Lo que hasta ahora circulaba como versión en la sede del peronismo porteño de la calle San José quedó formalizado este martes, cuando el Congreso Metropolitano del PJ porteño votó la creación de una comisión para encarar una reforma integral de la Carta Orgánica. La jugada blanqueó un acuerdo entre los principales sectores de la estructura partidaria.
La reunión realizada este martes fue conducida por Juan Manuel Olmos, presidente del Consejo Metropolitano, junto a Mariano Recalde, titular del partido. Pero la movida excede a esos nombres. La Cámpora y el Nuevo Espacio de Participación, el armado que se referencia en Olmos, aparecen como los dos polos centrales de un entendimiento que busca rediscutir las reglas de funcionamiento del peronismo capitalino.
No se trata de un maquillaje estatutario. La discusión va desde la reorganización de las secretarías hasta una revisión del sistema de afiliación y, de fondo, toca el reparto del poder interno en una etapa de transición para el PJ de la Ciudad.
Una comisión que refleja el mapa de poder del peronismo
El Congreso resolvió que la comisión de 13 integrantes tenga 90 días para elevar una propuesta a un nuevo congreso partidario. La integración del cuerpo también habla por sí sola: cuatro lugares quedaron para el Nuevo Espacio de Participación, cuatro para La Cámpora, dos para Peronismo por la Ciudad, uno para el Frente Territorial Peronista, uno para el Movimiento Derecho al Futuro y uno para UPCN.
Más que una mesa técnica, la comisión funciona como una foto bastante precisa del reparto de poder dentro del peronismo porteño. No hubo imposición de una línea sobre otra, sino un esquema pensado para que la reforma arranque con aval compartido y sin abrir, de entrada, una nueva pelea. Hacia adelante, se verá si la fórmula funciona.
Mandatos prorrogados y una interna que sobrevuela
La reforma se discute en medio de una transición abierta por la prórroga de los mandatos partidarios. Las autoridades vencían en abril de este año, pero seguirán hasta fines de 2026, cuando, según lo que circula en todas corrientes internas, se realizaría una nueva elección partidaria.
Ese dato reactivó una conversación que el PJ porteño venía pateando. En el distrito no hay una interna desde hace 28 años, de modo que la sola posibilidad de que ocurra ya empezó a mover posiciones, alianzas y cálculos entre los distintos sectores.
Nadie en la conducción la expone hoy como una meta. Más bien al revés: el reflejo dominante es evitar que la disputa escale a una competencia abierta. Pero la hipótesis está ahí, latente, y es uno de los motores silenciosos de la reforma.
El impacto de la posible eliminación de las PASO
La discusión porteña también se cruza con el escenario nacional. El gobierno de Javier Milei mantiene en agenda una reforma política que incluye la eliminación definitiva de las PASO, una posibilidad que obligaría a los partidos a resolver puertas adentro mecanismos de selección y competencia que durante años quedaron canalizados por las primarias.
En ese contexto, la reforma de la Carta Orgánica del PJ porteño deja de ser un trámite administrativo y pasa a ser un movimiento de adaptación política. O al menos, un plan B para no quedar en offside, sobre todo cuando los rumores de una eventual interna están a la orden del día. Si las PASO desaparecen, las reglas partidarias van a pesar más que nunca en la resolución de candidaturas, liderazgos y disputas de poder.
Menos afiliados y más urgencia por reordenarse
Hoy el PJ porteño tiene cerca de 74 mil afiliados, muy lejos de los casi 145 mil que llegó a reunir en la década del ochenta. La comparación expone una pérdida evidente de volumen político, densidad territorial y capacidad de movilización.
Ese retroceso le agrega presión al rediseño del mecanismo de afiliación que deberá dialogar con la Ley de Partidos Políticos. La revisión del mecanismo de afiliación no aparece sólo como una cuestión técnica, sino como parte de un intento por reconstruir músculo partidario en un distrito donde el peronismo tiene múltiples acepciones.
Dentro de esa discusión general, el sector de Olmos empuja una hipótesis propia: que la disputa por el control del partido también se juegue en las 15 comunas. No es una definición cerrada del conjunto del PJ, pero sí una línea que gana lugar en el debate interno.
Ese enfoque tendría además consecuencias concretas en la estructura. Entre los cambios que circulan aparece la creación de una Secretaría de Comunas, hoy inexistente, y la revisión de otras secretarías dadas de baja, como la de Deportes, un casillero con peso propio en el territorio de la Ciudad por la trama de clubes de barrio y redes políticas ligadas al deporte social.
Una reforma para ordenar una pelea que nadie blanquea
La comisión recién creada deberá convertir en un texto común ese equilibrio entre sectores que hoy comparten la conducción. Debajo del debate estatutario asoman preguntas de fondo sobre representación, territorialidad y liderazgo dentro del peronismo porteño, pero también sobre la impronta que se asumirá el año que viene en la pelea nacional.
Más que una simple actualización normativa, el PJ de la Ciudad empezó a escribir las reglas de una disputa que nadie dice querer, pero que todos miran de reojo. No hay una decisión tomada de ir a una interna, pero la sola chance de que eso ocurra por primera vez en casi tres décadas ya empezó a mover al partido internamente.