OPINIÓN

Magnifica Humanitas: la encíclica que pone límites a la inteligencia artificial

La primera encíclica de León XIV plantea límites éticos a la IA y reclama que la innovación tecnológica esté al servicio de la dignidad humana y el bien común.

El pasado 15 de mayo, coincidiendo con el 135° aniversario de la Rerum Novarum de León XIII, el papa firmó su primera encíclica. Presentada el 25 de mayo, lleva por título Magnifica Humanitas, y su subtítulo lo dice todo: sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

No es un tratado técnico sobre algoritmos. Como señala el propio Vaticano, es un documento político, filosófico y social que intenta responder una pregunta urgente: quién controlará las tecnologías que están transformando la vida humana. Consta de una introducción, cinco capítulos y una conclusión, con 245 párrafos y más de cien páginas de reflexión profunda.

Desde la Fundación LiberArte leemos esta encíclica como una brújula. Porque León XIV hace exactamente lo mismo que hizo León XIII en 1891 frente a la Primera Revolución Industrial: no condena la máquina, custodia al hombre.

La tesis central es de una contundencia evangélica:

“La humanidad, con toda su grandeza y sus heridas, jamás debe ser reemplazada ni superada” y advierte que, si la tecnología se convierte en el criterio definitivo, “la persona humana corre el riesgo de quedar reducida a datos, a un engranaje de una máquina o a una mercancía”.

León XIV nos recuerda una verdad que la vorágine de Silicon Valley quiere hacernos olvidar: “La tecnología nunca es neutral, porque asume las características de quienes la idean, la financian y la regulan”.

Y lo dice con una claridad antropológica que debe guiar cualquier desarrollo de IA: “Las llamadas inteligencias artificiales no atraviesan experiencias, no poseen un cuerpo, no sienten alegría ni dolor, no maduran a través de las relaciones”.

No tienen conciencia moral, no saben qué es el amor, el trabajo, la amistad o la responsabilidad. Por eso, no pueden ni deben reemplazar a la persona.

Para ilustrar la IA, León XIV recurre a dos escenas bíblicas. La torre de Babel es una comunidad que se organiza para hacerse un nombre y garantizarse poder, sin lugar para la diferencia. Hoy eso se parece a la IA y los datos concentrados en pocas manos, ya sean empresas o potencias que compiten por dominar la tecnología. Nehemías, en cambio, reconstruye la ciudad con roles distintos y responsabilidad compartida de todos. Llevado a la IA, es una tecnología pensada como bien común: acceso universal a las herramientas y a la educación para usarlas, datos tratados como un bien compartido y no como una mercancía, y decisiones con participación de las comunidades. La elección decisiva no es un sí o un no a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir la convivencia fraterna.

Los valores que León XIV exige a la Inteligencia Artificial

Magnifica Humanitas no rechaza la IA, pero le pone condiciones. Pide que su desarrollo esté guiado por “sabiduría y caridad, de manera que el progreso tecnológico pueda servir a la dignidad de cada persona” y que “la inteligencia artificial debe estar al servicio de la dignidad humana y del bien común”.

Desde la Fundación LiberArte, sintetizamos esos valores en cinco pilares que deben ser el código fuente de toda IA humanista:

  • La centralidad inviolable de la persona humana. La pregunta que nos deja la encíclica es directa y debe estar en cada directorio de empresa tecnológica y en cada ley: ¿la inteligencia artificial hace la vida más humana y digna? Si la respuesta es no, ese desarrollo no debe avanzar.
  • El destino común y el bien común. La innovación no puede ser un privilegio de pocos. La encíclica denuncia las distorsiones que impiden a miles de millones vivir una vida digna y llama a que el bien común guíe la innovación. La IA debe reducir brechas, no profundizarlas.
  • La familia como primera escuela de humanidad. Frente a la hiperconectividad, la manipulación digital y los riesgos para la salud mental, León XIV dedica una atención especial al impacto en niños, adolescentes y jóvenes. La familia es el lugar donde se aprende a distinguir lo verdadero de lo sintético, donde se madura en la relación, algo que ninguna máquina puede enseñar.
  • La solidaridad y el trabajo. El Papa alerta sobre desplazamiento laboral, desinformación y concentración de poder. Conectando con Rerum Novarum, publicada el 15 de mayo de 1891, afirma que el trabajo no es un costo a eliminar, sino la forma en que el hombre participa de la creación. La IA debe potenciar el trabajo humano, no descartarlo.
  • La verdad, la libertad y la paz. El capítulo cuarto de la encíclica está dedicado a verdad, trabajo y libertad. Una IA que manipula, que fabrica deepfakes o que encierra a las personas en burbujas ideológicas atenta contra la libertad. Una IA usada para la guerra autónoma atenta contra la paz.

Una tarea para todos

Esta encíclica, dada a conocer el 25 de mayo como parte de la Doctrina Social de la Iglesia, no es solo para católicos. Es para programadores, legisladores, docentes, empresarios y ciudadanos.

Desde la Fundación LiberArte proponemos asumirla como hoja de ruta en Argentina y en América Latina: exigir auditorías éticas de algoritmos, alfabetización digital centrada en la dignidad, protección específica para la infancia y políticas públicas que pongan a la familia y a la solidaridad por encima de la eficiencia.

Porque, como dijo León XIV al presentar el texto junto a referentes del propio mundo tecnológico, la inteligencia artificial necesita ser “desarmada” de su pretensión de omnipotencia para ser puesta al servicio de la magnífica humanidad.

Ese es nuestro compromiso.

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