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LA RESISTENCIA AMARILLA

A contramano del PRO, Esteban Bullrich critica el liderazgo de Javier Milei: "Busca dividir" y "levanta muros"

El exsenador presentó su libro Liderazgo espiritual. Mi legado político sin figuras de su partido, que acelera la rosca para cerrar una alianza con LLA.

Cuando el PRO, su partido, acelera las negociaciones con La Libertad Avanza para acordar los términos y condiciones de una alianza electoral para 2027, Esteban Bullrich, figura destacada del gobierno de Mauricio Macri, cuestionó el liderazgo “religioso” de Javier Milei: el Presidente “necesita enemigos para afirmarse” y, por eso, “busca dividir” y levanta muros”, considera el exministro de Educación.

La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) paralizó el cuerpo de quien llegara al Senado después de ganarle a Cristina Fernández de Kirchner las elecciones legislativas de 2017 en la provincia de Buenos Aires. Cinco años después de ser diagnosticado, Bullrich solo puede mover sus ojos. Sin embargo, la enfermedad no pudo inmovilizar su cerebro ni su pasión por la discusión pública, que invoca como mecanismo indispensable para hacer todo lo contrario a lo que le critica a Milei: “Construir puentes” entre pensamientos diversos en busca de síntesis enriquecedoras; ejercer lo que él llama “liderazgo espiritual”.

Asistido por un dispositivo que le permite construir textos seleccionando palabra por palabra a partir del movimiento de sus ojos, Bullrich escribió el libro Liderazgo espiritual. Mi legado político. Consecuente con su prédica, convocó a cuatro periodistas referentes de distintos pensamientos para que lo acompañasen en la presentación, que realizó el viernes pasado en la Usina del Arte: Marcelo Longobardi, Julia Mengolini, Carlos Pagni y Ernesto Tenembaum.

Esteban Bullrich junto a Carlos Pagni, Marcelo Longobardi, Julia Mengolini y Ernesto Tenembaum.

Javier Milei y las fuerzas del cielo

“En medio de un mundo fragmentado, donde las identidades se endurecen y las diferencias se convierten en trincheras, reaparece con fuerza la necesidad de comprender qué significa liderar espiritualmente y en qué se diferencia de liderar religiosamente”, plantea Bullrich y advierte que “varios líderes políticos de nuestro tiempo quieren aparecer como líderes religiosos”, como “figuras investidas de una autoridad que parecería provenir de un plano sagrado”.

Donald Trump y Javier Milei son dos ejemplos visibles de esa tendencia”, sostiene.

Javier Milei y Donald Trump (foto: Daniel Torok, Casa Blanca).

El estadounidense “ha reforzado (…) la idea de haber sido preservado por Dios para cumplir una tarea política excepcional”, en tanto el argentino “ha convertido en marca política expresiones como ‘las fuerzas del cielo’ y mantiene (…) un lenguaje en el que la apelación a Dios y a una dimensión trascendente ocupa un lugar central”.

Para Bullrich, Milei es la clase de líder que “busca presentarse como intérprete privilegiado de una voluntad superior” o como “encarnación de una batalla moral absoluta entre el bien y el mal”.

El exministro entiende que la consecuencia de lo que señala como una “confusión” es el empobrecimiento de la política.

La grey de los convencidos

El liderazgo religioso “se construye dentro de una comunidad de creencias compartidas”, por lo que “su misión es guiar, enseñar, custodiar y fortalecer a quienes adhieren a un mismo credo”, dice Bullrich, que no reniega de ese tipo de liderazgos cuando es ejercido en los espacios que corresponden. “Sin él, las comunidades de fe se diluirían”, explica. Sin embargo, aclara que “su ámbito” es “el adentro” y que “su fuerza radica en reunir a quienes ya comparten una misma visión del mundo”, explica.

“El liderazgo espiritual, en cambio, no nace de la coincidencia, sino de la diferencia. No parte de una comunidad homogénea, sino de un mundo diverso. No presupone acuerdos, los construye. No se apoya en una identidad compartida, sino en una dignidad compartida”, contrapone el autor y abunda: “Mientras el liderazgo religioso reúne a los que creen lo mismo, el liderazgo espiritual busca unir a los que creen distinto”.

“Por eso, el liderazgo espiritual no puede ser excluyente. No puede definirse por oposición. No puede necesitar un enemigo para afirmarse. Porque su esencia no es la defensa de una identidad, sino la creación de un vínculo. Esto no significa que carezca de convicciones. Al contrario, las tiene profundamente arraigadas. Pero no las usa como un muro, sino como un punto de partida para el encuentro”, amplía.

En ese sentido, Bullrich ubica a Milei entre esos líderes que “no buscan unir, buscan dividir”; “no construyen puentes, levantan muros”, y “no reconocen al otro como interlocutor, sino como adversario moral”.

El brillo por la ausencia

Todavía conmovido, este lunes, en Y ahora quién podrá ayudarnos, su programa en Radio con Vos, Tenembaum, además de leer los párrafos del libro en los que Bullrich expone esos conceptos, aportó un dato político curioso pero que, al cabo, se explica en la interacción del contexto y el contenido de su ensayo: la representación del PRO para acompañar a quien fuera un miembro de su mesa chica se redujo a Hernán Lacunza, el también exministro de Macri que, como Bullrich, nada contra la corriente de un partido que decidió ser furgón de cola del oficialismo de hoy.

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