OPINIÓN

Donald Trump, Irán y la pregunta de la guerra

Qué actores empujan el conflicto en Medio Oriente. Lobby, drones y millones. La alianza del complejo militar-industrial y las Big Tech.

Occidente nos dice que la respuesta es la guerra, contra Irán o contra cualquier otro territorio designado hostil. Ajá, pero, ¿cuál es la pregunta? ¿Cómo entender lo que sucede?

Empecemos por descartar las teorías conspiranoicas. La que más cunde es que Israel tiene toda la documentación de cuando Donald Trump y otros cometían pedofilia, por lo que ejerce un chantaje permanente y logra que los Estados Unidos hagan lo que Benjamin Netanyahu quiere. El mérito de la comprensión inmediata de estas ocurrencias suele ser incompatible con el análisis histórico. Por ejemplo, la alianza estratégica entre Washington y Tel-Aviv desde muchos decenios atrás. Aunque las redes rebosen de inciertos rumores 100% confirmados.

Lugo vienen los análisis en términos psicológicos. La élite occidental estaría compuesta por iluminados/depravados que van a salvar/destruir al mundo para cumplir/saciar el noble/criminal impulso de poder que los anima (elige tu propia motivación). Puede ser, eh. Pero San Emilio Durkheim ya nos predicó acerca de no mezclar los aspectos de la conciencia/inconsciencia cuando hablamos de asuntos sociales y ninguno tan social como la guerra o el suicidio, que quizás son lo mismo. Por más que en la Casa Blanca abunden tipos que se perciben Illuminatis de la mano de Leo Strauss.

Lobby en Estados Unidos, guerra en Irán

Tratemos entonces de ver qué grupos sociales pelean por la guerra. Por supuesto que primero está el clásico complejo militar-industrial norteamericano, ya denunciado por Einsenhower en 1961 y que jamás ha prosperado tanto. El complejo, no Ike, claro.

Según OpenSecrets, existen 1164 lobistas del sector defensa en el Congreso estadounidense, que representan a 353 clientes y se gastaron unos 191 millones de dólares para comprar voluntades en ambos recintos durante 2025, en su mayoría republicanas. Nada como la honesta corrupción institucionalizada, que así funciona la transparencia en las democracias occidentales. Mire usted.

Irán

Es que para muchos el verdadero botín de las guerras no son sólo los recursos naturales que expolian en los países que ocupan o en los que se entregan. No. Está en los pasillos del Capitolio, donde el último presupuesto de guerra supera los 900 mil millones de dólares.

Son los desconocidos de siempre: Lockheed Martin, Northrop Grumman, RTX Corp (Raytheon), General Atomics, L3Harris Technologies, Anduril Industries, General Dinamics y hasta Booz Allen Hamilton, sin olvidar a la muy británica BAE Systems.

El software de la guerra

Sin embargo, esa anatomía tiene nueva fisiología. En efecto, los llamados sistemas de “Inteligencia Artificial” permiten aumentar la productividad del tratamiento de datos en proporciones inimaginables. También es un sector oligopólico, donde descollan Google (Alphabet), Amazon, Meta, Microsoft y Apple, entre otras, sin olvidar a Palantir.

Gracias al entrecruzamiento infinito de datos, la información producida permite secuestrar un presidente en Venezuela, asesinar a un Ayatolá en Irán o saber qué piensa una persona en cualquier parte del mundo. O un grupo de personas. E identificar enemigos. Luego un dron o un misil harán el trabajo sucio: eso es la guerra limpia. El hardware ha encontrado al software.

La guerra cognitiva

En 1910, el economista Rudolf Hilferding definió al capital financiero como la unión del capital bancario y del capital industrial. ¿Cómo podremos definir esta unión entre el complejo militar-industrial y las Big Tech? No es que todos los conocimientos pasados queden obsoletos, sino que habrá que ser perspicaz para utilizar las categorías de análisis correctas en el estudio de los objetos considerados.

Este nivel de conflicto generalizado y permanente en todos los ámbitos humanos configura una “guerra cognitiva” sin principio ni final. ¿Será que este conflicto que mezcla propagandas y batallas, viejos trucos y nuevas armas en todo occidente es la respuesta que precisa esa nueva forma de capital para imponerse?

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Es que la guerra significa control. Frente a una amenaza externa, real o imaginaria -eso es lo de menos- existe la máquina bélica que se hará cargo del ataque externo, mientras la máquina interna tendrá a cargo la represión contra cualquier sospechoso de “terrorismo doméstico”. Hoy la tecnología permite que ese control puede ser ejercido de manera cognitiva: qué pensar, qué prohibir, qué hacer, qué es delito. Una defensora de las ballenas, por ejemplo, es una agente iraní encubierta.

Es el advenimiento de una nueva “moral” dominante, ya no basada sobre valores que son ignorados, sino sobre la exactitud algorítmica que programan, siempre incuestionable. Modelar la sociedad a través del control digital que permite la guerra total. ¿Una posible respuesta?

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