EL NUEVO GOBIERNO

Javier Milei, día 2: hacia un ajuste desmesurado

El Presidente aplicará un shock de medidas exageradas para evitar "una hiperinflación" de fantasía. El secretismo y la improvisación al poder.

Como se esperaba, Javier Milei dedicó la mayor parte de su discurso de asunción a hacer un inventario dramático de la herencia recibida, de espaldas a la casta –la Asamblea Legislativa– y de cara a la moderada multitud que acudió a vivarlo en la Plaza de los Dos Congresos. El balance llamó la atención por la exageración de varias cifras, anticipo de una exageración del ajuste en modalidad de shock que prescribió en cuatro ocasiones como única alternativa para evitar una hiperinflación a la que también le puso números de fantasía.

Si bien en lo conceptual no mintió al describir el legado lamentable de Alberto Fernández, sorprendió al señalar que "nos ha dejado plantada una hiperinflación y es nuestra máxima prioridad hacer todos los esfuerzos posibles para evitar semejante catástrofe, que llevaría a la pobreza por encima del 90% y la indigencia por encima del 50". Engañoso, diría Chequeado.

¿De dónde sale semejante previsión? De la idea de que la híper dispararía el IPC al 15.000%… otra imaginería. ¿Para qué realizó semejante despliegue de color y dramatismo?

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El día 2

El remedio a semejantes peligros, que Letra P no subestima, más allá de consignar que el nuevo presidente ha exagerado, debería administrarse con urgencia. Para eso estaba previsto que el nuevo ministro de Economía, Toto Caputo, que juró en un llamativo secreto junto a sus ocho pares del gabinete, hablara este lunes antes de la apertura del mercado. No se pudo.

El paquete no está listo, falta completar el Directorio del Banco Central, las leyes fundacionales que deberán ser tratadas por el Congreso en sesiones extraordinarias todavía adolecen de fallas técnicas y todo se demorará. La improvisación es uno de los precios que se pagan al entregarse a outsiders.

Así, quien deberá aplacar la curiosidad de la prensa será el vocero presidencial, Manuel Adorni, quien pretende centralizar la comunicación de las áreas más sensibles, cosa que por ahora tampoco está definida.

¿Con qué referencia cambiaria operará el mercado? ¿Se anunciará la esperada megadevaluación? ¿Se simplificará el desquiciante desdoblamiento que dejó Sergio Massa? ¿Se sabrá por dónde pasará la motosierra, algo crucial dado que el ancla del modelo será fiscal? ¿Habrá que esperar? ¿Solo hasta este martes?

La urgencia es tan grande como la desprolijidad.

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Cuidado: narrativa en construcción

¿Por qué Milei habló de "hiperinflación", por qué la cifró en 15.000% y por qué aventuró, en tal escenario, una pobreza subsahariana del 90% y una indigencia de más del 50%?

Esos caprichos hechos número apuntan a la construcción de una narrativa del desastre que, tal como le aconsejó Mauricio Macri, debería facilitarle la aplicación del ajuste desmesurado que promete y, en paralelo, maximizar la tolerancia social al dolor.

Ese relato no quedará solo en manos del Presidente. De hecho, el 15.000% que definió como "una inflación plantada", potencial, ya se convirtió en algún titular en, simplemente, "la inflación que le dejan".

En el discurso catastrofista de Milei hay más elementos detrás del objetivo de avisar que el remedio será tremebundo. Conciente de que la paciencia social pende de un hilo, el propio mandatario habló de "un último mal trago para empezar la recuperación de la Argentina". Atención a lo que viene.

Milei presidente

"No hay solución alternativa al ajuste y al shock", dijo y lo repitió tres veces. "No hay plata", remató. En ese sentido habló, sin escatimar tecnicismos, de un déficit fiscal de 15% del producto bruto interno (PBI), desmesura que no avala ningún análisis técnico. Según él, de ese monto, diez puntos porcentuales corresponden al desequilibrio del Banco Central, uno que –contra el consenso de economistas ortodoxos y heterodoxos– define como acuciante, al punto de estar dispuesto a solventarlo mediante su conversión en deuda del Tesoro. Increíble: más deuda.

El resto –cinco puntos– es déficit fiscal primario, afirma, esto es el exceso de gastos del Tesoro en relación con la percepción de impuestos antes del pago de deudas. Otra vez la desmesura: no hay economista que ponga ese número por encima del 3% del PBI.

¿Qué le pasa al jefe de Estado? ¿Le gusta usar la motosierra más que jugar con sus perros?

Hipótesis en danza

Por un lado, la narrativa impuesta apunta, como se dijo, a generar la idea de que son necesarias medidas excepcionales que responden a una única receta: la suya, crudamente liberal, que descargará el costo de la austeridad en la Argentina trabajadora y de clase media. Vienen tiempos de discurso único en el que la diferencia ideológica quedará prácticamente barrida del ágora. No hay por que permitir semejante cosa.

