Brasil, al pie de las urnas: calor, multitudes y grieta en los cierres
Lula da Silva y Flávio Bolsonaro clausuraron sus campañas en los principales distritos electorales. Habla la calle en la capital: por qué votar a uno o al otro.
Sábado a la tarde en la capital de Brasil: últimas imágenes de la campaña.
BRASILIA (enviado especial) Mientras Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro animaban los actos de cierre en los principales colegios electorales, en el sudeste de Brasil, una multitud de izquierda llenó en la tarde de este sábado la plaza del Museu Nacional Honestino Guimarães, que separa ese ícono local de la Biblioteca Nacional, ambas creaciones del célebre Oscar Niemeyer.
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El presidente, de 80 años, no estuvo en esta capital, sino que se dividió para juntar fuerzas en Río de Janeiro y en San Pablo, donde convocó multitudes impresionantes.
Así fue lo de Copacabana, en una ciudad que es un bastión bolsonarista.
DIRETO DE COPACABANA! Todo mundo no Rio pra ver ele: Lula!
En tanto, Bolsonaro se sumó a una caravana de motociclistas en otro distrito clave para el balotaje, Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, donde también se convocó una multitud impactante. Hubo "Gran Herminio": justo frente al camión desde el que se sumaba a las consignas antilulistas desfiló un ataúd alusivo a su rival.
Ao lado de Nikolas Ferreira, Cleitinho e Tarcísio de Freitas, Flávio Bolsonaro reúne grande público em ato de campanha em Belo Horizonte (MG). pic.twitter.com/vrvUoyk1bv
Más tarde, cerró su campaña en su Río de Janeiro, en la zona de Barra de Tijuca, frente al condominio en el que Jair Bolsonaro tiene una propiedad.
El espíritu de Lula da Silva pasó por Brasilia
En la concentración lulista de esta ciudad, abundaron los bocinazos de los autos que pasaban por la autopista que rodea al predio y, en él, las arengas desde altoparlantes, los silbatazos, las banderas rojas del Partido de los Trabajadores y sombrillas de distintos colores que servían para combatir un sol que por momentos burlaba las nubes y caía a plomo. ¿Veintiocho grados? Mentira…
"Bora Lula" ("vamos Lula") era el grito de guerra de muchos, que hacían poco caso a la música. Gente de todas las edades y condiciones sociales, pero especialmente jóvenes, se decían convencidos. "Sí, va a haber virada" (remontada), resumió para Letra P una chica que no parecía tener ni una sombra de duda.
Desde horas antes, en las inmediaciones se habían instalado puestos improvisados de merchandising petista, con banderas, remeras con la cara de un Lula joven y pelo negro enrulado y todo tipo de cotillón para lo que vendría.
También entre los autos que circulaban por Brasilia había espacio para la campaña. El "bora, Lula" de algunos era un "fora, Lula" de otros.
Dos kilómetros al oeste desde allí, caminando por el Eixo Monumental—el "eje monumental" que concentra el grueso de los monumentos, edificios oficiales y obras más icónicas de Niemeyer— se llega a la Torre de TV, que, además de proveer servicios de telecomunicaciones cuenta con un mirador ubicado a 75 metros de altura que es un must para los turistas.
A su alrededor se despliega la Feira da Torre (Feria de la Torre), un paseo gastronómico que, en forma de patio de comidas en un espacio semidescubierto, concentra puestos de gastronomía de muchos estados.
Un visitante, Osvaldo, un hombre de 40 y pico, tomaba una cerveza fría para atemperar el calor y el cansancio del vuelo que lo trajo desde San Pablo. "Soy petista de toda la vida y voy a volver a votar a Lula. Lo contrario sería volver al golpismo. ¿Ustedes en Argentina vieron lo que pasó aquí el 8 de enero" de 2023?, le preguntó a este enviado. La verdad que sí.
"No es cierto que Lula no ofrezca una visión de futuro, como dicen. Al contrario: en su último mandato va a estar más liberado. Igual no puede haber duda: el bolsonarismo es autoritarismo", cerró.
Entre puestos de comida de Minas, de Bahía y de otros estados, César vende los "pasteis de Caio". "Claro que voy a votar a Lula; los avances sociales tienen que seguir. Aparte, ¿cómo podría votar a ese miliciano de Flávio", cuenta, un poco indignado, el hombre que debe andar por encima de los 60.
"Soy progresista y soy anti-Milei. Es más, me da asco (Javier) Milei", acotó. Junto a él, un empleado bastante joven declinó dar su opinión.
Team Flávio Bolsonaro
Marlene, inmigrante interna que llegó de Pará —norte— y debe tener casi 60 años, en cambio le pone sus fichas al derechista. "Gana Flávio y mejor que sea así. Hay que bajarles los impuestos a los emprendedores", dice la feriante, que asegura que los impuestos federales que paga pasaron en estos años de 200 a 2000 reales.
Wisley, que atiende un puesto de souvenirs en un sector separado del de comidas, también va con la oposición. "No me gustan los políticos, pero soy de derecha y no lo niego. El pueblo está cansado de mentiras. A mí el socialismo no me gusta: se convirtió en una élite llena de dinero que no atiende a los de abajo", denunció.
El hombre, que anda por los 50, reiteró las quejas de muchos. "Hay impuestos muy altos, demasiada burocracia. Yo a Lula lo voté en 1998, cuando perdió, y en 2002, cuando ganó por primera vez. A mí me decepcionó", confesó.
La tele ya no pasa este sábado avisos de campaña, pero la actividad proselitista sigue en las calles. Este domingo, salvo en las redes, que no descansan, habrá silencio.
Llegará la hora de votar. Brasil define su destino y, acaso sin que lo sepa, el de América Latina.