LA POSTA DEL CONGRESO

Javier Milei no puede relajarse

Sus coroneles supieron armar mayorías para sacar leyes, pero los aliados reescriben los textos y tienen poder para frenar todo. Qué Parlamento enfrenta el Presidente.

Javier Milei abrirá las sesiones ordinarias este domingo ante el Congreso que mejor lo trató desde que pisó la Casa Rosada, con cinco leyes troncales sancionadas en dos meses: el Presupuesto 2026, el acuerdo Mercosur-Unión Europea, la modificación de la ley de glaciares, el régimen penal juvenil y la reforma laboral.

Aun con estos pergaminos, el Presidente no debería relajarse. Si bien los aliados no exhiben agenda propia, en reuniones cerradas mostraron su capacidad de modificar cada iniciativa del Gobierno hasta minutos antes de votar. Los textos finales de las normas tuvieron decenas de correcciones. Los partidos provinciales que se asocian a la Casa Rosada y la UCR –que es fuerte en el Senado- están dispuestos a colaborar, pero sólo si les habilitan la reescritura permanente y atienden los problemas de sus distritos.

El PRO mostró que, si se lo propone, puede convertirse en un problema para Milei: campaña mediática incluida, obligó a Patricia Bullrich a dar explicaciones sobre la reforma laboral por el artículo 44 y le impidió a Martín Menem tener la sanción en su recinto.

El peronismo adorna los hemiciclos con bloques fragmentados y sin propósito a la vista. Conserva un sólo poder de daño: puede arruinar leyes al gobierno le roba aliados en alguna votación, como ocurrió con la caída de un capítulo entero del Presupuesto en diciembre.

Los aliados de Javier Milei

El otro eslabón perdido del Congreso que puede dar que hablar es Provincias Unidas (PU), una fallida experiencia electoral que reúne a cuatro gobernadores: los radicales Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Carlos Sadir (Jujuy); Martín Llaryora (Córdoba) e Ignacio Torres (Chubut).

gobernadores Provincias Unidas Obras Sanitarias

Estos mandatarios mostraron una hostilidad que puede complicar al Gobierno en el Congreso. Si en la Cámara de Diputados no aportan sus votos, como vienen haciendo, Milei tiene los aliados justos para alcanzar la mayoría y abrir una sesión. Esta situación es siempre incómoda para la Casa Rosada, porque los partidos locales la aprovechan para subir su cotización.

Otro dato que hizo poco ruido, pero debería ser mirado con lupa por Milei, es el interbloque que armaron en el Senado PU, el PRO y la tucumana Beatriz Ávila, cercana al gobernador Osvaldo Jaldo. Nadie olvida que Mauricio Macri dijo en noviembre que trabajará para que su partido tenga un candidato presidencial en 2027. El primer búnker de ese experimento podría ser el Senado.

Si esta alianza se replicara en Diputados, sería la dueña del cuórum en ese recinto. Por ahora no está en carpeta. Hubo un ensayo cuando obligaron al gobierno a eliminar el artículo de licencias de la reforma laboral: el jefe del bloque PRO, Cristian Ritondo, habló con sus pares de todas las bancadas y arruinó la fiesta libertaria de la semana pasada.

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Estas situaciones pueden repetirse. Para que el oficialismo logre evitarlas es clave el trabajo que mostró estos meses la mesa política, que Bullrich y los Menem (Martín y Lule), comparten con Karina Milei y Diego Santilli. Santiago Caputo se cuela junto al secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt, quien lleva los papeles de las negociaciones.

La mesa política que llegó

En la rosca legislativa, la mesa política mostró su eficacia y sus primeras internas. Quizá su mayor mérito es cambiar la perspectiva de Milei, quien, a fuerza de golpes, parece haber entendido que las derrotas legislativas erosionan su gobierno.

Tarde o temprano, las imágenes de un Congreso dominado por la oposición impiden que se lleve a cabo un plan económico o armar una narrativa triunfalista, como la que domina los conciertos libertarios.

Con ese diagnóstico, el Presidente permite abrir los proyectos a reclamos opositores, con dos límites: no deben sumarse gastos y hay que sostener el espíritu de cada iniciativa, que no es otra cosa que los fragmentos que alimentan el relato libertario.

Este último objetivo –que Bullrich repite como un mantra- no es tan sencillo. El jefe radical del Senado, Eduardo Vischi, ironizó sobre la reescritura, casi íntegra, del régimen penal juvenil, que se sancionó con un texto muy diferente al enviado en 2024. “Parece un plan social”, bromeó el correntino.

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El cambio a la ley de glaciares fue posible por la unidad de las provincias mineras, peronistas incluidas. Y la reforma laboral tuvo remaches de todos los sectores: bancos, gremios, gobernadores, empresarios grandes y chicos. Además de la incidencia de aliados opositores sin tierra, pero con votos, que en esta nueva etapa tiene mesas libertarias donde descargar sus ideas.

Los gobernadores decisivos

Los aliados que tiene Milei para conseguir leyes son en su mayoría referentes de gobernadores quienes, con procedencias diversas, se mueven con lógica de partidos provinciales, canjean leyes por contribuciones.

Da igual si sean gobernadores radicales, como Leandro Zdero (Chaco) y Alfredo Cornejo (Mendoza); provincialismos históricos como Hugo Passalacqua (Misiones) y el neuquino Rolando Figueroa; peronistas como Gustavo Sáenz (Salta) y el tucumano Jaldo o Raúl Jalil (Catamarca); o centristas de la vida, como Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Poggi (San Luis) y Claudio Vidal (Santa Cruz).