De hecho, en su discurso a la estadounidense le dio un giro sutil pero perceptible a su narrativa de campaña. Mientras que antes decía que "esta vez el ajuste lo pagará la política", ahora señala que lo hará "el Estado", y donde indicaba que no iban a sufrirlo "los argentinos de bien", en la actualidad afirma que no lo hará "el sector privado". Subtitulado: no recaerá sobre la casta, sino sobre la planta trabajadra de la administración pública en sus distintos tramos y, por efecto de la megarrecesión en ciernes, sobre el resto del universo laboral. Zafará, en términos globales, el gran empresariado, no así el pyme y el más dependiente de un consumo doméstico que se desplomará como un piano por un balcón.

¿Será que habla de un ajuste fiscal de 5% del producto –una barbaridad equivalente a 25.000 millones de dólares– para regatear con la protesta social que presiente y llegar, a fin de 2024, al recorte del 3% que en verdad necesita para llegar al equilibrio? Es posible, pero se trataría de una estrategia arriesgada, que lo mostraría débil, cediendo a presiones y, por lo tanto, jugándose cada día la confianza del mercado financiero, ese señor rudimentario.

Si no fuera como se teoriza en el párrafo anterior y Milei realmente quisiera cortar más de lo que necesita, podría hacerlo con la intención de profundizar la recesión y, con esto, pisar severamente los salarios, jubilaciones y planes sociales, de modo de encontrar en ello el ancla que busca para "exterminar" la inflación en 18 a 24 meses. Obviamente, esta sería otra estrategia arriesgada.

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Asimismo, la sobrerreacción podría servirle para, con semejante prueba de amor, ganarse más velozmente el favor del mercado. En su discurso de asunción, postuló que una reducción veloz del riesgo soberano, sumada a políticas de contención social desde el Ministerio de Capital Humano, permitirá, mediante la recuperación del crédito, acelerar la recuperación de la actividad y el empleo.

Por último, exagerar el ajuste le habilitaría un superávit de 2% del PBI para pagar deuda. Se sabe que, para Milei, los contratos se respetan, aunque la sentencia viene con letra chica: los contratos que se respetan son los que hacen al interés de los propietarios, mientras que los laborales, cuya letra y espíritu no podrían admitir licuaciones como las que se pergeñan, no caerían en la categoría de lo sagrado. Una curiosidad, sin duda.

En su discurso ante el Congreso del 1º de mayo de 1876, el entonces presidente Nicolás Avellaneda dijo que lidiaría con la crisis económica del momento de un modo que Milei habría aplaudido. "La República puede estar hondamente dividida en partidos internos, pero tiene solo un honor y un crédito, como solo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre su hambre y su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros", señaló el padre fundador.

¿Será así nuevamente?

En defensa de la ideología

Resulta evidente que las explicaciones anteriores no son mutuamente excluyentes. Cabe, entonces, sin negar el carácter maldito de la herencia albertista, cuestionar su profundidad, la toxicidad de la medicina prescripta, la elección de los sectores que pagarán el ajuste y si estos deberán aportar "su hambre y su sed" o si, como pide a gritos un riesgo soberano de casi 2.000 puntos básicos, habría renegociar esas deudas asfixiantes. Sí, de nuevo.

Se trata, ni más ni menos, que de restaurarle a la ideología el lugar que se le pretenderá escamotear en los meses por venir, sacarla del rincón de la reacción defensiva y carente de visión de futuro.

Milei Cristina

Para presionar por que se dote de equidad al esfuerzo que viene, el pensamiento progresista debería abandonar ideas mágicas como que un país sin crédito puede seguir gastando eternamente por encima de lo que recauda sin que eso implique una inflación insoportable. También, olvidarse de que los ingresos populares –salarios en blanco y en negro, jubilaciones y pensiones, así como programas de asistencia social– pueden incluso empatarle la carrera a una inflación de casi el 200% y en alza. El pensamiento progresista debe salir de la edad de la inocencia, para peor, fingida.

Después, sí, debe preguntar. ¿Quién pagará los platos que se rompieron en una fiesta hecha de endeudamiento, bicicleta, fuga y recomposición violenta de los márgenes de ganancias de muchas empresas después del Gran Confinamiento? Una fiesta de la que fue animador destacado el nuevo ministro de Economía, por otra parte.

En ese sentido, ¿cuánto debería haber de recorte del gastos, en qué rubros, cuánto de coto a exenciones a sectores empresariales subsidiados, cuánto de retenciones a un complejo agroexportador que ganará con la megadevaluación en ciernes, cuánto de una posible restauración de la eliminación de Ganancias sobre los altos ingresos que Massa recortó sin criterio de equidad? Fundamentalmente, ¿cuánto de esfuerzo en el cumplimiento del deber de recaudar, lo que no parece estar en la vocación de un presidente anarcocapitalista que puso la AFIP en manos de una especialista proveniente de un sector con baja propensión al pago de impuestos?

Esta aventura no ha hecho más que comenzar.

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Javier Milei y el ultraderechista húngaro Viktor Orban.

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