Javier Milei y Victoria Villarruel en el Congreso.
El presidente Javier Milei pateó el tablero político al reabrir, con un mix de zanahorias y palos, el diálogo con los gobernadores y el Congreso. La lectura profunda es que ratificó que el ajuste de Toto Caputo se hará o se hará, pero también que sabe que necesita apoyo político para escribirlo en piedra. ¿Podrá hacerlo?
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Subestimarlo, a esta altura, es un error imperdonable. Por eso, cabe suponer que tomó nota de las advertencias que, en forma de elogios oblicuos, le dedicaron en la última semana la número dos del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gita Gopinath, y la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen: felicitaciones por el Caputazo, pero con aviso de que ya es hora de sacar de la licuadora las jubilaciones y los planes sociales, sin revertir, desde ya, su disolución reciente. Subtitulado: urge darle bases permanentes e institucionales a un ajuste que, como dijo el jefe de Estado, apunta a limitar el gasto público de modo permanente a un máximo de 25% del PBI.
Llegado el caso –si la sociedad y la política lo toleraran–, el resto de la cristalización de ese nuevo reparto del ingreso lo fijaría la dolarización.
El convite presidencial suscitó dos lecturas. Una ve a la docena de gobernadores –sobre todo, pero no solamente de la exalianza Juntos por el Cambio– rendidos a los pies del León; otra interpreta que a Milei le llegó la hora del pragmatismo, de darse cuenta de que los jefes territoriales le torcieron el brazo y de que por fin acepta negociar su ajuste.
¿Puede un dogmático volverse pragmático? No parece, pero la verdad se conocerá al final del camino que se abrirá esta semana. En todo tiempo y lugar, el ajuste es un fenómeno político.
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El palco de los gobernadores durante el discurso de Javier Milei.
El dilema de los gobernadores
El carácter extorsivo de la movida oficialista es tan claro como poco merecedor de indignación. Con modales más propios de gente conocedora de los códigos, el mensaje fue emitido y aplicado por todas las administraciones anteriores.
Lo que impacta en el léxico de La Libertad Avanza (LLA) es que su frontalidad iliberal y antirrepublicana le permita empoderarse en vez de desacreditarse.
En primer lugar, la zanahoria del alivio les hace agua la boca a jefes territoriales que, en muchos casos, deben lidiar a la vez con estructuras productivas deficientes, escasa extensión del mercado privado, altos niveles de endeudamiento, desequilibrios presupuestarios crónicos y, ahora, recesión profunda que desploma la recaudación.
Tercero, ¿cómo ignorarla si le propone al Congreso un paquete de leyes anticasta destinado a deleitar a la calle? ¿Cómo, si varias de esas propuestas son meritorias, otras imposibles de aplicar –las que apuntan al sindicalismo, por ejemplo– y las restantes son irreconciliables con un apego estricto a la Constitución, pero que ponen en la mira el apartamiento final de la vida pública de políticos condenados en segunda instancia por corrupción, notablemente muy pronto Cristina Fernández de Kirchner? A buena parte de lo que va del centro hacia la pared extrema de la derecha esa idea le encanta, así como la oligarquización de una política que dejaría de financiarse en parte con dinero público y pasaría a hacerlo sólo por ricos, corporaciones y lobbies.
Cuestión de responsabilidades
Asimismo, ¿cómo sustraerse si la invitación conlleva el mensaje de que el sufrimiento de las poblaciones de las provincias será, en adelante, culpa de dirigentes que muestren la espalda por intereses personales?
¿Cuál es, en definitiva, la verdad? Como se sabe, existe "la verdad"… pero también "la verdad".
Fiel a su estilo brutal, José Luis Espertdisparó: "Hay que ver cuánta plata necesitan los gobernadores para levantar la manito".
Esto lleva a un interrogante crucial: ¿hay margen en el Caputazo para un alivio fiscal en beneficio de los amigos?
Esto determinará si el ultraderechista pisó el freno, como indican algunos análisis, o si nunca ha dejado de pretender llevarse al país a la rastra. Y, si lo último fuera el caso, si lo conseguirá.
Pero Espert señaló algo más: "La previa de la 'ley Bases' contra platita además es adicional a la coparticipación". "La previa"…
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José Luis Espert resumió la intención de la invitación de Javier Milei.
Lo importante y lo accesorio
Al separar paja de trigo, surge que el Pacto de Mayo –mes para el que falta mucho, como pronosticó Martín Llaryora – no sería más que iconografía, el besamanos que Milei desea como puesta en escena de su erección como líder. Es más, lo que toca a la inviolabilidad de la propiedad ya consta en un texto bastante más relevante, la Constitución Nacional, y el resto parece algo similar al humo.
Un problema simbólico, acaso importante para él, es que, cuando le noten que el Pacto nada dice sobre hambre, pobreza, educación y salud, le pedirán que los diez mandamientos terminen resultando, en verdad, más. Eso sería impropio de Moisés.
Lo esencial, entonces, surge de lo dicho a la luz del día: la "ley Bases". ¿Qué es lo que Milei vuelve a buscar en ella? Lo mencionado al inicio: solidificación del ajuste, reformas estructurales para hacerlo permanente y evitar peligros de reversión. Lo mismo que la dolarización debería significar para la política monetaria: asegurar que no haya marcha atrás concebible.
La caja de herramientas
Las herramientas para ello, que constaban en el proyecto original, eran emergencias y amplísimas facultades delegadas, subas de impuestos, privatización y cierre de empresas estatales, cancelación de fondos fiduciarios, consolidación de la licuación de las jubilaciones a través de una nueva fórmula que diferencie a "jubilados de bien" –los que aportaron– de los cuatro millones malos que se acogieron a moratorias…
¿Milei necesita meterse en el bolsillo a todo el Congreso? No y el Senado, pese a esperables deserciones peronistas, seguirá resultándole más hostil. Sin embargo, con quebrar el bloque transpartidario de los gobernadores y pisar fuerte en Diputados podría blindar sus decisiones a sola firma gracias a la reglamentación que impuso Néstor Kirchner para los decretos de necesidad y urgencia.
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Los gobernadores deberán definirse sobre el Pacto de Mayo.
Macri también tiene motivos para encuadrarse, toda vez que encuestas a las que accedió Letra P, que todavía no han sido publicadas, indican que, en términos de intención de voto para las legislativas de 2025, el PRO queda muy licuado dentro del mileísmo, que recoge per se adhesiones cercanas al 45%.
Falta mucho para que se reabran las urnas. Esta semana es de pagos de salarios, vencimientos de servicios, viajes en transporte más caro y escaso… El Presidente anotó unos cuantos goles en lo político, pero no es en ese terreno donde se define esta disputa.