A un año de las próximas elecciones, la Unión Cívica Radical (UCR) busca una salida del laberinto que le representa el futuro. Tironeada por Axel Kicillof y Javier Milei, la conducción boinablanca apuesta a una alianza de centro, un especie de Juntos por el Cambio remozado que le permita ordenar la tropa en sus franquicias provinciales.
La UCR tironeada
El partido centenario está en un lugar difícil. Por un lado, el surgimiento de La Libertad Avanza le comió una porción de su electorado. Un excandidato a gobernador en una provincia del norte aún se lamenta porque la irrupción libertaria le arrebató la mitad de sus votos y lo privó de un triunfo que creía un hecho. Frente a esa crisis, mantener cohesionado al partido que sufre filtraciones todos los días se volvió una tarea titánica. Desde los acuerdos de Alfredo Cornejo y Leandro Zdero en sus provincias hasta la visita de Rodrigo De Loredo a Lule Menem en la Casa Rosada, alimentan la incertidumbre de una fuerza histórica que hoy se encuentra en medio del laberinto.
Del otro lado, Axel Kicillof comenzó un operativo de seducción para intentar sumar el apoyo de la UCR a su campaña presidencial. Para el gobernador bonaerense es una jugada a dos bandas. Por un lado, mostrarse con radicales lo ayuda en su operativo de deskirchnerización. Por otro lado, le aporta cierto peso territorial en provincias donde aún no tiene un armado consolidado. A cambio, ofrece una alianza donde los radicales puedan tener protagonismo sin los modos duros libertarios. Algo de eso motivó su acercamiento a Gustavo Valdés y Juan Manuel Valdés en su última visita a Corrientes.
Una nueva versión de Juntos por el Cambio
Así las cosas, la idea de cultivar una opción de centro empezó a rondar en la cabeza de quienes hoy conducen el partido centenario, cuyo presidente es el santafesino Leonel Chiarella, un hombre de Maximiliano Pullaro. Empezó a tomar forma luego de la visita de Mauricio Macri a Santa Fe, donde fue recibido por el gobernador y por el propio Chiarella, que se fueron con la idea de que el expresidente tiene ganas de volver a competir en la arena política, aunque saben que el riesgo es caer en una jugada para que el PRO negocie mantener el control de la Ciudad de Buenos Aires.
Un neo Juntos por el Cambio sería una zanahoria para motivar el orden en algunas de las franquicias radicales del interior. Al partido le sobran grietas internas en provincias como Catamarca o La Rioja que, si bien no son fácilmente solucionables, un orden desde arriba hacia abajo podría ayudar a solucionar. En la UCR apuestan a reforzar los distritos que gobiernan -Santa Fe, Chaco, Mendoza, Jujuy y Corrientes- y en donde son parte del oficialismo -San Luis, San Juan, Rio Negro, Chubut y Entre Ríos-. En el resto de los terruños la situación no es la mejor.
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Maximiliano Pullaro y Mauricio Macri revivieron la idea de que la UCR y el PRO se alíen.
Un tercer beneficio es que una expresión electoral propia apuntalaría la construcción del nuevo posicionamiento radical. Es la misión que le quita el sueño a Chiarella. Su objetivo es mostrarla como una opción que sabe gobernar con eficiencia, que cuida el equilibrio fiscal pero con empatía social. “Construir sobre las Y y no sobre los O, equilibrio fiscal y gestión, como hacemos donde somos gobiernos”, dicen los boinablanca. Una opción propia, entonces, evitaría una diáspora de dirigentes tocando la puerta en los extremos de la grieta.
Una apuesta arriesgada
Lógicamente que la idea no deja de ser una apuesta riesgosa. La UCR del interior pone en juego nueve bancas en el Senado. Con cautela, los radicales se aferran a que seis de esos escaños se ponen en juego en distritos donde gobiernan, puntualmente en Santa Fe, Mendoza y Corrientes. Otros dos son distritos donde el armado es fuerte, como en La Pampa, el distrito que más ilusiona a los boinablanca, y Chubut, donde forman parte del gobierno. La última banca de la cámara alta en juego es la de Catamarca, donde el partido está despedazado por mil partes.
Leonel Chiarella
Leonel Chiarella, presidente de la UCR.
Por el lado de la Cámara de Diputados, son cuatro los escaños que la UCR pone en juego. Dos de ellos están en el bloque de Provincias Unidas, son los de los jujeños, otra provincia que gobierna la UCR, Jorge Rizzotti y María Inés Zigarán. Los otros dos son del bloque UCR: el mendocino Lisandro Nieri y Gerardo Cipolini, de Chaco. También son de referentes oriundos de provincias gobernadas por radicales.
La apuesta es riesgosa, además, por el pasado reciente. Lo más parecido a lo que quiere intentar la UCR es el experimento Provincias Unidas en las últimas elecciones, que intentó pisar fuerte en Córdoba, Santa Fe y Chubut de la mano de los gobernadores Martín Llaryora, Pullaro y Nacho Torres. Los resultados no estuvieron a la altura de las expectativas. No solo por los siete puntos cosechados a nivel país, sino porque la conformación de un bloque conjunto fue una alquimia difícil que se refleja en varias votaciones en las que los diputados y diputadas terminan partidos.