La Libertad Avanza - PRO, sin novedades en el frente (electoral)
Delegados de cada sector se ven las caras hace dos meses, pero no resuelven nada. De la indefinición a la desconfianza. Los obstáculos para la unidad 2027.
Al parecer, 72 días, seis reuniones en la Casa Rosada y un sinnúmero de otras comunicaciones no fueron suficientes para que La Libertad Avanza y el PROlleguen siquiera a un principio de entendimiento electoral. Las indefiniciones no se deben a una falta de voluntad, sino al choque de intereses entre los representantes de Karina Milei y los de Mauricio Macri, que amenaza con desgastar los acuerdos en las provincias y semiparalizar los debates legislativos.
Registrate para continuar leyendo y disfrutando de más contenidos de LETRA P.
En cada uno de los encuentros institucionales que se llevaron adelante en la planta baja de la sede de Gobierno entre los dos coroneles del karinismo, Martín y Lule Menem y los dos capitanes del macrismo, Cristian Ritondo y Fernando de Andreis, se repasaron siempre temas de coordinación en el Congreso, que de mínima ya estaban resueltos con anterioridad. Nunca abordaron temas sensibles de cara al 2027, como la reforma electoral, el armado y las candidaturas o la posible confluencia de espacios en el Gabinete.
Los encuentros se sostienen por la necesidad y urgencia de cada sector, como así también por la garantía de diálogo que brinda Diego Santilli, que tiene un puesto como representante del partido amarillo y el otro como integrante de la administración violeta, pero no avanzan por la desconfianza mutua de la mesa partidaria.
En otras palabras, los Menem quieren los votos del PRO ahora para la reforma política, el Presupuesto 2027 y la nueva tanda de proyectos para luego cerrar un acuerdo electoral recién el próximo año, al filo del cierre de listas. Mientras que Ritondo y De Andreis pretenden firmar una alianza con diez puntos centrales cuanto antes.
La táctica de LLA
En la mente de los armadores oficialistas queda todavía el recuerdo del método electoral que impusieron en 2025, que les sirvió tanto para someter a buena parte de las provincias aliadas sin perder demasiado respaldo legislativo, como para acorralar a sus enemigos internos, representados fundamentalmente por Santiago Caputo. "Si hubiéramos hecho lo que quería 'El Pibe' (como suelen llamar al asesor), nos hubieran llevado puesto en diciembre", suelen repetir en esta nueva etapa de negociaciones.
Si bien la lógica del karinismo no es la misma que la del año pasado, en la mente de El Jefe persiste todavía la idea de no cerrar acuerdos en todos lados, y tampoco tener un método homogéneo en los territorios aliados. Para los Menem no se trata de teñir el país de violeta como en 2025, pero tampoco regalarle las provincias a los gobernadores por un par de votos en el Congreso. Por eso el tiempo para ellos es clave.
Martín Menem y Lule Menem, representantes de La Libertad Avanza.
Por eso la cúpula de LLA dilata las definiciones políticas y electorales. Sus integrantes ganan días para esperar un futuro más prometedor, en el que la economía y la imagen presidencial estén un poco más holgadas, pero también obtienen tiempo para que sus candidatos locales tengan más recorrido, ya que muchos hoy no están en condiciones de competir por una gobernación, pero quizá con seis meses más de instalación sí.
Además, los armadores están convencidos que cuentan con una ventaja: la mayoría de los gobernadores aliados comparten electorados con Milei y no están en condiciones de desafiarlo en sus provincias, por lo que ir en contra de La Libertad Avanza es, de algún modo, ir a contramano de su propia supervivencia. De todos modos, la Casa Rosada sabe que necesitan a los mandatarios porque los votos en el Congreso no le sobran a LLA, y porque, en el oficialismo, son cada vez más conscientes que el Presidente corre serios riesgos de perder en una eventual segunda vuelta electoral.
Al otro lado de la grieta, Santiago Caputo parece sonreír al advertir que, casi dos años después, los Menem adquirieron algunas de sus estrategias de negociación con la oposición, basado en un juego de presión, amabilidad y desconcierto. Si el asesor fue el gestor principal del Pacto de Mayo en Tucumán, los Menem fueron los artífices del Pacto de Octubre en París.
Los acuerdos en las provincias y los ruidos
Del fugaz romance en Francia, la administración libertaria está prácticamente decidida a confluir o cuando menos charlar las condiciones de una alianza con Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Leandro Zdero (Chaco) y Alfredo Cornejo (Mendoza), con quienes ya tuvieron una experiencia exitosa en 2025. Si bien el mendocino suele tener el acecho electoral de Luis Petri, el diputado no es bien visto ni por El Jefe ni por los Menem. En el karinismo detestan el perfil del exministro de Defensa, como sus intenciones de ganar ventaja en el armado a fuerza de sus contactos directos con Milei, sumado a que no cayó para nada bien su discurso islamófobo en la cámara baja de esta semana.
