteño buscó sostener como marca propia. En ese expediente, el PRO volvió a encontrar coincidencias con el bloque libertario.
Fuerza por Buenos Aires y la crítica peronista
Del otro lado, Fuerza por Buenos Aires buscó instalar una lectura opuesta. El bloque peronista cuestionó la Ley Hojarasca y sostuvo que, bajo la excusa de la “simplificación normativa”, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, “vuelve a ponerse el traje libertario” y acuerda con LLA la derogación de leyes clave.
La crítica no apuntó sólo al método, sino también al contenido del paquete. El peronismo advirtió que la eliminación de normas vinculadas al control de góndolas podía afectar derechos de consumidores y controles sobre la cadena de frío. También cuestionó la derogación de exigencias para jardines no oficiales por su impacto sobre las infancias.
Dirigentes de Fuerza por Buenos Aires sostuvieron que muchas de esas normas podían estar desactualizadas, pero debían ser modernizadas y no eliminadas sin reemplazo. También afirmaron que el paquete expresaba un retroceso en las capacidades de control del Estado porteño y una transferencia de costos hacia vecinos.
Esa posición convivió con la aprobación del proyecto que buscó acercar una solución al endeudamiento de miles de familias porteñas. La iniciativa del legislador Leandro Santoro fue acompañada por 42 votos afirmativos, ningún rechazo y ocho abstenciones.
La UCR ante el nuevo equilibrio porteño
En el medio quedó la UCR. La conducción radical porteña sostuvo la necesidad de construir una coalición de centro para 2027, sin LLA como socio estratégico. Sin embargo, sus bancas volvieron a ocupar un lugar funcional para la agenda que acercó al PRO y al bloque libertario.
La sesión también incluyó la autorización de financiamiento para la construcción de la Línea F de subte, una obra estructural para la movilidad porteña. Ese expediente fue aprobado con 56 votos afirmativos, uno negativo y ninguna abstención, y mostró un registro distinto, con acuerdos más amplios en el recinto.
El armado de esas mayorías exhibió, además, el peso de la negociación interna dentro de la Legislatura. En el PRO empezó a hacerse visible el rol del secretario administrativo del cuerpo, Christian Gribaudo, en la construcción cotidiana de acuerdos entre bloques.
La votación de la VTV, la Ley Hojarasca y la regulación de los trapitos confirmó una dinámica que venía desde comisiones. En la Legislatura porteña, el acuerdo PRO-LLA dejó de ser una hipótesis de trabajo y empezó a convertirse en una herramienta concreta de confluencia parlamentaria.