El escenario económico y social muestra señales claras de agotamiento de la tolerancia de una sociedad que, en 2023, aceptó hacer un sacrificio con la expectativa de obtener resultados concretos del modelo económico que proponía el gobierno de Javier Milei.
La ausencia de resultados, la vivencia de una nueva frustración política y un estado de ánimo marcado por la preocupación, el enojo, la tristeza y la incertidumbre abren un panorama electoral de cambio de cara al próximo año.
Es en ese escenario donde el peronismo K de la provincia de Buenos Aires -el territorio clave para definir el futuro político del país- encuentra una nueva oportunidad de regresar al poder. Las encuestas propias de la consultora Delfos muestran una primera vuelta muy competitiva y un escenario de balotaje desfavorable para Milei.
Así se abre en el PJ un nuevo capítulo de especulaciones respecto de quién puede competir en 2027 para volver al poder. Axel Kicillof, Sergio Massa y hasta Cristina Fernández de Kirchner, quien debería sortear su condición judicial, se proponen para tal objetivo.
Qué aportan Cristina Kirchner y Sergio Massa
Con PASO o sin PASO, la discusión está abierta. Lo importante es analizar quién cuenta con mejores factores y chances para pelear por el triunfo.
Cristina tiene a su favor el “monopolio emocional” del espacio K -como alguna vez dijo Carlos “Chacho” Álvarez en referencia al expresidente Raúl Alfonsín respecto de la UCR-, el liderazgo intelectual y político y la experiencia de gestión, buena o mala. El ejercicio de mirarse en el espejo de la historia reciente de Lula da Silva le permite especular también con cierta mística militante.
Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa. Discordia por las candidaturas en Entre Ríos.
A su favor también cuenta el haberse convertido, durante años, en el principal factor ordenador de la política nacional. En otras palabras, Cristina encarna como pocos la personalización de la grieta: estar con ella o estar en su contra.
Massa, en tanto, tiene menos elementos para mostrar. Su paso por el Ministerio de Economía y los cuestionados resultados de su gestión tienen más peso que los casi 38 puntos que obtuvo en la primera vuelta y que lo dejaron a las puertas de la Casa Rosada. Es, de los tres, el candidato más afín "al sistema”, que podría dialogar con mayor confianza con “el círculo rojo” y encontrar el oxígeno extra que necesitaría el futuro presidente para encarar un rumbo económico con otro impacto social.
Axel Kicillof, el más competitivo del PJ
Kicillof, en tanto, juega con varios elementos que lo posicionan como el más competitivo de los tres. Por un lado, el atributo de “honestidad”, que quedó consagrado tras las elecciones bonaerenses de septiembre del año pasado y que los análisis posteriores coincidieron en señalar claramente. Este atributo integra el top cinco de las demandas de los argentinos.
Por otro lado, la resolución del conflicto judicial por la reestatización de YPF también lo redimió, en parte, de los cuestionamientos técnicos que recibió tras su paso por el Ministerio de Economía.
Además, cuenta con los instrumentos de poder de la provincia más grande para encarar negociaciones con los jefes territoriales de Buenos Aires y armar una verdadera estructura que lo deposite, favores mediante, en el gobierno nacional.
Sin dudas, la resolución de esta “interna” va a generar nuevos alineamientos, sobre todo en el PJ del interior, que completen el esquema general para recoger votos desde todos los rincones del país.
El espejo de Brasil
De todos modos, el eventual acuerdo no facilitará por sí solo el camino a la Casa Rosada. Tras ese paso, quedará el desafío de interpretar a una sociedad cansada de fracasar, ajustada económicamente, sin perspectivas de futuro, endeudada en gran medida, sin tolerancia y descreída de dirigentes políticos que discuten poder y no la realidad del ciudadano de a pie.
Milei constituyó un mensaje a la dirigencia política. Además de ser el presidente elegido, fue una protesta contra un sistema de poder que la sociedad siente que no le es útil. Y demostró que los alineamientos políticos son coyunturales, tácticos y pragmáticos, y que la sociedad puede cambiarlos cada vez que se lo proponga. Y, si no, que Brasil sirva de muestra.