El oficialismo provincial empieza la campaña electoral con una leve ventaja, sostenida en buena medida por su desempeño en la Tercera sección, donde apostó fuerte con la vicegobernadora Verónica Magario encabezando la boleta. Una figura conocida y con presencia en la región, especialmente en La Matanza, el partido más poblado de toda la provincia. La Libertad Avanza, en cambio, eligió como principal candidato al excomisario Maximiliano Bondarenko, aún desconocido para la mayoría, que lleva a la inseguridad como bandera. Con algunas semanas de campaña por delante, la incógnita es si la fuerza libertaria podrá transformar esa bandera en votos y acortar la distancia que favorece al peronismo.
Encuesta Trends partidos
En la Primera sección electoral —la más populosa de las ocho— la balanza se inclina hacia los libertarios, aunque la diferencia no es tan amplia como podría esperarse. Allí, Gabriel Katopodis, exintendente de San Martín y actual ministro de Infraestructura bonaerense se enfrenta a Diego Valenzuela, intendente de Tres de Febrero y emblema libertario por su política de eliminar tasas municipales, atraer empresas y reducir la planta de empleados públicos. Se miden dos modelos opuestos de gestión: el de la obra pública como motor del desarrollo y el del libre mercado como eje central. El perfil de Katopodis, con experiencia y conocimiento territorial, parece contrarrestar bien al de su rival, aunque todavía falta para la elección y, en un país tan dinámico, cualquier escenario es posible.
javier milei frunce la nariz
Recalculando. Javier Milei huele problemas.
En el resto de las secciones electorales, el escenario aparece más repartido. El caso más particular es el de la Segunda sección, donde los hermanos Passaglia, de San Nicolás, lanzaron su propia apuesta, Hechos: una tercera vía que podría romper con la polarización que domina en el resto de la provincia.
Ausentismo: la batalla por llevar votantes a las urnas
En las elecciones provinciales de 2025, el ausentismo fue un actor central y todo indica que el 7 de septiembre no será la excepción. El interés por votar es bajo: apenas el 56,7% se declara “muy interesado” y el 20% “algo interesado”, por lo que la participación difícilmente supere el 70%.
Interés en votar
En este contexto, la baja participación emerge como un factor capaz de inclinar la balanza. La última encuesta nacional de Trends muestra un marcado contraste generacional: casi el 60% de los jóvenes argentinos aprueba la gestión del presidente Milei, mientras que solo el 36% de los adultos mayores de 65 años lo hace. Un dato clave es que el segmento más afín a Milei -y más crítico de Kicillof- es el menos predispuesto a ir a votar: solamente 48% de los menores de 29 años se declara muy interesado en asistir a las urnas y un 28% muestra algo de interés. En cambio, entre los adultos mayores —principales críticos de Milei— la situación se invierte: el 69% asegura estar “muy interesado” en ir a votar y apenas el 18% admite bajo o nulo interés.
¿A quién hay que movilizar en las elecciones bonaerenses?
El desafío para La Libertad Avanza será lograr que ese electorado joven, ideológicamente afín pero poco proclive a votar, entienda la importancia de su participación y la traduzca en votos el 7 de septiembre. Para Fuerza Patria, en cambio, la tarea pasará por movilizar a los adultos mayores, los más interesados en votar pero que sin obligación de hacerlo. En una elección pareja, la diferencia la marcará quien logre llevar a los propios a las urnas o, en el juego inverso, quien consiga que los votantes del adversario se queden en casa.
En este escenario, La Libertad Avanza busca profundizar la polarización redoblando la apuesta: del “Es kirchnerismo o libertad” al más enfático “kirchnerismo nunca más”. Las heridas que dejó el cierre de listas entre los sectores más “puros” parecen cicatrizadas, al menos de cara al público, y la relevancia del trabajo digital ya no está en discusión, especialmente como vía para llegar al electorado más jóvenes y movilizarlo hacia las urnas. Ahora, deberán convencer a la sociedad de que no son “más de lo mismo” y sostener su diferencial, pese a haber incorporado dirigentes con larga trayectoria en el mundo político, incluidos candidatos que hasta hace poco apoyaban abiertamente a Sergio Massa.
En el caso de Fuerza Patria, el desafío es más tradicional, pero no menos complejo: movilizar a su electorado más fiel, integrado en buena medida por adultos mayores. A esto se suma la necesidad de recuperar a las personas desencantadas con la gestión provincial, apelando al histórico vínculo del peronismo con sus bases. La llave de esa movilización está en manos de los dirigentes locales, especialmente los intendentes, que deberán desplegar toda su capacidad de organización. Para el peronismo, la elección se jugará menos en las redes y más en las calles, donde deberán contrarrestar la ventaja digital de sus adversarios, quienes buscarán desalentar la participación de este segmento.
Dos partidos, una estrategia: polarizar y (des)movilizar
La campaña bonaerense se resume en dos consignas claras: polarizar y (des)movilizar. Tanto La Libertad Avanza como Fuerza Patria siguen la misma lógica, apelando más al voto “en contra de” que al voto “a favor de”. Los libertarios endurecen su discurso con el lema “kirchnerismo nunca más”, mientras que el peronismo responde apelando al temor a Milei para alinear a sus bases bajo la consigna “sumar fuerzas para frenar a Milei”. En este duelo cerrado, el espacio para las terceras vías es mínimo, y el algoritmo de las redes sociales —que premia la confrontación— funciona como un refuerzo natural de la polarización.
El mapa electoral les impone desafíos opuestos. Para La Libertad Avanza, la meta es achicar la brecha en el conurbano profundo y ampliar su ventaja en la Primera sección, más permeable a su discurso. Fuerza Patria, en cambio, deberá consolidar su predominio en la Tercera y contener posibles fugas en los distritos históricamente más competitivos.
Aparato vs. algoritmo: los desafíos de La Libertad Avanza y Fuerza Patria
El despliegue territorial y la fiscalización son necesarios, pero no suficientes. El triunfo de Milei en 2023 se apoyó en la fuerza disruptiva de las redes y en su capacidad de diferenciarse de “la casta”. El armado bonaerense, incorporando dirigentes con peso territorial pero con pasado político, implica un riesgo: perder parte de ese atractivo. En LLA lo interpretaron a tiempo; ahora, el desafío será combinar la maquinaria territorial con la digital, sin diluir la identidad que los distingue.
Para el peronismo, el desafío es opuesto. Su fortaleza sigue estando en la organización territorial, pero no alcanzará para contrarrestar la campaña en redes de sus adversarios. Deberá hacerlo, además, evitando fugas internas que debiliten su base electoral. En este escenario, la unidad no es solo un objetivo: es condición indispensable para mantenerse competitivo.
En definitiva, el 7 de septiembre no solo se enfrentan dos modelos políticos antagónicos, sino también dos formas de hacer campaña: el aparato contra el algoritmo. En un escenario tan ajustado y con baja participación, cada voto cuenta. Por eso, más que una disputa por convencer, será una carrera por movilizar a los propios y desalentar a los ajenos.