NUEVO GOBIERNO

Estilo Mauricio Macri

El expresidente quiere volver a conducir el PRO. Objetivo: bloquear cualquier coincidencia amarilla con otros sectores de la oposición. Marcada de cancha a Milei.

Desde su descanso en el country Cumelén, en Villa La Angostura, Mauricio Macri coordina los tres objetivos que ocupan casi la totalidad de sus pensamientos en el comienzo de 2024: volver a comandar el PRO, dejar en claro que el presidente Javier Milei se equivocó en no hacerle caso y obturar cualquier chance de que el partido que fundó, como también lo que queda de Juntos por el Cambio (JxC), tenga algún acercamiento con otros sectores de la oposición, especialmente el kirchnerismo.

El ingeniero hace cálculos sobre sus próximos pasos. Lo desvela resolver cómo hacer que el PRO conserve su identidad, pero sin ser un partido de oposición a Milei. El expresidente mejoró su relación con el ultraliberal aunque aguarda que "la inexperiencia" de los habitantes de la Casa Rosada desemboque en un pedido de disculpas hacia él y una invitación a que acerque dirigentes para consolidar la gestión. Por esta razón, en la cúpula del macrismo ponen particular interés en dejar en evidencia la falta de figuras de JxC en el Ejecutivo, más allá de las que tienen relación directa con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y su par de Defensa, Luis Petri.

Durante el primer mes de gestión libertaria, el expresidente evitó hacer públicas sus diferencias con el Presidente y se mostró activo en la búsqueda de apoyos hacia las decisiones del Gobierno. Pero de forma subterránea y de a poco a la conducción del PRO comenzaron a llegar algunas señales del exmandatario en la dirección opuesta, con el objetivo de "acelerar" el ingreso del macrismo duro a los lugares de toma de decisiones. Macri le dice a sus interlocutores que las convocatorias llegarán en febrero o marzo.

Con todo, el fundador del PRO repite que no desea cargos para los suyos, que está más que conforme con la derrota de Sergio Massa en el ballotage y que se deben acompañar las medidas del Gobierno debido a la situación de emergencia del país como consecuencia de la "pesada herencia" kirchnerista. Su relato no termina de tener eco en el Congreso y entre los gobernadores, quienes negocian por otros carriles con la Casa Rosada. Por eso es que Macri pone su mirada en la conducción del partido amarillo.

Mientras contempla la inmensidad del sur patagónico, aprovecha para sondear el peso que tienen en el PRO sus dos principales adversarios: Bullrich, que anunció su renuncia a la presidencia partidaria a poco de ser designada ministra, y el exjefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta. "Si se presenta Mauricio, no hay mucho margen para ganarle", consideró un intendente que forma parte del macrismo desde su génesis. Remarcó que el expresidente no juega a menos que "tenga chances" de una victoria. Desde que decidió competir por el cargo que ostentó entre 2005 y 2012, el ingeniero retomó el contacto con los miembros del Consejo Nacional del partido.

Por ahora, la actitud de Macri para con los referentes provinciales mantiene la lógica de la campaña hacia las generales de octubre: conocer los problemas locales, ponerse a disposición para alguna intervención y bajar línea sobre el rumbo que -cree- debería tener el PRO. El único cambio es el poroteo para la contienda partidaria.

La gran mayoría de los asambleístas del PRO tiene un acuerdo con Larreta, derrotado en las PASO, pero nadie asegura que ese estado de cosas se mantenga de estar Macri en la contienda. Por eso el expresidente explora caminos y mantiene conversaciones fluidas por teléfono y videollamadas. Las conversaciones por el futuro del partido que fundó suelen mezclarse con llamados de atención para evitar que los dirigentes que le responden se expresan públicamente con posturas cercanas al kirchnerismo. El exjefe de Estado se volvió un obsesivo de remarcar las diferencias con todo lo que se tenga el sello de Unión por la Patria.

Esa línea de pensamiento generó que el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, tuviera que explicarle que la negociación que el PRO mantuvo con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, para aprobar el endeudamiento y la suba de impuestos se debió a la necesidad de los intendentes de contar con fondos frescos para cumplir con pagos a empleados y proveedores. "Nosotros tenemos que gestionar. El número del aumento se bajó y quedó 20 puntos por debajo de la inflación", fue la frase que el actual mandamás de la Ciudad utilizó para hacer entrar en razón a su primo.

Los nueve gobernadores de JxC esperan tener un cruce similar, sobre todo aquellos del PRO, ante las negociaciones por los cambios en la ley ómnibus. En la coalición opositora ven con buenos ojos mantener el canal de dialogo abierto con el ministro de Interior, Guillermo Francos, por la buena recepción que encontraron en él para solicitar cambios. Los dos antecedentes de la última semana, en las modificaciones para el sector de pesca y biocombustibles, dan muestra de eso. Por ahora, Macri no puso reparos.

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