Juntos, pero hasta ahí. Así parece estar el trío de gobernadores peronistas del Norte Grande que más dialoga con Javier Milei. Gustavo Sáenz, Raúl Jalil y Osvaldo Jaldo animan un espacio en conjunto que aspira a tallar en la rosca nacional, pero están condicionados por sus realidades internas, sus necesidades y sus distintas miradas.
El grupo oficializó su existencia con una reunión en la Casa de Salta en Buenos Aires en noviembre pasado, luego de las elecciones legislativas. Estaban en plena negociación para la conformación del bloque Innovación Federal. Sáenz, Jalil y Jaldo encabezaron la convocatoria. El trío sumó como fundador al eje misionero Hugo Passalacqua-Carlos Rovira. Ese mediodía, a pasos del Obelisco porteño, también pasaron a visitar el neuquino Rolando Figueroa y el rionegrino Alberto Weretilneck.
Los activos dialoguistas en el Congreso
Sólo los misioneros y los salteños formaron un bloque en conjunto, pero cada uno siguió con su juego con el compromiso de coordinar esfuerzos. Así, Jaldo mantuvo a sus legisladores en Independencia y Figueroa en La Neuquinidad, mientras que Jalil negoció con la Casa Rosada y se llevó a sus tres diputados para partir Unión por la Patria y permitir que La Libertad Avanza quede con la mayoría en la cámara baja. Lo de Weretilneck fue testimonial, ya que no tiene escaños bajo su control.
Gustavo Sáenz y Osvaldo Jaldo, en el ingreso a la Casa de Salta.
En el Senado, el acuerdo tuvo un correlato con Convicción Federal. Se juntaron el catamarqueño Guillermo Andrada, hombre leal a Jalil; la tucumana Sandra Mendoza, que responde a Jaldo; y la jujeña Carolina Moises, que juega en línea con Sáenz.
En la ruptura, quedaron en el camino dos legisladores, el riojano Fernando Rejal, que responde a Ricardo Quintela, y el puntano Fernando Salino, un soldado de Alberto Rodríguez Saá. Ellos no quemaron todos los puentes y quedaron dentro del interbloque peronista, pero en un espacio propio. En los planes preliminares, ellos también formarían parte de Convicción Federal.
El club de la incertidumbre
El trío de gobernadores dialoguistas del Norte Grande comparte la incertidumbre alrededor del post 2027. Ninguno tiene asegurado el futuro. Sáenz viene azuzando por lo bajo una campaña para que la justicia le permita un tercer mandato. Jaldo sufre con la amenaza de Juan Manzur y Pablo Yedlin de dividirle el voto peronista y complicar su reelección.
Jalil, por su parte, es el que tiene el panorama más claro. Tiene posibilidad de ser reelecto, pero pactó con el kirchnerismo ir al Senado y dejarle el gobierno a Gustavo Saadi. La incógnita es cuánto de su poder podrá sostener fuera del gobierno catamarqueño. ¿Hay posibilidad de que no quiera cumplir con su pacto y busque un tercer mandato? Es una hipótesis que más de uno contempla.
Con ese escenario, el trío opera desde el norte para conseguir recursos y, a su vez, encaminar su futuro político. Es un espacio maleable, de fronteras difusas. No por nada eligieron no constituirse como bloque, lo que les dio cierta libertad para votar distinto en algunas ocasiones sin que se lea que se partió el bloque. Es lo que le pasó, por ejemplo, a Provincias Unidas.
Gustavo Sáenz, la cara visible
Sáenz se yergue como la cara visible del grupo. No significa que sea el referente y que sus pares lo vean como jefe, principalmente porque sus opiniones de cara al futuro difieren. El salteño no quiere tener nada que ver con el kirchnerismo, por eso no asistió a la cumbre de La Rioja organizada por Quintela aunque sus socios le insistieron.
En esa negativa trasunta cierto enojo con el Gitano. Cuando enfrentó a CFK, el PJ de Salta fue de los primeros en darle el aval y terminó intervenido. “Yo me la jugué por vos y vos te mostras con Máximo Kirchner”, resumen en el entorno del salteño.
Esa negativa es un insumo para la idea de que Sáenz aspira a juntar peronistas para, eventualmente, aportárselos a La Libertad Avanza a cambio de obtener proyección nacional. También ayuda a esa mirada el hecho de que es el más interesado en expandir el acuerdo. “Gustavo aparece al frente porque ningún otro se anima a cantarse una chacarera en la puerta de la Casa Rosada”, expresa un dirigente que conoce la dinámica del grupo que tiene al salteño como cara visible.
Gustavo Sáenz y su chacarera frente a la Casa Rosada.
En Salta descreen de esa mirada. “Gustavo lo único que quiere es que el gobierno lo banque cuando su pedido de un tercer mandato llegue a la Corte Suprema”, dicen. En el norte flota además la sensación de que Sáenz quiere también llegar a un acuerdo electoral con la tropa violeta. Dicen que acompaño a La Libertad Avanza hasta que su instinto de superviviencia se lo permitió, por eso le sacó el cuerpo a la modificación a la ley de tierras. Según cuentan, tampoco está encima de cada tema legislativo, propio de alguien con la cabeza en su provincia.
Un peronismo del Norte Grande
Como el plan de Sáenz es personal, es lógico que el resto haga su propio negocio. Hay una escena en aquella reunión en la Casa de Salta que lo demuestra. Involucra a un cuarto elemento en la sociedad, el eje misionero, hoy en crisis por la ruptura entre Carlos Rovira y Hugo Passalacqua. Esa vez, Sáenz montó un operativo mediático sin consultarlo y los misioneros le vaciaron la reunión. Sin los tucumanos, ni los neuquinos, ni los catamarqueños, Sáenz vio que su idea de armar un bloque se esfumaba y se pasó días reestableciendo el vínculo con Rovira. Lo logró sobre la hora.
Carlos Rovira y Hugo Passalacqua.
Las apariencias engañan. “Sáenz es el jefe de Jaldo”, dicen con mordacidad en la oposición tucumana. Cerca del gobernador se ríen. “Osvaldo colabora a cambio de recursos, pero es peronista y va a jugar con el peronismo. Por eso quiere bancar las PASO, porque piensa que así se resuelve la interna”, dicen desdramatizando la pelea con los peronistas de la provincia. Con Jalil pasa algo similar. “Raúl es, antes que nada, un pragmático”, lo describe una persona que lo conoce. Ninguno reconoce en el salteño un jefe.
De hecho, Sáenz es el único de todo el esquema que reniega abiertamente del kirchnerismo. El resto mantiene vínculos que justifican en términos pragmáticos. “Si vamos a armar algo del peronismo del norte, necesitamos al menos una parte del PJ bonaerense. Si no, no ganamos”, simplifica uno de ellos y apunta a CFK y Axel Kicillof.
En el fonod, las heridas de las intervenciones ordenadas por CFK en Salta y Misiones no cierran, pero hay una decisión de apartarlas en pos de un armado nacional que gane en 2027 y corra a Milei de la Casa Rosada. En eso radican sus aspiraciones. “Si un gobernador del Norte Grande se pone al frente, se encolumna todo”, se esperanzan.