Además, LLA pretende cerrar alianzas con Marcelo Orrego (San Juan) e Ignacio Torres (Chubut), quienes administran territorios claves para el modelo extractivista que impulsa el Gobierno y han dado muestras de confluencia política con Balcarce 50. A la lista podría sumarse Claudio Poggi (San Luis). No sucede lo mismo en la Ciudad de Buenos Aires, Jujuy y Salta, jurisdicciones en las que el tiempo podría terminar de convencer a Karina de presentar candidatos propios.
El mapa está tan fragmentado que la unidad entre LLA y el PRO en una provincia no es garantía de orden en los municipios que la componen. El ejemplo más claro es Buenos Aires, donde el Presidente ya señaló a Santilli como candidato a gobernador, y el ministro coordinador, a su vez, ya le dio su palabra a Ritondo que sería su jefe de campaña, pero aún así no hay armonía en las bases entre libertarios y macristas.
Diego Santilli, Marcelo Orrego y Rogelio Frigerio.
Sin una orden clara después de seis encuentros en Casa Rosada, los armadores de LLA desafían los municipios gobernados por el PRO como si fuera 2023. "¿Si nuestro candidato es mejor, por qué no lo vamos a hacer?", explica un operador violeta. En rigor, ni la mesa nacional, ni los acuerdos en construcción se lo impiden, por lo que hoy el avance oficialista se percibe con fuerza en Zárate, General Pueyrredón, 9 de Julio o Pergamino.
En Zárate está Marcelo Matzkin, que responde a Ritondo; en General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, que supo compartir mesa con Ritondo y Santilli; en 9 de Julio se ubica María José Gentili, parte de la estructura del primo Macri; y en Pergamino, Javier Martínez, que hace equilibrio entre las influencias del jefe de Gobierno porteño, de Daniel Angelici y de la familia Passaglia.
De todos ellos, la provocación libertaria más grande está en la ciudad balnearia, donde el diputado Alejandro Carrancio se anota para la intendencia con el respaldo explícito de Sebastián Pareja y la problemática de gestión e inseguridad que obligó a Montenegro a regresar al Ejecutivo, también contribuyen.
La propuesta del PRO
A diferencia de los Menem, los macristas están para firmar un acuerdo mañana mismo. La propuesta demuestra de alguna forma el momento de debilidad del partido, que apenas si puede ficcionalizar la candidatura presidencial de Hernán Lacunza, pero también el poder de fuego que aún ostenta, al menos hasta diciembre de 2027, lapso en el que para la Casa Rosada se hace imprescindible cada voto, respaldo o gesto para conseguir la reelección presidencial.
"Nosotros estamos para cerrar, sería lo más lógico hacerlo ahora, pero los Menem quieren retrasar todo para ver si pueden competir con alguien propio en provincias que hoy son aliadas", le dijo a Letra P un experimentado armador de la oposición horas después de la cumbre entre Ritondo, De Andreis, Santilli y los Menem.
"Cerrar", para este sector, significaría organizar un acto entre los partidos en el que se firme una suerte de nuevo pacto con los 10 ó 12 puntos que tienen en común de cara a la contienda electoral. A la cabeza estaría la reelección del jefe de Estado, pero inmediatamente debajo, la de los mandatarios locales que adhieran a la propuesta; y lo mismo se esperaría de los porcentajes en las listas. Aunque sin nombres, el sueño del macrismo sería ponerle pisos y techos a las ambiciones, tal cual se hace a puertas cerradas en las juntas electorales cuando se firman las alianzas.
El expresidente sueña, antes de eso, con tener un acuerdo de gestión, en el que pueda proponer funcionarios antes una eventual renovación del gabinete. Caputo, aún marginado de todas estas negociaciones, probablemente sonría desde el Salón Martín Fierro de la Casa Rosada al advertir de alguna forma que los pedidos de Macri, cuyas demandas él bloqueó en su momento, y las estrategias de amplitud de los Menem, que los enfrentó durante dos años, regresen calcadas en este tiempo preelectoral.
Más allá del interés de los tres gobernadores amarillos, o el de Macri, que no son ni serán los mismos, en las filas del PRO juegan una carta pesada contra los Menem, que están obligados a dar respuestas y resultados a la secretaria general de la Presidencia: la economía y los mercados.
Continuar dilatando las definiciones, argumentan, podría aumentar la incertidumbre y el malestar de los mercados. Los delegados amarillos consideran que la suba del riesgo país o la inestabilidad de los precios locales de las últimas semanas no se deben a fallas en el programa económico del presidente, sino más bien a la falta de previsibilidad del empresariado y el Círculo Rojo más allá del 2027.