La elección encuentra a Angelici con el impulso del triunfo nacional de su espacio y el control del Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal. Su armado porteño combina dirigentes radicales, operadores judiciales y referentes de distintas agrupaciones profesionales.
Entre quienes intervienen en la estrategia aparecen Sebastián De Stéfano, Martín Ocampo y Alberto Biglieri, principales operadores del angelicismo, y Juan Alfonsín, integrante de la mesa política como vínculo con el sector radical de Emiliano Yacobitti.
La lista Unidad lleva como candidatos al Consejo a Hernán Najenson, Mónica García y Alfonsín. También incorporó a Ricardo Gil Lavedra como primer postulante al Jurado de Enjuiciamiento, consolidando la alianza que ya se venía expresando a nivel nacional.
La principal novedad política del armado es el acuerdo con Paula Oliveto, referente de la Coalición Cívica, que se incorporó a la misma nómina. La alianza amplía el entramado del Tano hacia un sector con identidad propia en la política porteña y suma otro vínculo partidario a una construcción que combina representación profesional y acuerdos políticos.
Del otro lado aparece Rizzo, que compite nuevamente con Gente de Derecho y propone a Andrea Campos para el Consejo. Su participación en la lista nacional impulsada por Olmos y La Cámpora constituye un antecedente de esa relación, ratificando los acuerdos del orden federal en la elección porteña.
Olmos mantiene vínculos propios dentro del sistema judicial, operativizados en una mesa que integran, entre otros, el consejero Luis Duacastella y Mauro Riano, el secretario general de la Asociación de Magistrados porteños. Su influencia sobre distintos estamentos del Consejo forma parte de una construcción que excede la representación de los abogados y atraviesa la política judicial de la Ciudad.
La Libertad Avanza y las alianzas cruzadas
La novedad es el debut porteño de La Libertad Avanza, que competirá con la lista Abogados por la Libertad encabezada por Diego Carbone. La participación del oficialismo nacional, que tuvo una primera y magra parada en el juego nacional, incorpora un actor que busca construir representación en un ámbito dominado históricamente por otros sectores.
El movimiento tiene una particularidad. Mientras el Gobierno cuenta con Mahiques al frente del Ministerio de Justicia y con capacidad para impulsar designaciones federales, los libertarios todavía buscan consolidar una estructura electoral propia entre los abogados.
La reciente elección del estamento al Consejo de la Magistratura de la Nación mostró esa diferencia. La lista de Alberto Biglieri, respaldada por Angelici y Gil Lavedra, obtuvo dos lugares. La de Itatí Demarchi, impulsada por Olmos y La Cámpora, consiguió uno, al igual que Fernando Levene, que reunió a sectores de Diego Molea, Maximiliano Abad y el peronismo cordobés. La lista libertaria quedó fuera del reparto.
El resultado expuso la persistencia de las estructuras tradicionales, aunque también dejó un escenario de representación más fragmentado.
Esa contienda tuvo otra deriva lateral en la Ciudad. Eduardo Awad, integrante de la lista de Levene, presentó ahora su propia nómina porteña, denominada Los que Vemos el Colegio. Una foto de ambos dirigentes constituyó un gesto de acercamiento que también permite advertir indirectamente la presencia de Molea en el escenario local.
Mahiques y la Justicia que viene
El desembarco de Mahiques en el Ministerio de Justicia tampoco resulta ajeno a las disputas porteñas. Hasta su llegada al gabinete de Milei fue fiscal general de la Ciudad, un cargo al que accedió con el respaldo de Horacio Rodríguez Larreta y desde el cual consolidó vínculos con distintos sectores del Poder Judicial, entre ellos el entramado político de Angelici.
No fue su bautismo: su carrera tiene una foja de antecedentes nutrida, incluida su participación en el Consejo de la Magistratura en representación del gobierno de Mauricio Macri, en el que revistó como Subsecretario de Asuntos Penitenciarios y Relaciones con el Poder Judicial.
Su nueva posición amplía su capacidad de interlocución en un sistema que conoce de primera mano. Aunque no tiene atribuciones directas sobre la designación de jueces porteños, mantiene relaciones con los principales actores que intervienen en esas decisiones.
Esos vínculos adquieren otra dimensión desde su llegada al Gobierno. Angelici y Olmos conservan estructuras con capacidad para negociar acuerdos y participar de las nuevas relaciones de poder, pero también cuentan con representación institucional y conexiones políticas que podrían condicionar el alcance de algunas de las reformas y designaciones impulsadas desde la órbita nacional.
En el plano nacional, el exfiscal general porteño avanzó con una ambiciosa agenda que incluye la cobertura de centenares de vacantes, modificaciones en la estructura de tribunales y negociaciones políticas alrededor de las designaciones.
La continuidad de su padre, Carlos Alberto Mahiques, por otros cinco años en la Cámara Federal de Casación Penal, aparece entre los movimientos más visibles de ese proceso. Al mismo tiempo, las resoluciones de expedientes políticamente sensibles, incluido el caso $LIBRA, forman parte de las discusiones sobre la relación entre el Gobierno y los tribunales.
El esquema de designaciones ofrece una dimensión adicional. Los concursos del Consejo de la Magistratura de la Nación, la evaluación de antecedentes, las entrevistas y la conformación de ternas preceden a la selección de candidatos por parte del Poder Ejecutivo y su tratamiento en el Senado. En cada una de esas instancias intervienen actores con capacidad de negociación política y judicial.
Mahiques conoce ese circuito. La concentración de vacantes y el volumen de designaciones, tanto las ya realizadas como las proyectadas, convierten esa estructura de relaciones en un factor central para evaluar los equilibrios que se vienen.
El poder que se juega en la Ciudad de Buenos Aires
La ampliación del Poder Judicial porteño agrega una dimensión concreta a la elección del 17 de noviembre. El Consejo de la Magistratura tendrá un papel central en la implementación del fuero laboral, que demandará nuevos jueces, estructuras administrativas y recursos.
La primera etapa del reparto ya comenzó. La Legislatura aprobó los nombramientos de seis camaristas y diez jueces de primera instancia, además de fiscales y asesores tutelares. Entre los primeros designados del nuevo fuero laboral aparecen perfiles vinculados al PRO, el peronismo, los gremios y distintas estructuras judiciales que conviven en la Ciudad.
El organismo que resulte de la elección de abogados tendrá que intervenir en la continuidad de ese proceso, que contempla la creación de hasta 80 juzgados laborales. Angelici y Olmos conocen el funcionamiento de ese sistema y mantienen vínculos que exceden las tres bancas en disputa. Los libertarios, por ahora, buscan incorporarse al juego.
La renovación de noviembre coincidirá con una etapa de nuevas designaciones y reorganización de estructuras judiciales en la Ciudad, mientras Mahiques impulsa su agenda. La continuidad del proceso de transferencia laboral y la cobertura de los cargos pendientes mantendrán abiertas las negociaciones entre los distintos sectores.