Cada uno –y sumados mucho más- tiene armas para ayudar a Milei a tener su agenda legislativa o, aliados al peronismo, convertir el Congreso en francotirador de la administración libertaria. Desde la semana que viene, el PJ les hará ofertas para molestar al Presidente.

Milei con gobernadores amigos

Por caso, el peronismo propondrá que haya una ley para colaborar con los sueldos docentes. ¿Los gobernadores se opondrán? Volverán los reclamos por mejoras de jubilaciones y por tarifas diferenciadas por zonas frías o calientes.

Santilli tendrá mucho trabajo para contenerlos. Además, deberá frenar a los libertarios que quieran competir en las provincias gobernadas por aliados. A Milei no le importan las elecciones locales, a Santiago Caputo menos –las desprecia, sin un aliado fuera de CABA-, pero la tropa de base libertaria quiere prevalecer en sus distritos. Ya le tomó el gusto a la política.

Estas disputas son incompatibles con las búsquedas de socios legislativos y no tardarán en explotar: los gobernadores adelantarán las elecciones, con un cronograma que empezará en abril o mayo y no parará hasta octubre. Las campañas locales siempre llegan a los recintos.

Las ruinas del peronismo

El peronismo es casi un actor de reparto en el Congreso, sólo a la espera de que algún aliado del Gobierno toque la puerta. “Vamos a crecer a medida que Milei ajuste, como pasó el año pasado”, repiten los más esperanzados.

La ruptura del Senado era esperada, porque los mandatarios que la apadrinaron ya se habían apartado en Diputados. Nadie sospechaba que la jujeña Moisés se animara a pactar con Bullrich una vicepresidencia. Ese cargo no la convierte en aliada automática, como sí lo serán en la mayoría de los casos sus dos compañeros: Sandra Mendoza (Tucumán) y Guillermo Andrada (Catamarca), quien tiene ideas alejadas de Milei y resiste como puede la presión de Jalil.

La respuesta del peronismo a estos desmembramientos no está a la vista: por el contrario, empieza a sentirse la ausencia de Cristina Fernández de Kirchner, quien llama a diario a José Mayans, el jefe de la bancada del PJ de la cámara alta.

Los bloques peronistas profundizaron sus divisiones internas y la ausencia de liderazgos los lleva a una balcanización inédita. Por caso, La Cámpora, con Máximo Kirchner de líder, armó una agenda propia para sus 14 diputados y cinco senadores.

Máximo Kirchner

Pero en el debut como subgrupo, la agrupación cristinista ya se dividió: en el Senado, Wado De Pedro fue el único camporista que imitó a Kirchner y votó en contra del Acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Mariano Recalde (CABA), Anabel Fernández Sagasti (Mendoza), Ana Marks (Río Negro) y María Celeste Giménez Navarro (San Juan) votaron a favor, las tres últimas presionadas por referentes de sus economías regionales. Sin liderazgos claros, el peronismo es fácilmente infiltrable.

Diputados, a paso lento

En este Congreso que puede darle más alegrías que tristezas, al menos en el corto plazo, Milei intentará imponer una agenda de proyectos ambiciosos, pero sus laderos deberán pedirle paciencia.

Las negociaciones duran meses y requieren concesiones. En Diputados, la reforma de glaciares, que llegó en diciembre al Senado, recién sería ley en la semana del 20 de marzo, tal vez como único tema.

No hay indicios de que se debata en el corto plazo el proyecto para modificar la ley de presupuesto universitario, enviado en medio de una batalla judicial por la no aplicación de la norma sancionada el año pasado.

Los rectores más duros no tienen motivación en ceder. En La Libertad Avanza (LLA) reconocen que tal vez el proyecto no sea otra cosa que un gesto para negociar en Tribunales. Ni siquiera está confirmado el presidente de la comisión de Educación. La idea era que continuara Alejandro Finocchiaro.

El oficialismo le quiere robar al PJ la comisión de Salud, para que la presida Manuel Quintar, quien tiene diálogo cotidiano con Mario Lugones, interesado en una ambiciosa transformación del sistema de obras sociales. El ministro no es bien visto en el Congreso: faltó a citaciones para explicar las muertes por fentanilo y las deficiencias en las prestaciones por discapacidad, que tuvo congeladas durante un año.

Corte Suprema, la otra batalla

El Senado no tiene agenda a la brevedad, pero empieza a sentirse la batalla de los dos últimos años de Milei: la pelea por cubrir las dos vacantes de la Corte y el Procurador. Son necesarios dos tercios para aprobar los pliegos y con el trío de peronistas que hizo rancho aparte, a Bullrich le faltaría un voto del actual interbloque del PJ para llegar a ese número.

Las miradas están puestas en el santiagueño Gerardo Zamora, quien controla dos bancas y desde que dejó la provincia, es oposición dura. Bullrich suele citarlo en sus discursos, como buscando amistad.

La pelea por la Justicia puede implosionar la mesa política, donde los Menem y Caputo pelean para poner el próximo ministro del área. El riojano se aseguró la comisión de Acuerdos: su presidente, Juan Carlos Pagotto, desde esa silla puede cajonear el pliego que quiera.

Para contentar a los partidos provinciales, Bullrich puede ofrecer las vacantes en los juzgados federales, que llegan al 35% del total. El problema, silencioso, es el PRO, que tiene tres senadores sin tierra, pero con Macri al teléfono. El expresidente no se quedará fuera de esta rosca. Y ya mostró poder de daño.

Patricia Bullrich, durante el debate del régimen penal juvenil de Javier Milei. 
Patricia Bullrich, durante la votación de la reforma laboral de Javier Milei. 

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