TRIBUNA LETRA P | BULLRICH 2027

¿Patricia Bullrich quiere ser Victoria Villarruel?

Entre la búsqueda de un lugar en la fórmula y la defensa de su identidad, la senadora enfrenta un dilema: ¿cuánto puede ceder sin dejar de ser ella misma?

Los gestos de autonomía de Patricia Bullrich del último mes podrían responder a dos apuestas distintas: mejorar su posición para acompañar a Javier Milei en una fórmula o conservar una identidad desde la cual construir una victoria propia. La pregunta sería si busca diferenciarse para quedarse o para tener la posibilidad de elegir.

No necesariamente en esta instancia debería tomarse esa decisión. En una etapa de precampaña, los dirigentes también trabajan para aumentarse el precio. Buscan demostrar qué aportan, a qué públicos llegan y cuánto perdería un espacio si prescindiera de ellos. Las candidaturas se negocian después. Desde esa perspectiva, Bullrich podría estar ampliando su margen de negociación antes de definir cómo utilizarlo.

El antecedente de las elecciones 2023

La campaña de 2023 permitiría explorar ese problema. Bullrich ganó la interna de Juntos por el Cambio, pero terminó tercera en la elección general, con el 23,81% de los votos. Había conseguido representar una demanda dentro de su coalición, pero no logró extenderla lo suficiente fuera de ella.

Su derrota se dio en un contexto que excedía a la candidata. Milei disputaba el cambio desde una promesa de ruptura más radical, mientras Juntos por el Cambio debía responder por su propia experiencia de gobierno y por sus diferencias internas. Bullrich necesitaba retener a los moderados y competir por los más impacientes. Esa combinación habría hecho difícil encontrar una posición clara.

También cabría preguntarse cuánto de aquella campaña logró sentir propio. Su identidad de autoridad era reconocible, especialmente en seguridad, pero debía convertir ese atributo en una propuesta económica y de gobierno que reuniera a sectores con ideas distintas. Por momentos, habría quedado defendiendo una síntesis en la que su voz perdía claridad.

El antecedente serviría para mirar su relación actual con el proyecto libertario. La coincidencia en ciertos temas podría darle un lugar cómodo y reconocible. Los desacuerdos en otros podrían devolverla a aquel dilema: cómo pertenecer sin terminar sosteniendo un discurso que le resulte ajeno.

Los desmarques de Patricia Bullrich

Sus desmarques admitirían, entonces, más de una explicación. Podrían ser parte de una negociación, expresar diferencias reales o combinar ambas cosas. Suponer que cada gesto responde a un plan sería tan apresurado como creer que una dirigente con su experiencia desconoce el efecto político de lo que hace.

Los datos de imagen agregan una restricción a cualquiera de esas apuestas. Según nuestra serie de datos en Management & Fit, en junio de 2024 Bullrich tenía un 45,1% de imagen positiva y un 40,3% de negativa. En junio de 2026, la positiva era del 32,9% y la negativa, del 46,9%. Su diferencial pasó de 4,8 puntos a favor a 14 en contra. Desde abril de 2025, todas las mediciones presentadas en la serie muestran un saldo negativo. Este último dato de negatividad no le es ajeno al resto de los dirigentes nacionales.

Ese deterioro no permite identificar una causa única ni saber qué electores se alejaron. Sí muestra que conservar protagonismo no equivale a ampliar aceptación. Bullrich podría tener capacidad para intervenir en las decisiones del oficialismo y, al mismo tiempo, encontrar dificultades para sumar respaldo social.

Un informe de Reputación Digital aporta que en la conversación analizada entre julio y octubre, el 63% de las menciones libertarias la respalda. Sin embargo, seis de sus siete desmarques circularon más entre opositores que entre libertarios. Encontraría apoyo dentro del espacio y atención fuera de él.

La diferencia importa. Quien celebra una crítica al Gobierno no necesariamente confiaría en Bullrich para gobernar. Y quien la respalda por defender a Milei no necesariamente la acompañaría en una candidatura propia. La conversación digital no mide votos, pero permite advertir el riesgo de confundir repercusión con construcción política.

¿Patricia Bullrich candidata a vice?

Aquí se separarían las dos hipótesis. Si buscara ser candidata a vice, Bullrich necesitaría mostrar un aporte que justificara su lugar junto a Milei. Su experiencia, su identidad y su respaldo en determinados sectores podrían darle valor. Quedaría por establecer cuánto sumaría por fuera del electorado que el presidente ya tiene.

En ese escenario, diferenciarse podría servirle para negociar: mostrar que su acompañamiento tiene un peso propio. Pero la distancia tendría un límite porque para integrar una fórmula también necesitaría preservar la confianza de quienes deberían elegirla. Un gesto que aumentara su atractivo hacia afuera podría generar dudas hacia adentro.

Si, en cambio, buscara construir una alternativa más autónoma, la exigencia sería mayor. Tendría que recuperar aceptación y demostrar que hay un público dispuesto a seguirla más allá de su relación con Milei. El deterioro de imagen y el antecedente de 2023 invitarían a ser prudentes sobre esa posibilidad.

Las dos apuestas podrían convivir mientras las candidaturas sigan abiertas. Bullrich podría trabajar para aumentar su valor sin haber resuelto todavía dónde usarlo. La incógnita sería cuánto de ese valor depende de su pertenencia al oficialismo y cuánto podría conservar si tomara distancia.

La autenticidad

Por eso, la cuestión de su autenticidad tendría consecuencias políticas. Una diferencia que pareciera nacida de una convicción podría fortalecerla. Una sucesión de movimientos que resultara difícil de entender podría volver a desdibujarla. Para sumar o para diferenciarse, necesitaría que el público reconociera un hilo entre lo que dice, lo que hace y el lugar al que aspira.

¿Patricia quiere ser Victoria? Podría ser. También podría estar intentando que su futuro no quede enteramente en manos de Milei. La respuesta dependería de algo que todavía no conocemos: si sus gestos de autonomía conseguirán darle poder propio o sólo un mejor lugar dentro del poder de otro.

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