Martín Llaryora dejó tres mensajes políticos a su gabinete compuesto por supervivientes, reubicados y recién llegados al gobierno de Córdoba: ningún funcionario podrá confrontar de manera directa con Javier Milei; las diferencias políticas y de gestión se contarán con acciones concretas y los reclamos se plantearán en nombre de la ciudadanía cordobesa.
Ese es el marco que fijó Llaryora en la primera reunión de gabinete con Manuel Calvo a la cabeza. Quedó expresado, con nitidez, cuáles son los puntos flojos, las red flags, que asoman en las costas de la “isla” mediterránea.
El jueves a la tarde, con café, Coca-cola y palmeritas sobre la extensa mesa, el gobernador convocó a ministros, presidentes de agencias, a las autoridades de la Universidad Provincial y sumó al presidente provisorio de la Legislatura, Juan Manuel Llamosas.
Martín Llaryora delega poder
Le dieron un aplauso a Fernando Sibilla, el nuevo ministro de Producción. Contuvieron la abstinencia de no tener los celulares en la mano, a pedido del gobernador, que se los hizo dejar en una caja en la entrada. Llaryora explicó las razones de los cambios de gabinete que ejecutó -quedó flotando la sensación de que no habrá más hasta que pase León XIV- y empoderó a su nuevo jefe de Gabinete.
Llaryora les transmitió que quiere una gestión “más ágil” y que las reuniones serán más frecuentes. Habrá algunas por temáticas y otras generales. Más liberado de “la diaria”, el gobernador admitió que se concentrará en dos ejes: cuestiones estratégicas (puede suponerse que allí ingresa la campaña) y estar con la gente.
Dijo lo que dijo y abandonó la sala. Calvo, el ungido, ajustó algunas tuercas y dejó clara cuál va a ser la médula del discurso cordobesista: “Córdoba es la mejor provincia de Argentina”. Exceso de autoestima que siempre rindió en esta isla que mira de soslayo los puertos. En menos de un año -siete u ocho meses como mucho- en este punto del mapa se vota.
El eje Manuel Calvo y Gustavo Brandán
Pero esa Córdoba no es Disney para el peronismo, por más que la gobierne hace décadas. La Legislatura sigue siendo título por asesores de la más baja calaña en la pirámide del delito. El poderoso Oscar González enfrenta un juicio por homicidio y pronto será el turno del exministro Alfonso Mosquera, por violencia de género que terminó con el suicidio de la víctima.
Conscientes de que esos problemas tienen una estela que escapa de lo controlable, se supone, atienden a otras banderas rojas que explican la ingeniería que pergeñó Llaryora para estar en el territorio; también el empoderamiento de un llaryorista pura cepa como Gustavo Brandán, una suerte de ministro de Gobierno sin título.
Llaryora, en un ritmo de campaña, buscará recorrer y llevar algo a las 427 localidades de esta Córdoba municipalista. Si bien el departamento Colón y el sur provincial siempre tuvieron sus desafíos, hay tres red flags que, al menos dos, serán responsabilidad directa de Brandán: los departamentos Punilla y Calamuchita. Llaryora, junto al intendente Daniel Passerini y Alejandra Vigo, buscarán mejorar la base en la Capital.
Ajustes de unidad del PJ y contención libertaria
En los bastiones serranos, la dirigencia está dispersa y hay caciques territoriales fuertes que complican la bajada directa de los mensajes que quedaron transformados en consignas de trabajo en la reunión de gabinete que empoderó a Calvo como gobernador blue.
En Calamuchita, donde el peronismo tuvo internas en tiempos de Juan Schiaretti, el mapa empieza a virar hacia la unidad. Hubo una reunión esta semana que encabezaron Brandán y Augusto Pastore, desde 2023 en el esquema de Calvo.
El anfitrión fue Julio Gantus, intendente de Villa Rumipal, quien recibió a los dirigentes de Amboy, Villa Cañada del Sauce, Embalse, La Cumbrecita, Los Molinos, Segunda Usina, Villa Amancay, Villa Ciudad Parque, Los Reartes, Villa del Dique, Villa General Belgrano, Parque Calmayo y Villa Quillinzo. También participaron el legislador y kirchnerista arrepentido Federico Alesandri.
Gustavo Brandán reconstruye Calamuchita, un departamento clave para Martín Llaryora
En Punilla, la avanzada libertaria es un tema a atender. La composición de la ciudadanía es mixta: gente nacida y criada con radicados de otras provincias. Es difícil llegar con un mensaje único, sostienen dirigentes del justicialismo. Además, el jefe del bloque oficialista en Diputados, Gabriel Bornoroni, está activo en la zona.
Este fin de semana, lideró una recorrida por ese cordón serrano y se reunió con el jabonoso intendente de Villa Carlos Paz, Esteban Avilés.
Peronismo o incertidumbre libertaria en Córdoba
El mensaje que bajó Brandán fue el mismo de cada una de sus recorridas por bastiones amables y complejos para el PJ: pegar las elecciones municipales a la provincial. La tropa llaryorista hace terrorismo conociendo la especulación propia del intendentismo que decide a último momento la mejor estrategia para su pago chico.
Más o menos, lo que deberían interpretar es lo siguiente: ¿vas a poder gobernar con Bornoroni en el despacho central del Panal? La respuesta inducida es no. La conclusión que deben sacar es que la reelección de Llaryora ocupa el primer lugar.
El interior será una prioridad y hay dos municipios que están en el tope. Quieren recuperar Jesús María y el candidato será el ahora ministro de Cooperativas, Gabriel Frizza, que ya gobernó y no tiene empacho a la hora de criticar al libertario Federico Zárate.
El otro foco está también en Colón y es La Calera, gobernada por el vecinalista y también filolibertario Fernando Rambaldi. Esa mención tiene otra entrelínea que pone a girar el armador de los intendentes. Brandán deja saber que no se permitirán divisiones caprichosas como la de los primos Rufeil, que allanaron el camino del triunfo en esa ciudad populosa, pegada a la capital provincial.
Plata para la gestión de Daniel Passerini
La capital es el gran punto rojo del plan. Se activarán los $130.000 millones para infraestructura y salió el crédito de U$S 120.000 millones para rolear deuda.
Para que haya menos fallas, la gestión se antepone a la interna por la sucesión. Esto explica la razón de que el intendente Daniel Passerini se haya quedado con el control de la lapicera del partido y la senadora Vigo con el control directo de poco menos del 90% de las 14 seccionales en las que se divide la ciudad.
Daniel Passerini visitó en Houston empresas líderes en transformación energética
Peso a esto, cada vez son más los anotados. A los nombres tradicionales, como Miguel Siciliano, Marcelo Rodio y Héctor Campana, se suman otros perfiles jóvenes, como el de Miguel Magnasco, dirigente peronista de extracción universitaria, miembro del gabinete provincial, que lanzó su campaña esta semana. Eso sin contar altos perfiles como los extrapartidarios Myrian Prunotto y Juan Pablo Quinteros.
Si Llaryora crece sostenido en el interior y repunta en la capital habrá una buena base, sostienen los estrategas del Panal. Las mediciones que tienen por seccionales marcan una mejora y se ilusionan. Sin embargo, como conclusión de los movimientos de esta semana, el cordobesismo de Llaryora asiste a una distribución de roles inédita en el formato de poder provincial, que siempre recayó en un solo nombre.