BRASILIA (enviado especial) "¿Usted sabe por qué la cúpula que representa a la Cámara de Diputados está abierta hacia arriba y la del Senado está cerrada, boca abajo?", le preguntó, sin presentación, un transeúnte al enviado de Letra P cuando vio que grababa un video con el Congreso de Brasil a sus espaldas. Sin esperar respuesta, reveló el secreto. "Porque la del Senado ya no tenía más espacio para la mierda y la tuvieron que cerrar", se divirtió.
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El chiste es conocido en esta ciudad, y omite que el célebre arquitecto Oscar Niemeyer, gran hacedor de esta ciudad de diseño junto al urbanista Lúcio Costa, apuntó a otras simbologías en su concepción de modernismo monumental. Lo que quiso fue presentar a la Cámara Baja como abierta y receptiva a la ciudadanía, mientras que pretendió darle a la alta un sesgo de reflexión profunda.
Sin embargo, la referencia del bromista espontáneo apuntó a uno de los tópicos más intrincados de la campaña hacia el balotaje presidencial del domingo: la corrupción.
La corrupción, entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro
Sobre todo entre los votantes de Flávio Bolsonaro se alude a ese problema para fundamentar el rechazo a Luiz Inácio Lula da Silva.
Las acusaciones que han rodeado y hasta enviado a la cárcel por 580 días al presidente son conocidas: el Mensalão, la operación Lava Jato, las denuncias de tráfico de influencias contra Fábio Luís Lula da Silva, "Lulinha", el hijo mayor del presidente.
De lo que no acusan recibo es de las corruptelas atribuidas al clan Bolsonaro, desde las viejas denuncias de connivencia del candidato Flávio con las milicias parapoliciales de Río de Janeiro hasta la reciente revelación de un escándalo de tráfico de influencias y uso de prostitución VIP en la campaña anterior, pasando —entre varios casos más— por el financiamiento aún no explicado de 12,5 millones de dólares del banquero preso por fraude Daniel Vorcaro.
No es que el oficialismo no haya intentado pegarles a esos clavos, pero la cuestión parece resbalar en el electorado más o menos de derecha.
El éxodo de cada elección
Las calles empezaron a vaciarse este jueves y, en contrapartida, la Rodoviária Interestadual se llenó de gente que se subía a los micros que la llevarían a sus ciudades de origen, en muchos casos distantes, para votar el domingo.
También primaba la quietud en los edificios de Estado, lo que en parte explica la calma que se va apoderando de esta ciudad que sigue siendo en buena medida administrativa.
En el Congreso, por caso, este enviado pudo ingresar sin vestir traje, requisito ineludible en momentos de actividad. Ocurre que el poder Legislativo entró en lo que se llama "receso blanco", es decir informal, por la ausencia de numerosos legisladores que dejan sus tareas cotidianas para también ir a votar o a hacer campaña en los estados en los que la segunda vuelta aún debe definir a los respectivos gobernadores.
Todo parece suspendido y en modo espera. Hasta la Plaza de los Tres Poderes, el lugar que fue arrasado por una horda bolsonarista el 8 de enero de 2023, está totalmente vallada por reparaciones: todas las baldosas de esa inmensa plaza seca están siendo reemplazadas para que todo esté listo e impecable el 1 de enero, cuando asuma el próximo presidente. Pronto se sabrá el nombre.
La otra Brasilia
La actividad que no frena es la de los allegados y los entornos, tal vez el secreto más cautivante de Brasilia.
En todas las grandes ciudades brasileñas hay organismos públicos y diplomáticos, organismos de formación militar, think tanks, merketeiros, grandes empresas, cámaras del Círculo Rojo, representaciones sindicales, analistas políticos y económicos, universidades, lobistas, influyentes… Pero aquí su concentración es máxima.
Lo interesante es que la capital sintetiza las posturas de grupos de influencia necesariamente heterogéneos y diferentes en sus intereses locales. Un ejemplo es la Confederação Nacional da Indústria (CNI), que incluye a la poderosa Federação das Indústrias do Estado de São Paulo (FIESP), muchas veces tomada en Argentina como excluyente.
Además de la FIESP, la CNI representa a las centrales fabriles de los otros 25 estados y del Distrito Federal, lo que atañe a sectores de menor escala y despliegue. Para la primera, algo parecido a un libre comercio con Estados Unidos —¿una posibilidad con Flávio Bolsonaro?— es una vieja obsesión; para otras, el Mercosur y otros países del Sur Global son mercados que no se puede ni se debe desatender.
Siempre en crecimiento —sorprende a quien vuelve después de algunos años—, Brasilia ya es la tercera ciudad más poblada de este país, con tres millones de habitantes, sólo detrás de la gigantesca San Pablo y de Río de Janeiro.
Emplazada en el Planalto ("meseta alta") Central, su construcción por decisión de Juscelino Kubitschek a partir de la segunda mitad de los años 1950, su propia concepción describe una época de espíritu nacionalista y desarrollista. Por un lado, trasladar la capital de Brasil desde Río hacia el interior del continente daba mayores garantías de defensa. Por el otro, la "marcha hacia el oeste" implicaba poblar y conectar un sector olvidado de este país-continente.