FATE: el desguace del sistema productivo y el humor social en la era Javier Milei
La destrucción del empleo se concentró en la industria. El cierre de la empresa de neumáticos, la reforma laboral y el humor social. Retórica vs. realidad.
FATE, el desguace del sistema productivo y el humor social en la era de Javier Milei
El cierre de FATE no es un hecho aislado. Es el resultado de la aplicación de un programa económico que utiliza apertura comercial para el desguace del sistema productivo nacional. Con el cierre de fábricas y el consecuente despido de miles de trabajadores se quiebra la expectativa de que el sacrificio pedido por el gobierno de Javier Milei tenga, alguna vez, un horizonte de bienestar.
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Los datos de la estadística oficial sobre el sector son demoledores: la industria de caucho y plástico arrastra una caída anual del 21% respecto a los niveles de 2023. No estamos ante un ajuste marginal sino ante una trayectoria sistemática de deterioro que ya se cobró más de 180.000 puestos de trabajo privados registrados en lo que va de la era libertaria. La destrucción de empleo se concentró en la industria y en otros sectores intensivos en mano de obra vinculados al mercado interno.
La realidad versus la retórica libertaria
Es una realidad que colisiona con la retórica de la estabilización. Observamos con preocupación cómo este escenario que afecta al núcleo de la producción nacional se intenta compensar discursivamente con el crecimiento de sectores importantes de la matriz productiva, pero marginales para el empleo como la refinación de petróleo que representa menos del 1% del total del empleo industrial.
Fate
Ante la avalancha de importaciones desde China, FATE cerró y dejó 920 personas en la calle.
Desde la consultora Analogías observamos un cambio significativo en el humor social: la preocupación por la inflación -cuya desaceleración el oficialismo reivindica, aunque apoyada en un contexto recesivo- cede lugar al temor por el desempleo. Nuestros últimos informes son contundentes: crece de manera sostenida la proporción de encuestados que manifiestan miedo a perder su trabajo. La sociedad argentina parece transitar, así, de una inquietud económica a otra, sin que la sensación de alivio llegue a consolidarse.
En nuestros informes advertimos, además, una caída constante en las expectativas optimistas. A esto debe sumarse que la mayoría de los argentinos dice haber perdido drásticamente su poder adquisitivo y endeudarse para pagar servicios básicos.
No se trata solo de que las fábricas cierren. Es que el mercado interno está siendo desmantelado por una transferencia regresiva que deja a la masa trabajadora (y a los sectores pasivos) orbitando niveles de subsistencia críticos.
El cierre de FATE pone en evidencia que la reforma laboral que impulsa el Gobierno, lejos de ser un vector para la creación de empleo, es un mecanismo de desprotección propio del contexto de desarticulación de la industria nacional. También es un ataque a las normas que protegen a los trabajadores en medio de un cambio global y acelerado del paradigma tecnológico dominante, situación que hace muy difícil pensar el mundo del trabajo en el futuro cercano y frente a la cual los Estados tienen que planificar la estructura ocupacional y acompañar a los trabajadores en su incorporación al nuevo paradigma.
Esta “cancha inclinada” a favor del capital concentrado que milita el Gobierno es percibida por amplias capas de la sociedad: una mayoría contundente de personas encuestadas cree que los principales beneficiados de la reforma que impulsa La Libertad Avanza no son los trabajadores si no los empresarios.
El humor social, en juego
El inicial apoyo esperanzador que buena parte del electorado depositó en Milei puede derivar en una deslegitimación profunda en la medida en que la sociedad perciba que el sacrificio no es el preámbulo de un renacimiento sino el epílogo del sistema productivo doméstico.
Cuando la gestión de lo público se reduce a una aritmética de la crueldad que ignora el padecimiento de los gobernados, el gobernante -decía Maquiavelo- se aleja de la virtù política para caer en la ceguera del dogmatismo. Unos siglos más tarde, Jean-Jacques Rousseau también señaló que el pacto social se rompe cuando el gobernante sustituye el interés común por la voluntad particular de una élite.