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UN PERFIL POLÍTICO

El Indio Solari, del anarquismo al kirchnerismo y al más allá

El tránsito del hombre nuevo a Cristina libre. El costo del compromiso, el espejo de Discépolo y el vacío que deja la muerte del rockero en la era Milei.

Hacía diez años que no podía parar de temblar y este viernes se detuvo sabiendo que las misas ricoteras, laicas y pogueras lo van a trascender. También el recelo antiperonista y la cristinofobia. El Indio Solari sigue viaje, del anarquismo al kirchnerismo y al más allá.

Entre tantos caciques con y sin votos, sin programa ni letra para nuevas canciones, un Indio menos es lo menos que necesitaban el peronismo y la cultura popular argentina en la era de la crueldad. Y como toda derrota política primero es cultural, la desaparición física del Carlos Alberto Solari no solo importa porque no podrá seguir engrosando el cancionero del rock ni sosteniendo con videoproyecciones la orfandad de los Fundamentalistas en vivo, sino porque la ausencia del que encarna las ideas, de los fundadores, exige que el héroe colectivo coagule de una vez por todas y haga su parte del trabajo.

Al igual que Charly en No soy un extraño, cuando decía que “desprejuiciados son los que vendrán y los que están ya no me importan más”, el artista quería a Cristina libre, pero ponía sus expectativas en los jóvenes. “Esperemos que nuestra juventud haga las cosas bien, yo creo que ellos tienen más noticias del futuro que yo, mi edad ya no me permite aconsejarlos”, había dicho. Pero esos jóvenes lo escuchan por consejos y asimilan recitales con misas, letras con evangelios escritos como canciones y ya no piden matar a nadie, porque Cerati ya se murió o porque maduraron, no importa.

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El Indio Solari con Cristina Fernández de Kirrchner.

“La revolución es desde que te levantás hasta que te dormís, todos los días hay que luchar”, dijo y los conquistó. Ese es el pendiente desde el hombre nuevo setentista, cuando ya se sabía que la muerte se puede trascender sin necesidad de creer en Dios padre, ni en su hijo; pero no porque el rock and roll lo cantase, sino porque el folklore contaba que “en el hijo se puede volver, nuevo”, desde la Zamba para no morir de Hernán Figueroa Reyes. Y sigue estando entre los pendientes para una grey ricotera millonaria en valores, aunque tal vez alguno de los 50 que detentan un 12.3% del PBI (u$s 78 mil millones), también tengan discos o remeras de Los Redondos.

Se escuchan un par de rugidos desde la leonera contracultural, patos tirándoles a las escopetas, especialmente uno que -como dijo el exsaxofonista de Los Redondos Willy Crook- no toca ningún instrumento: Roberto Pettinato. “El Indio es un millonario reventado, uno de izquierda que vive en una mansión en Parque Leloir y viaja en aviones privados”, grita el hombre que vive en la estela de Sumo.

El Indio ya contestó eso pero este humilde redactor suma algo más salvando las distancias, los proyectos y los destinos: Robespierre provino de una familia de la alta burguesía francesa, Trostky era hijo de un próspero terrateniente rural, Marx se formó en un hogar de clase media judía, el Che en una familia de clase media alta y repleta de profesionales liberales. Algunos de los procesos revolucionarios más ambiciosos de la modernidad no tuvieron ideólogos ni conducciones proletarias.

Y a sus millones de seguidores, que el Indio goce de un patrimonio estimado en uSs 20 millones les importa muchísimo menos que los u$s 45 mil millones que Mauricio Macri y Toto Caputo pidieron para fugar al FMI o los u$s 800 mil que tiene que justificar Manuel Adorni. Y eso no cambiará, por suerte.

A estas alturas seguimos esperando las revoluciones que no fueron, pero mientras tanto que vengan los tuits de Cristina y Máximo Kirchner, de Aníbal Fernández, el institucional de La Cámpora y de todas las izquierdas que lo consideren patrimonio cultural e ideológico argentino, sin descartarlo por peruca o kuka, como seguramente sucederá con muchas orgas y domadores que militan en la pasta base de la condición humana que hoy campea y gana elecciones. Porque existe el pobre (rappi, albañil o jubilado) de derecha, pero ¿el ricotero de derecha? No tenemos datos pero sí opiniones.

El ruiseñor, la muerte, El Indio Solari y Discépolo

Al Indio, su adhesión peronista -legado familiar del que se desmarcaba en su juventud de dibujante, pintor, recitador y performer anarcocultural- le costó y le costará mucho menos que a Enrique Santos Discépolo, compositor socialmente comprometido y celebrado hasta por Gardel, hasta que inventó a Mordisquito para la radio oficial del primer peronismo, hasta que osó decir que el peronismo había matado al tango de la pobreza, el barro y el rezongo, cambiándolo por “el chamamé de la buena digestión”, que era la música del estado de bienestar peronista.

Discépolo también fue un artista popular, desgarrado por las injusticias sociales y los desamores, pero no llenaba estadios. La censura previa, su peronismo militante (no exento de críticas y reparos), la angustia existencial y el cáncer lo doblegaron muy joven. El Indio corrió y correrá, tuvo y tendrá otra suerte, aunque Cambalache, Uno o Desencanto estén tan confirmadas en el cancionero popular argentino como Ji, ji, ji, La bestia pop o Todo un palo.

El poeta frágil y sensible se apagó en 1951, cuando comenzaban las restricciones que llevaron a Evita a pedirles a las mujeres argentinas “ser las custodias del ahorro en el hogar” y ya puteaba a la CGT cuando le paraba a Perón en un contexto de crecimiento industrial y consumos estancados, cuatro años antes de que el gorilismo bombardeara a su propio pueblo y derrocara al gobierno poco después. Y ninguna de sus letras ni su cara son posters o remeras de consumo masivo.

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Enrique Santos Discépolo.

El Indio se transforma en una ausencia rabiosamente presente, en plena reducción electoral del peronismo, con el kirchnerismo en una encrucijada estática y en lucha fraticida con casi todas las variantes no cristinistas que lo niegan y le auguran un futuro de patrulla minoritaria para los próximos años.

Discépolo no llegó para ver morir a Evita o fugarse a Perón en una cañonera paraguaya. El Indio despidió con dolor a Néstor Kirchner y repudió la persecución seguida de confinamiento de Cristina. El peronismo no tiene programa ni ideas novedosas, o no las produjo hasta el momento y el cancionero popular pierde compositores sin remedio ni repuesto, aunque, como suele consolarnos Spinetta, “aunque me fuercen yo nunca voy a decir que tiempo pasado es mejor, mañana es mejor”.

Un día como hoy pero también en una época como esta, cuesta subirse al optimismo de Luis Alberto. En La Oscuridad, una inspiradísima letra escrita ya con el temblor incipiente del Parkinson, Solari declaraba que “ya están aquí / los ví / fantasmas de mi juventud, llegan para despedirse de mí / yo sé / dejé jirones de mi vida aquí”.

Todos y todas dejaremos, con distinta suerte y tal vez cantando las mismas canciones, jirones de nuestras vidas en este país, que también es el mundo. No por El Indio sino por nosotros, hagamos que valga la pena.

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